Jaén está a punto de echarse la escopeta al hombro para salir a cazar lo que más le gusta. El 17 de octubre se abre la temporada de caza mayor para el ciervo, gamo, muflón, jabalí y cabra montés. También está abierta la veda de lo que los cazadores llaman la general, que les permite la caza menor de especies como el conejo y la perdiz roja. Una actividad que en la provincia mueve en torno a 200 millones de euros al año, genera 2.000 puestos de trabajo directos, fija población en el medio rural y moviliza, según la Junta de Andalucía, a 894 cotos —282 de caza mayor y 612 de caza menor — que se extienden por 1.238.981 hectáreas de terreno. Los privados suelen ser pequeños, de entre 300 y 500 hectáreas. Los deportivos son enormes. Van de las 5.000 a las 20.000 hectáreas. Vamos a pisar el rastro de la caza en Jaén, donde cada año se realizan unas 280 monterías, 300 ganchos y 200 batidas. Los realeros y la orgánica —empresa o profesional dedicado a la organización de cacerías mayores— ya lo tienen todo preparado. Los cazadores de “arma, perro y bota”, que decía Miguel Delibes, están listos. Los que pagan miles de euros por un puesto que han buscado a través de internet, desde el que disparar con sus escopetas repetidoras último modelo, también. Solo queda dar la orden. ¡Busca!
Una actividad ancestral
Hoy Jaén es “el músculo de la caza en España”, según afirma Juan Antonio Herrera Gallego, delegado provincial de la Federación Andaluza de Caza, pero ha sido territorio cinegético desde la prehistoria. Las pinturas rupestres con escenas de caza localizadas en Despeñaperros, Sierra Sur o Sierra Mágina, declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco, así lo atestiguan. Allí se pueden ver cabras montesas pintadas con sangre, grasa y tierra por los jiennenses de hace 12.000 años para atraer la buena suerte cuando salieran a buscar sus presas. Los múltiples hallazgos que pueden descubrirse en las salas del Museo de Jaén muestran, también, que estamos en tierra de caza. Incluso hay fuentes documentales escritas como el “Libro de la Montería” (1311-1350), primer compendio cinegético en Europa, que describe minuciosamente la diversidad y valor de las piezas que por aquel entonces se podían cobrar en la provincia de Jaén, desde la Sierra de Segura a la de Andújar, de la Sierra Sur a Cazorla, donde, además de venados, en aquel entonces se monteaban osos y lobos.
Jaén visto por el “booking de la caza”
Desde que nuestros ancestros perseguían sus piezas con lanzas, la caza en Jaén ha avanzado que es una barbaridad. Antes se reclutaba a los cazadores por carta o por teléfono, como recuerda Paco Revueltas, guarda rural de caza y gestor cinegético de Valdepeñas de Jaén. Ahora lo hacen a golpe de clic en internet. Los aficionados lo tienen hoy más sencillo que nunca con buscadores como Hunty, que permite filtrar por precio, especie, modalidad y ubicación. Solo en Jaén, en el momento de elaborar este reportaje, había 24 cacerías disponibles. La más barata —rececho selectivo de ciervo en Baños de la Encina o Marmolejo — costaba apenas 800 euros. La más cara —una montería en la finca El Rosalejo, en plena sierra de Andújar, a los pies del emblemático Santuario de la Virgen de la Cabeza, con dos venados y jabalíes libres por montero— salía por 4.200 euros. Pero hay monterías de alto standing, con cátering de lujo y garantía de que el cazador podrá cobrar la pieza que desea, que superan los 6.000 euros. Alemanes e ingleses son asiduos a las monterías “de cierto poder y cierta clase” porque valoran mucho “la densidad de animales y el ecosistema que tenemos”, aunque según Herrera Gallego los que más vienen a cazar a Jaén son los andaluces y también los castellano-manchegos. Si eres de Jaén, lo tienes más sencillo: “Te sacas la tarjeta federativa, tu seguro, pagas la cuota de tu coto y puedes practicar este deporte —añade — por 250-300 euros al año”.
Caza en el 93% del territorio
El caso es que Jaén es el centro de la actividad cinegética de España. La provincia donde más peso tiene esta actividad. Y no es hablar por hablar. Según datos de TurJaén, en el 93% del territorio de la provincia se puede practicar la caza, lo que la posiciona como un punto de referencia a nivel nacional para esta práctica. Además, es la provincia andaluza con una mayor cantidad de superficie cinegética, representado el 14% del total de toda Andalucía. El 13% del total del terreno de la provincia está dedicado a esta labor tradicional. Todos estos hechos “convierten a Jaén en una de las provincias con mayor protagonismo en el ámbito cinegético no solo de España, sino también de Europa”, como señala Ana Mata, delegada territorial de Sostenibilidad y Medio Ambiente. Su riqueza natural, así como su diversidad entre alta montaña, campiña o dehesa, hacen de Jaén la elección favorita para la celebración de cacerías. De hecho, es una de las provincias que más jornadas de caza organiza cada año y que más cazadores recibe cada temporada tanto a nivel nacional como europeo, según estimaciones de la Diputación Provincial de Jaén, que ve la actividad cinegética como una oportunidad a nivel económico, turístico y de generación de empleo. Uno de sus epicentros es Andújar, reconocida como la capitalidad de la montería por su gran tradición cinegética, sus más de 60 cotos de caza mayor y sus 113.000 hectáreas dedicadas a esta actividad en el Parque Natural de la Sierra de Andújar.
