Otra Semana Santa sin AVE

    29 mar 2026 / 09:39 H.
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    Andan irritados en Málaga por la falta de conexión del AVE en plena Semana Santa, causada por el desprendimiento de tierras en la zona de Álora. Dicen que su economía se resentirá en más de mil millones de euros. Las obras se han retrasado y no se espera que se reanude la alta velocidad en dos meses. Dos meses no, sino dos décadas llevamos escuchando promesas periódicas para conectar la provincia de Jaén con la alta velocidad ferroviaria, y seguimos estando a más de cuatro horas de Madrid. Si en dos meses pierden unos mil millones, en dos décadas faltarían dígitos en la calculadora para cuantificar el destrozo económico que provoca ese retraso en nuestra provincia.

    Es fácil adornar mítines con promesas inviables o cambiar de rumbo cada dos por tres. Cuando nos enfrentamos a grandes retos, es preciso tener claro el camino y que el primer hito sea alcanzable. Si no es así, estaremos continuamente replanteando el proyecto, perdiendo tiempo, discutiendo en la estación de tren y sin ponernos en marcha. Confiad, Jaén tendrá AVE, pero ¿cuándo? ¿Dentro de veinte años? Nuestra economía necesita golpes de efecto que inspiren confianza, y aquellos proyectos cuyo desarrollo se dilata demasiado en el tiempo o requieren inversiones desproporcionadas ni son creíbles ni solucionan el problema económico y demográfico que padecemos.

    La mejora de un tren convencional, con infraestructuras modernizadas y velocidades de hasta 200 kilómetros por hora, permitiría reducir el viaje a Madrid a unas dos horas y media. Esta medida sería más barata y más inmediata, además de conectar también Linares con una parada intermedia. A ello se suma que favorecería el transporte de mercancías por ferrocarril, algo incompatible con la vía de alta velocidad, y especialmente necesario ante las dificultades logísticas de la carretera.

    El resultado de esta propuesta sería desarrollo territorial, sostenibilidad medioambiental y, sobre todo, credibilidad e inmediatez, frente al idílico y utópico AVE. Es preferible un tren rápido a mano que un ave volando. Las promesas que llegan con la brisa electoral ya no suenan igual tras tantos años de incumplimientos. Los oídos se vuelven insensibles y solo se presta atención a aquello que se percibe como alcanzable. Lamentablemente, lo que seguirá funcionando serán las ayudas directas al olivar. Una fórmula eficaz para llegar a miles de electores anclados en una economía de subsistencia, sin exigir cambios estructurales. Ayudas por borrascas, independientemente del daño real; ventajas fiscales como la exclusión del IVA en determinados regímenes o la previsible rebaja de módulos. Pan para hoy y el mismo sistema para mañana. El resultado: otra Semana Santa con aove... y sin AVE.

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