85 Años: A propósito de la verdad

Manuela Rosa Jaenes, adjunta a la Dirección de Diario JAÉN: “De nada sirve que la sala de máquinas hierva cada tarde si no hay alguien detrás dispuesto a devorar cada página”

18 feb 2026 / 17:00 H.
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La sala de máquinas de un periódico es un laboratorio en el que, cada día, cada hora y cada minuto los periodistas buscan la verdad que hay detrás de una agresión, de un mensaje político, de un accidente, de una denuncia, de una crisis... Quienes nos dedicamos al noble oficio de informar damos forma a las historias, con la actualidad como hilo de conductor, a través de la noticia, el reportaje, la crónica, la entrevista o el género periodístico que, en resumen, permita responder a todas las preguntas necesarias para entender lo que, realmente, tenemos entre manos. Lo hacemos, además, en la edición digital o en la impresa y, aunque haya quienes se obcequen con su firma o con su personal discurso literario, lo cierto es que la verdadera obsesión de un periodista tiene que ser el lector.

Una de las cosas más importantes de mi vida ocurrió cuando tenía seis años. Aprendí a leer en una escuela rural de esta bendita tierra con la misma magia que el cocinero que convierte las legumbres del campo en un plato exquisito. La magia de la lectura está, precisamente, en traducir las palabras en imágenes y viajar con las emociones internas que despierta en cada uno de nosotros la experiencia de cada párrafo. El paso del tiempo me llevó a descubrir escritores con los que disfruté y otros que me ayudaban, sin yo saberlo, a aprender los secretos de contar historias. Tampoco ellos lo saben, nunca lo sabrán, pero gracias a sus desvaríos, a sus hazañas, a sus exploraciones sobre los abismos del ser humano, además de animar mi vocación, me llevaron a la firme convicción de que, aún en las peores circunstancias, vale la pena vivir, porque sin la vida no podríamos leer. Dijo Flaubert que “escribir es una manera de vivir” y, en cierto modo, también lo es para los periodistas, alejados de la fabulación que alimenta la ficción y, sin embargo, apegados a las palabras, a las que hay que amaestrar cuando se vuelven díscolas. También el Periodismo es una forma de vida y quienes tenemos la suerte de ejercer una de las profesiones con más compromiso, y hasta riesgo, del mundo no sólo somos el sujeto activo de nuestra propia libertad de expresión, sino también los depositarios del ejercicio del derecho ajeno a la información. Es una cuestión de convicción de valores, porque hay que creer en el oficio y en el imprescindible papel que jugamos en una sociedad, sin escepticismos, en la que es importante dejar claro que la información es innegociable. Ahora bien, los verdaderos propietarios de la libertad de expresión no somos los periodistas, sino los ciudadanos, porque un periódico como este, con 85 años de historia viva en Jaén, no será nunca de nadie más que de sus lectores.

De nada sirve que la sala de máquinas hierva cada tarde si no hay alguien detrás dispuesto a devorar cada página. Nuestra responsabilidad está, además de en afinar los titulares, en no bajar la guardia, plantar cara al mal uso de las redes sociales, a la manipulación, a la polarización de todo lo que se menea y, como dice nuestro director, ante la duda, que impere el Periodismo. El único libro de estilo que nos tenemos que aprender como el abecedario es el de la defensa de nuestros lectores, que tienen derecho a estar bien informados para entender la realidad y formarse un criterio propio. Cuando incumplimos normas que son básicas, decepcionamos a esos interlocutores cuyo interés debe prevalecer sobre cualquier otro sin alterar, en absoluto, nuestra identidad. En la era de la posverdad, cuando cada vez está más extinguida la línea que separa lo verdadero de lo falso, la profesión se levanta como la bandera de la verdad. El periódico es un servicio y nosotros, los periodistas, estamos convencidos de que, en ese incesante empeño de la credibilidad, el único que puede conseguir nuestra continuidad es usted, nuestro querido y respetado suscriptor, en femenino y en masculino, más en plural que en singular.

Jaén