Nicolás Ruiz: “Mi interés y mi única militancia es la Universidad y la provincia”
El rector de la Universidad de Jaén se muestra crítico con la gestión de la Junta en materia de financiación y, aunque está satisfecho con el prestigio nacional e internacional, lamenta que la falta de fondos reduzca la capacidad de transformación y formación
Aplica la rectitud moral, el valor y la lealtad absoluta del código ético del Bushido en un día a día que, en ocasiones, cuesta afrontar con la mesura intrínseca del cargo. Nicolás Ruiz Reyes (Linares, 1967) entra en el ecuador de su mandato como rector de la Universidad de Jaén con sabor agridulce, entre la satisfacción por los marcadores de una institución cada vez más conocida en todo el mundo y entre la preocupación por los ataques derivados del incumplimiento de la normativa de financiación. Deja claro cuáles son sus verdaderos intereses.
—¿Está la Universidad de Jaén mejor que hace tres años?
—Tenemos una Universidad de la que me siento bastante satisfecho. A pesar de las condiciones de infrafinanciación, la salud es muy buena. Nos preocupaba el descenso de los estudiantes, porque llegamos a estar por debajo de los tres mil alumnos de grado de nuevo ingreso, pero no sólo se ha revertido esa tendencia, sino que estamos ya más cerca de los tres mil quinientos. Además, había desaparecido el espíritu universitario en los campus de Jaén y de Linares y, ahora, vemos que hay felicidad en unos tiempos en los que la cultura del esfuerzo y del sacrificio no está muy arraigada con carácter general. Aprecio también una mayor conexión con el territorio y detecto mayor orgullo y sentimiento de pertenencia. Una prioridad absoluta es hacer cosas que incidan en los pueblos y, sobre todo, el prestigio. La semana pasada vino el vicerrector de Internacionalización de China y algo que le llamó la atención, de forma positiva, es que antes teníamos que presentarnos y, ahora, no, gracias al marchamo de estar entre las ochocientas mejores del mundo en disciplinas que son estratégicas para el futuro de la sociedad, como la Inteligencia Artificial, las energías renovables, la informática, la economía circular... Hemos recobrado la ilusión y la motivación del personal. En cualquier caso, nunca me gusta hablar de proyectos individuales, sino de esfuerzo colectivo y, en este sentido, esa buena salud responde al talento enorme que tenemos en la Universidad, incluidos los estudiantes.
—¿Qué pasa, realmente, con el conflicto de la financiación?
—Lo llevo diciendo desde hace mucho tiempo, quizás como un martillo pilón. Por mucho que se intente distorsionar, la realidad es la que es, más cuando hablamos de datos objetivos. Hay un serio problema de infrafinanciación. Tenemos un modelo, que fue aprobado en 2023 por el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía, y que se incumple año tras año de forma sistemática. Eso nos ha llevado a que, en estos momentos, se les adeuda a las universidades públicas de Andalucía un total de 125 millones de euros, a nosotros, por encima de los 8. Ahora estamos en conversaciones para que abonen casi 22 millones de euros de unos acuerdos con los sindicatos de 2022. Tenemos un agujero, de 2025, de casi 40 millones. Y, en cuanto a 2026, el presupuesto aprobado no llega, nos faltan 62 millones para cumplir lo mínimo que marca el modelo de financiación. Lo mismo paso con la cláusula de salvaguarda. No entramos ya en otros conceptos como un plan de infraestructuras que nos permita renovar y modernizar nuestros campus. Tenemos un serio problema.
—¿No encuentra respuesta a sus reivindicaciones?
—Ahora mismo estamos en conversaciones con el Gobierno andaluz para atender, parcialmente, determinadas reivindicaciones que entienden que son razonables, pero lo que tenemos sobre la mesa no resuelve la deuda de 125 millones. Ojalá haya una solución completa, porque no pedimos más dinero, sino el cumplimiento de un marco legal que no viene de Madrid, sino aprobado por el Consejo de Gobierno por todas las partes. Si no se cumple la norma, difícilmente podemos generar confianza.
