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La erosión del olivar entierra el embalse de Doña Aldonza y provoca la huida del 80% de las aves que vivían en este Paraje Natural

El embalse de doña Aldonza está lleno, pero no de agua, sino de barro. Es un pantano de lodo, como sus dos hermanos, con los que comparte Paraje Natural: Pedro Marín y Puente de la Cerrada, situados en el tramo alto del río Guadalquivir. Construidos en los años 50 y 60, han agotado su vida útil por la colmatación, proceso por el que los sedimentos arrastrados por el agua rellenan un embalse. Dicho con otras palabras: cuando llueve, el agua descompone el suelo de los olivares, desprotegidos de cubierta vegetal y degradados por el uso de herbicidas y pesticidas, y arrastra la tierra hacia la cubeta de las presas. En el caso de Doña Aldonza, pegado a las Ruinas de Úbeda La Vieja, a 17 kilómetros de Úbeda y 21 de Jódar, este proceso culminó en torno a 1985, cuando el pantano quedó aterrado prácticamente en su totalidad como consecuencia de la erosión, a la que luego se sumó una invasión de vegetación provocada por la falta de pastores, rebaños y herbívoros salvajes. ¿Consecuencia? Hoy descansa en paz bajo tierra una infraestructura cuya inauguración llenó páginas de periódicos y que, con su progresiva degradación, ha visto levantar el vuelo a más de 150 especies de aves en busca de parajes más amables. Esta es la historia del ascenso y declive de un entorno natural que en los últimos 40 años ha perdido el 80% de la fauna que habitaba en él y cuya declaración como Paraje Natural es, más que nada ya, papel mojado. O, para ser más exactos, papel enterrado.

Franco inaugura el pantano en 1961 (foto portada Diario Jaén).

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Cuentan las crónicas de la época que Franco inauguró el pantano de Doña Aldonza, que toma su nombre de la ruda labriega imaginada como dama noble por Don Quijote, una luminosa mañana del 20 de abril de 1961. Como Pedro Marín y Puente de la Cerrada, esta presa nació para el riego de las zonas colindantes y para la producción de electricidad. Se trataba de un magnífico salto de más de 22 millones de metros cúbicos, que ponía en movimiento una central que disponía de dos grupos turbo-alternadores de 6.000 kilovatios cada uno y que permitirían una producción media anual de 23,18 millones de kilovatios-hora, según los datos facilitados entonces por la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir. Este organismo afirma hoy que Doña Aldonza, ya “no es un embalse de titularidad estatal, sino una concesión de Endesa Generación”. La empresa eléctrica, en cambio, aclara que su cesión de uso se limita a la instalación eléctrica y que no tiene competencia en la gestión del agua, que sigue siendo cosa de la Confederación. Y la Junta de Andalucía apunta en la misma dirección: “El nivel de la lámina de agua que hay en cada momento depende fundamentalmente de los desembalses que realiza la Confederación y de ellos depende la presencia de mayor o menor diversidad de avifauna”. Y los ecologistas, ¿qué dicen? Que, unos por otros, el pantano sin barrer.

El calamón y sus amigos vienen a visitarnos

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La creación del pantano modificó el ecosistema de la zona con su lámina de agua, de unos 10 metros en la zona más profunda y medio metro en las orillas, y Doña Aldonza se convirtió en un paraíso para las aves. “Hay una fase inicial de la colmatación en la que se forman cañaverales y carrizales que tienen mucha importancia para la avifauna”, explica Javier Moreno, biólogo y gerente de la consultora medioambiental Gecoam. ¿Por qué son importantes? Porque sirven de refugio e incluso de alimentación a algunas especies, como el calamón azul o gallo azul, un ave muy escasa y vulnerable propia de zonas encharcadas. “En los años 70-80, concentró la mayor población mundial de calamón, que estaba en peligro de extinción”, explica Francisco Javier Pulpillo, biólogo experto en ornitología y miembro de la Sociedad Ibérica para el Estudio y la Conservación de los Ecosistemas (Siece). Los pantanos del Alto Guadalquivir se convirtieron, además, en refugio invernal y zona de reproducción estival de importantes especies de patos. Había cercetas comunes, porrones comunes, ánades rabudos, cercetas carretonas, garzas, garcillas, aguiluchos laguneros en reproducción, águila pescadora, martinetes... Así se convirtió en uno de los humedales más importantes de la provincia, llegando a albergar a más de 150 especies de aves.