Casi 20.000 licencias
La delegada territorial de Sostenibilidad y Medio Ambiente afirma que en la provincia hay 19.281 cazadores con licencia en vigor. De ello, unos 14.500, están federados. Es decir, esta provincia tiene tantos federados como algunas comunidades autónomas. Es el caso de Castilla-La Mancha y Castilla y León, que son 8 veces más grandes que Jaén. Más datos que avalan la fortaleza del músculo cinegético de Jaén: en la provincia hay nada menos que 160 sociedades de cazadores. Y uno más. Aquí hay 11 armas por cada 100 jiennenses, más del doble de la media española, donde hay 5 armas por cada 100 españoles. Según los últimos datos del Ministerio del Interior, las licencias que más se conceden en la provincia de Jaén son las de tipo D y E, relacionadas con la actividad cinegética y tiro deportivo. La primera da permiso para armas largas rayadas para caza mayor, donde hay 12.593 licencias y la segunda para escopetas de caza y tiro deportivo como el tiro al plato, de las que hay 23.849. La pregunta es: ¿seguirá siendo así en el futuro? “Uno de los mayores problemas de la caza es la falta de relevo generacional. Los jóvenes tienen que buscarse la vida en ciudades y pierden la costumbre, pero el chaval que tiene tradición familiar y se queda en su pueblo, la mantiene”, afirma Herrera Gallego. Si hay algo de relevo, es porque las mujeres se están incorporando algo más a la caza, que hasta poco era solo cosa de hombres. Una actividad que la Junta de Andalucía intenta promocionar de forma activa. Por ejemplo, en su presupuesto para 2026 se incluye la bonificación de un 30% de la cuota por emisión de licencia de caza y la exención de su pago a los mayores de 65 años, así como una bonificación del 50% para menores de 18 años y cazadores federados.
Motor económico
Según datos de la Federación Andaluza de Caza, la actividad cinegética es un importante motor económico para la economía nacional. Mueve más de 6.500 millones de euros al año. En Andalucía aporta 1.748 millones de euros anuales al Producto Interior Bruto (PIB), según datos de la Junta, y genera unos 50.000 empleos directos e indirectos. Siete de cada diez de esos contratos se realizan además a personas con estudios primarios, así que los cazadores subrayan su papel para la integración laboral de perfiles con un encaje laboral complejo. Entre otros, da de comer a los cotos, realeros, servicios de catering, orgánicas, armerías, taxidermias, empresas de cuchillería y piel, artistas de caza, adiestradores de perros y granjas cinegéticas. Y también ayuda a salir adelante a otros sectores, como el hostelero. “La caza es un sector de relevancia económica, social y medioambiental en Andalucía y, de manera importante, en Jaén porque es una actividad muy vinculada a nuestra identidad, a nuestras tradiciones, a nuestro ADN”, afirma Ana Mata.
Buenos para la agricultura y el tráfico
“Los cazadores somos los aliados de los agricultores, porque ayudamos a controlar los daños que a veces causa la fauna salvaje”, explica el delegado provincial de la Federación Andaluza de Caza. Conejos que se comen cosechas, jabalíes que remueven los suelos o mordisquean tuberías... “Incluso evitamos accidentes de tráfico porque los pasos naturales de animales generan tramos negros en determinados puntos de la provincia, como entre Cazorla y Peal de Becerro, y nosotros intensificamos los aguardos, las esperas nocturnas para quitar animales de en medio”, explica Herrera Gallego. “La caza permite preservar mantener y conservador nuestro medio rural y natural”, subraya por su parte la delegada territorial de Sostenibilidad y Medio Ambiente. Pero, más allá de sus ventajas y beneficios, la caza es sobre todo, “una forma de vida, una pasión y una vocación”, como afirma Paco Revueltas, que frente a la mercantilización de la caza, “hoy un poco desnaturalizada”, reivindica la caza que mamó, desde los seis años, yendo como morralero con su padre o su tío. “Los mayores tenemos que inculcar a los jóvenes que vienen detrás el verdadero sentido de la caza que no es matar por matar, sino disfrutar del entorno, vivir experiencias en la naturaleza y, si se culmina el lance, disfrutar de la caza en la cocina, porque yo no cazo animales que no vaya a consumir yo, mis amigos o familia”, concluye Revueltas, que se define como una cazador de raza. O, lo que es lo mismo, “uno de esos cazadores que nacemos con la genética predestinada”, en oposición a los que “se hacen” más tarde.