—¿Cabe denuncia judicial?
—Sí. No quiero hacer sin explorar todas las opciones de entendimiento, pero el tiempo se agota. Como rector tengo una responsabilidad. La Universidad pertenece al sector público andaluz, pero tiene autonomía, por lo que tenemos que responder de la gestión que realizamos, tanto del gasto como de los ingresos. Si no hay cumplimiento, recurriremos, en primera instancia, a la propia Junta mediante una reclamación con carácter previo a una demanda ante los tribunales.
—¿Qué plazo se marca?
—Vamos a esperar a ver qué pasa esta semana, que considero clave, pero será algo inmediato.
—¿Tiene usted el apoyo de todos los rectores de las universidades andaluzas?
—No a todas las universidades le aprieta el zapato de la misma manera, pero nos afecta a todas. Nosotros tenemos una solución peor, porque estamos en la etapa Villamandos —el actual consejero de Universidad, Investigación e Innovación—, de la que no me siento satisfecho, pero mucho menos de la Velasco —el anterior—. Sí es cierto que una posible demanda está acordada con carácter general. Tampoco es que haya unanimidad, pero sí puedo decir que de los diez, ocho estamos totalmente alineados.
—¿Hay desequilibrio entre las universidades públicas?
—Sí, devienen de la época del modelo Velasco. Me sorprende que el consejero de Universidades, que fue un buen rector en Córdoba, que fue presidente de CRUE, la Conferencia de Rectores de Universidades Españolas, permita desequilibrios.
—Dice José Carlos Gómez Villamandos que a usted le mueven otros intereses...
—Mi militancia es la UJA y Jaén, no desde ahora, sino desde hace muchos años (saca unos recortes de prensa de Diario JAÉN). Esta es una Portada de noviembre de 2011, en la que se me ve en el centro de una pancarta. Yo era vicerrector de Infraestructuras por la Universidad de Jaén, siendo rector Manuel Parras, y demandábamos el futuro del Campus de Linares. ¿Quién gobernaba entonces en Andalucía? El PSOE. Puedo tener muchos errores, pero para mí los valores son importantes, y uno de los que llevo a la práctica es la coherencia. Decir y hacer es lo mismo. Creo que siempre he puesto por delante a la Universidad de Jaén y a nuestra tierra, por encima de cualquier otra consideración, y esto no es plato de buen gusto, porque significa señalarse en una provincia en la que te estigmatizan, pero a mí nunca me ha importado. Lo que me importa es poder levantarme por la mañana, mirarme, reconocerme y acostarme por la noche bien tranquilo. Por lo tanto, el consejero sabe muy bien cuáles son mis intereses. Otra cosa es generar una confrontación absolutamente innecesaria y, además, por parte de alguien que está dentro del gobierno de la Junta de Andalucía. Estoy convencido de que el presidente pensó en él por su experiencia y su conocimiento, que es mucho, porque fue un buen rector defendiendo su Universidad y haciendo que creciera más que otras, lo público, a capa y espada. Todos aplaudimos su nombramiento, cosa que ahora no podemos hacer. Llevo veinticinco años luchando por Jaén, con los gobiernos de Manuel Chaves, de José Antonio Griñán, de Susana Díaz y, ahora, con Juanma Moreno. Me dan igual las siglas y el color, no he militado nunca, no milito ni militaré en ningún partido político. Soy coherente. ¿Cuál es la coherencia del consejero?
—También subraya el consejero que la Universidad de Jaén tiene capacidad de ahorro.
