Amenazas e incertidumbre
El año 2026 no ha podido arrancar con peores augurios de inestabilidad tras la invasión de EE UU en Venezuela. Las principales consultoras y analistas de todo el mundo coinciden en que la mayor amenaza en 2026 es EE UU. El riesgo de que la política exterior estadounidense se pase de frenada es muy real tras el éxito de su operación en Venezuela, donde no ha encontrado oposición de ningún tipo. Apenas unas declaraciones aisladas de algunos mandatorios, sin efecto alguno ante una violación tan flagrante del derecho internacional. Es una actuación que incluso ha venido a legitimar la intervención de Rusia en Ucrania y una posible invasión y control de China sobre Taiwan, su talón de Aquiles. Mientras tanto, todos los demócratas del mundo estamos atónitos ante lo que puede llegar, que aún si cabe puede ser peor. Nos preguntamos: ¿Dónde está Naciones Unidas, donde está la OTAN y la UE ante las amenazas reales de invasión estadounidense a Groenlandia. De pronto y sin saber cómo hemos llegado a este punto, nos encontramos en el extremo opuesto al orden internacional que se construyó en 1945 para garantizar la paz y la estabilidad en Europa y en el mundo, tras la segunda guerra mundial. El multilateralismo parece haber muerto, naciones unidas parece una ONG con buenas intenciones y la cooperación pacífica y el marco normativo de la UE ha saltado por los aires, ante el imperialismo depredador iniciado por Trump.
No sabemos si los demócratas estadounidenses serán capaces de arrebatarle a Trump la mayoría en las dos cámaras, en las legislativas de este año y si las elecciones que celebrarán en los próximos meses varios países latinoamericanos, conseguirán girar parte de esta deriva, pero parece difícil. La mayoría de los gobiernos de América latina y de Europa están ya en manos de gobiernos de extrema derecha, que están encantados del viejo seguidismo al emperador americano y que campean a sus anchas, arrasando el estado del bienestar y declarando enemigos a todo el que se interpone en sus caminos o intenta frenar sus desmanes. Creo que ha llegado el momento de llamar a las cosas por su nombre e identificar con claridad lo que esta pasado. Este resurgir imperialista y fascista no va a dejar de usar la fuerza militar como instrumento para el dominio de las relaciones diplomáticas y pretende crear un nuevo orden internacional basado en el poder de la fuerza. Que nadie se llame a engaños con discursos trampa como acabar con la inmigración, o las redes de delincuencia internacional. Nos toca más que nunca identificar las bien las amenazas, llamar las cosas por su nombre y resistir y combatir fuertemente estas amenazas desde los sólidos principios democráticos, que son los únicos que nos permitirán vivir en paz y progreso. Hay que dejar de considerar a Trump como un payaso, porque esto ya no tiene gracia. Recordaba la escritora Siri Hustvest que la prensa internacional también consideraba un payaso a Adolf Hitler, hasta que dejó de serlo. Se están cruzando demasiadas líneas rojas en nuestras democracias y no deberíamos permitirlo. Es verdad que como ciudadanos y ciudadanas sentimos impotencia ante hechos que no podemos parar, aunque nos parezcan injustos, pero la solución nunca pude ser mirar para otro lado. Quizás sea el momento donde más rigor democrático debemos exigir y practicar. No vale sólo con el hedonismo que practicamos a diario, fruto de la afortunada buena situación económica de la que paradójicamente disfrutamos.