Sobre la violencia
Viendo al poseso en su sano juicio, los ciudadanos de Gerasa temieron y rogaron a Jesús que se marchara (Mc. V, 1-20) Preferían lo “déjà vu” a la liberación de la violencia. Hay una violencia “objetiva” que se vincula a la estructura social y cultural, congruente con el estado de cosas aceptadas como normales; simbólica, cuando aparece en el lenguaje y otras formas de expresión, y sistémica cuando responde a la estructura del funcionamiento de lo político y económico. Frente a ésta surge la violencia “subjetiva”, que ejerce el sujeto individual o grupal contra la estructura dominante. La violencia es invasión por parte de un ser del espacio que pertenece a otros seres (Gilbert), es no saber detenerse ante el prójimo, traspasar el dominio propio del otro (Steffens); ciega a los demás, para la violencia no hay “otro” (Vasse) ¿Quién es el otro? El otro es siempre una incisión hiriente en nuestra vida, por más que ese otro nos pertenezca estructuralmente. “El Tú —Salm-man— es un don del cielo que me abre nuevos horizontes y me llena con su presencia, es un Otro que me altera, me desafía, me atrapa y me aliena de mí mismo... suave proximidad y desvergonzada irrupción que roza la violencia”.