—Es asombroso. El consejero es una persona que conoce muy bien la Universidad, tiene una trayectoria académica brillantísima y él sabe que es totalmente incierto. No sé si lo hará por desconocimiento o porque no quiere decir la verdad. Mi percepción es que está en otras cosas. La Universidad de Jaén, en su etapa, no ha generado ni un euro de ahorro. Es más, en los tres años que lleva de consejero, hemos cerrado todos los ejercicios en déficit, que si lo sumamos desde 2020 a 2025, nos situamos casi en 30 millones acumulado. Esta Universidad ha tenido que hacer frente a la Facultad de Ciencias de la Salud con sus ahorros, porque no ha recibido ni un euro de la Junta de Andalucía. También hemos tenido que atender necesidades estructurales, pagos de nóminas, complementos salariales... con los ahorros, y eso es más peligroso. Estamos por debajo de la barrera de los diez millones y, con un mal año que se prevé, podemos entrar en el riesgo de quedarnos cerca del remanente de tesorería negativo, lo que le ha pasado a Málaga. En este contexto, este rector tendría que plantear un plan de reequilibrio sujeto a lo que disponga la Consejería de Hacienda. No estoy dispuesto. Voy a dar la batalla para que esta Universidad reciba lo que le corresponde por ley. Mi lealtad, que quede muy claro, está con la UJA y con Jaén. Ni me han movido, como me demostrado, ni me mueven otros intereses. Que no confundan lealtad, que tiene que ser de ida y de vuelta, con sumisión ni con servilismo. Esto se tiene que arreglar, sí o sí, porque en ello nos va el instrumento más valioso que tiene nuestra tierra de desarrollo.
—¿Quiere que dimita?
—El presidente de la Junta de Andalucía conoce que el funcionamiento de la Consejería de Universidad no es el esperado. Esto es como los equipos de fútbol, que cuando no funcionan... Lo tenemos claro todos los rectores. ¿Nos vamos todos, como decía José Elías? Habrá que articular mecanismos para entendernos y si los puentes están quebrados, entonces Juanma Moreno tendrá que tomar decisiones.
—¿Peligran los compromisos adquiridos en su programa?
—Evidentemente hay proyectos que, si no se resuelve esta situación, no se podrán realizar. Cuando me presenté a rector ya puse sobre la mesa los problemas de financiación y dije que haría todo lo que estuviera en mi mano para tratar de revertirlos. En el mismo acto de toma de posesión hablé de forma clara, creo que fui el único que lo hice.
—¿Cuál es su posicionamiento con respecto a la creación de universidades privadas?
—No soy un detractor, porque entiendo que puede cumplir sus funciones, pero no podemos confundirlas con chiringuitos. Las universidades, públicas o privadas, tenemos que cumplir las misiones encomendadas por nuestra legislación, como formar a buenos profesionales, generar investigación en la frontera del conocimiento, transferir los resultados al tejido productivo, impulsar la cultura e incidir en el desarrollo territorial. Hay muy pocas que cumplen esas misiones. Ante ellas, chapó. Tienen mi bendición. ¿Cuántas, de las creadas, están en condiciones para cumplir esos objetivos? No me gusta usar el concepto de Universidad porque se desprestigia el término en sí, cuando es una de las últimas instituciones que quedan en España con credibilidad. Si llamamos a un chiringuito Universidad, ya nada es Universidad. Otra cosa es que sean centros de formación. Estamos pervirtiendo y quitándole la esencia a una institución prestigiada, prestigiosa y con una historia superior a los ochocientos años.
—¿Qué tiene que mover a los jiennenses estudiar en los campus de Jaén y Linares?
—Tenemos una gran Universidad, la segunda de España en calidad docente, dicho por los ránkings. Nos preocupamos mucho por la inserción laboral, con una tasa muy por encima de la media andaluza. Es una obsesión para mí generar oportunidades para los jóvenes para afrontar el reto demográfico. Ese es el interés que me mueve, generar un ecosistema de innovación en torno a la seguridad. No quiero hablar del Cetedex.
“Si no hay cumplimiento, recurriremos, en primera instancia, a la propia Junta mediante una reclamación con carácter previo a una demanda judicial”
—Es obligada la pregunta. ¿Qué papel juega la Universidad?
