La Pardo Bazán y Pereda
Doña Emilia fue dura sentando en “La cuestión palpitante” que el talento de Pereda, que indudablemente tenía, era limitado, porque “jamás intentó estudiar a fondo los medios civilizados, la vida moderna de las grandes capitales, vida que le es antipática y de la cuál abomina”. Estamos en pleno apogeo del “realismo” y “naturalismo”, movimiento del gusto de la Pardo Bazán, pero al que se suma limitadamente. Zola advirtió en entrevista a La Época que “el naturalismo de esta señora es puramente formal, artístico y literario”. Es claro que el naturalismo va mucho más allá de las simples formas. Contrariado Pereda por la crítica de la Pardo Bazán, reaccionó publicando la aventura de ida y vuelta de un joven cántabro a Madrid, dónde el lugareño pretendía prosperar, donde no prospera, donde le sorprende y contempla la Vicalvarada —el advenimiento del bienio progresista—, y desde donde retorna cabizbajo al terruño, dándose por vencido. La novela transcurre pues en la capital, donde se hallan los medios civilizados de la vida moderna. Y constituye un éxito fulgurante. Así, Clarín publica en la Revista de España (1884) “No será este el mejor libro de Pereda, pero es, con mucho, su mejor novela”.