El obispo de Huelva reclama “esclarecer la verdad” y actuar “con justicia” para evitar tragedias como las de Adamuz
La capital onubense acoge la misa funeral por las víctimas mortales del accidente ferroviario del pasado 18 de enero
El obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, ha señalado en la misa funeral que se ha celebrado este jueves en el Palacio de Deportes Carolina Marín de Huelva por las víctimas mortales del accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba), en el que fallecieron 45 personas, 27 de ellas de la provincia onubense, que la sociedad tiene un “compromiso” con estas familias. La asistencia ha superado las 4.300 personas. “Es necesario esclarecer la verdad de lo ocurrido y actuar con justicia, para que su sacrificio no sea olvidado y para que, en la medida de lo posible, se eviten tragedias semejantes en el futuro”, ha proclamado en su homilía. “El sufrimiento de estas familias --ha continuado-- no va a terminar cuando se apaguen los focos o se acallen las noticias de este luctuoso suceso. Acompañarlas en su duelo y reparar las consecuencias del daño que han recibido será una tarea entera y también a quienes tienen responsabilidades públicas”.
Los presentes se han reunido en el Palacio de Deportes Carolina Marín “con el corazón abatido”, a los que el obispo ha expresado su deseo de “abrazarlos con respeto”, así como les ha trasladado el “pésame” de los asistentes y su “cercanía”. Monseñor Gómez Sierra ha subrayado que “en este momento de dolor, queremos también detenernos para dar gracias. Gracias a quienes acudieron los primeros, a los vecinos de Adamuz, a los equipos de emergencia, sanitarios, fuerzas de seguridad, voluntarios y personal de apoyo”. Un total de 336 familiares de los fallecidos han estado acompañados en la despedida a sus seres queridos por numerosos ciudadanos, así como los Reyes de España, Felipe VI y Letizia; por el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, así como, en representación del Gobierno central, la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, y los ministros de Política Territorial y de Agricultura Pesca y Alimentación, Ángel Víctor Torres y Luis Planas, respectivamente, además de por el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo.
El obispo de Huelva ha oficiado la misa, que ha estado concelebrada por otros tres obispos: el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Javier Argüello; el obispo emérito de Huelva, José Vilaplana; y el obispo de Córdoba, Jesús Fernández. Junto a ellos han concelebrado más de un centenar de sacerdotes diocesanos, procedentes de otras diócesis, entre ellos, el párroco de Adamuz, Rafael Prados. Liliana Sáenz, hija de natividad de la Torre, una de las víctimas de Huelva, ha sido la encargada de leer la primera lectura, del Libro de las Lamentaciones. Gómez Sierra ha subrayado que “la tragedia del accidente ferroviario en Adamuz ha irrumpido en nuestras vidas como un golpe inesperado, dejándonos sumidos en el duelo por las víctimas mortales y con la preocupación por los heridos y los familiares. Y queremos rezar por los que han muerto, para que Dios les conceda el descanso eterno y los abrace en su infinito amor”, ha añadido. Precisamente, tras sus palabras a los familiares, las siguientes del obispo han ido dirigidas a los Reyes, a los que ha dicho: “Majestades, en vuestra presencia reconocemos un gesto de cercanía y solidaridad con las familias de las víctimas y con toda la sociedad de Huelva, Andalucía y de toda España, conmocionada por esta tragedia”, así como también a las demás autoridades y a quienes prestan su servicio a la comunidad, a las que ha agradecido “su presencia en estos días de dolor compartido”. “Estamos aquí porque el sufrimiento humano necesita ser acompañado, y porque creemos que, incluso en la noche más oscura, levantando los ojos a Dios podemos vislumbrar un rayo de luz y de esperanza. La Palabra de Dios no ignora el sufrimiento de su pueblo”, ha expresado antes de referirse al Libro de las Lamentaciones y al pueblo “devastado”, señalando que su lágrimas son también “las lágrimas de quienes han perdido a sus seres queridos; el sentimiento de muchas comunidades cristianas y de la propia sociedad española, que no encuentra explicaciones fáciles ni respuestas rápidas”.