—Bueno, diré lo que pienso. El Cetedex se construirá, está claro, hay dotación presupuestaria, terrenos, compromiso político..., pero es importante establecer el alcance que tiene este proyecto, que es tecnológico y de experimentación, pero la generación de empleo andará por los ciento y pico trabajadores. Eso de dos mil seiscientos puestos de trabajo, piano, piano. Tenemos que ocuparnos y preocuparnos, una responsabilidad que es del Gobierno y, por supuesto, de la Universidad. Hemos estado un tiempo colaborando con Isdefe —Ingeniería de Sistemas para la Defensa de España— con iniciativas que sólo servían para visibilizar, pero nada relevante. Por iniciativa mía, sin ayuda, hemos empezado a realizar proyectos con el INTA —Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial—para generar confianza entre nuestros investigadores para pasar el carril de aceleración y meternos en autovía. El problema es que detecto mucha soledad. Lo importante no es el Cetedex, sino el ecosistema que se pueda generar en torno a él, y en eso somos nosotros los que tenemos que aportar, eso sí es una gran ventana de oportunidades.
—¿Qué hace usted y su equipo por integrar la Universidad de Jaén en la ciudad, tanto en Jaén como en Linares?
—Es una muy buena pregunta, porque una de las cuestiones que teníamos claro es que hay que recuperar la vida en los campus después de la pandemia, pero necesitamos ciudades universitarias, que sean atractivas para los estudiantes y, en ese sentido, tengo que poner en valor algo importante: la posibilidad de implantar nuevos títulos con demanda. Tenemos que atraer a gente de fuera de Jaén e, incluso, de España. Me satisface mucho decir que alrededor del 30% de los estudiantes del Campus de Linares son extranjeros. Soy exigente porque soy autoexigente, dedico mi tiempo a trabajar incluso en mi retiro espiritual de la Sierra de Segura, porque estoy convencido de que lo mejor que le ha pasado a esta tierra es la Universidad, por lo que apostar por la educación superior en Jaén es apostar por el futuro. Tenemos talento y jugamos un papel esencial. Es más importante en Jaén que la Universidad de Sevilla en su provincia, algo que he compartido con mi excolega sevillano y estamos de acuerdo. Tenemos que cambiar la mentalidad y el instrumento para hacerlo es la Universidad de Jaén.
—Los vecinos están en pie de guerra por la instalación de plantas de biogás. ¿Continúa firme su defensa?
—Cuando yo hice un pronunciamiento a favor de las plantas de biogás lo dije porque creo que es bueno apostar por fuentes de energías renovables, pero no se puede hacer a espaldas de la sociedad. Hay que avanzar en esa línea, hay tecnología, pero falta regulación. Hay una desconfianza que considero razonable.
—Hay ocasiones en las que parece usted más un político de la oposición que un rector. ¿Le han hecho alguna oferta política?
—Sí, desde el año 2000 he recibido propuestas de IU, UPyD, Cs, el PSOE y el PP. En todos los casos he dicho que no, porque mi militancia es la Universidad de Jaén. Llevo en esta bendita casa casi treinta y cuatro años y, cuando termine mi etapa de rector, regresaré a mi despacho de catedrático para trabajar con mi grupo de investigación.
—¿Habrá algún cambio en su equipo en medio del mandato?
—En junio entraremos en el tercer año. Estoy muy satisfecho con mi equipo, están integrados y compartimos el proyecto, pero cuando llegue ese momento miraré qué parcelas necesitan un impulso, porque la energía es finita y puede haber desgaste. En mi caso la resiliencia es alta, por lo que lucharé por esta institución y, por supuesto, por el personal, para que pueda hacer carrera dentro. Internamente también aplicaremos medidas de optimización, porque no sólo podemos mirar hacia afuera.
—¿Por qué hace usted referencia al código del Bushido?
—Me formé en aikido en Madrid y lo primero que me pusieron sobre la mesa son los códigos del Bushido samurai, lealtad, sinceridad, autenticidad, honestidad, coherencia, dignidad, honor... Eso me lleva a ser un rector incómodo. Quiero ser ese árbol torcido que tiene vida propia, no ese árbol recto que, al final, termina siendo madera para mantener el mismo sistema de siempre, ese gatopardismo tan propio de Jaén, al que me niego a sostener. Hay que romper moldes.