La erosión del olivar colmata el pantano

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¿Por qué se ha colmatado de barro doña Aldonza? Pulpillo apunta: “La agricultura intensiva del olivar, con determinados tratamientos fitosanitarios, con los suelos desnudos, sin cubierta vegetal, sin padrones ni linderos, hace que el agua de la lluvia se derrame por la superficie de la tierra generando una erosión anormal, de forma que la tierra fluye con el agua. Son cientos de miles de toneladas al año de suelo fértil, que caen por los torrentes a los embalses que poco a poco cambian su lámina de agua por una lámina de lodo, destruyendo su ecosistema”. Y dispara: “Para mí el gran problema es la erosión que tenemos en los campos de cultivo. No se puede sobreexplotar el medio natural a base de químicos. Son suelos a los que se le va la capa fértil y para que sean fértiles de nuevo tienen que echarles abonos químicos, lo que contamina las masas de agua y los acuíferos”.

Paraje Natural, ¿para qué? (Fotografía Esteban Ureña)

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El embalse de Doña Aldonza (301 hectáreas), el embalse Puente de la Cerrada (122) y el embalse de Pedro Marín (240) y los tramos de río comprendidos entre ellos fueron declarados Paraje Natural en 1989. Más tarde, en 2002, se convirtió en una de las 63 Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA) que hay en Andalucía y, en 2016, en una de las 188 Zonas Especiales de Conservación (ZEC) de la comunidad autónoma. Sin embargo, vista su situación actual, tanta declaración ha servido más bien para poco. O, más bien, para nada, según José Luis Sánchez Balsera, socio de Iberian Lynx Land, agencia de viajes especializada en naturaleza. “Fue solo algo sobre el papel. Ahí nunca se hizo nada ni se miró por aquello. Se perdió por la erosión y porque, con las sequías, la vegetación ha ido cerrando y ya no entra agua”, concluye. Francisco Guerrero, catedrático de Ecología la Universidad de Jaén (UJA) y experto en humedales, está de acuerdo: “El problema es que aquello se protegió, quizá por la presencia del calamón, y nunca hasta hoy, se ha invertido un duro en ello, como en todos los humedales de la provincia de Jaén. Hoy día, tal como están, no se protegerían porque ya no hay nada especial que proteger en esos ecosistemas”.

Los pájaros levantan el vuelo

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Pulpillo estima que, en los últimos 40 años, los pantanos de este paraje natural han perdido el 80% de la avifauna que habitaba en ellos. ¿Por qué? “Por la colmatación y porque no encuentran comida. Antiguamente había alfalfa, trigo, otros cultivos que atraían a diferentes especies, como las avefrías, los chorlitos dorados y plateados... Hoy no hay diversidad, sólo olivar, así que la disponibilidad de alimento disminuye muchísimo y ya no una zona propicia para las aves”, explica Francisco Guerrero.

Añade que los pájaros han volado a alguna de las “más de 10.000 balsas de riego asociadas a la locura de regar todo el olivar de Jaén” u otros humedales de la provincia o de Andalucía. Sánchez Balsera pasó su infancia en el embalse de Pedro Marín, contiguo al de Doña Aldonza, aguas abajo, porque su padre trabajaba ahí. Luego, en la época dorada de este Paraje Natural, llevó allí a muchos aficionados a la observación de aves. Pero ahora, si quieren verlas, los tiene que llevar a Doñana o Daimiel. “El último calamón que vi ahí fue fácilmente hace 25 años. Y pequeños mamíferos como la rata de agua creo que no la veo desde niño en el Alto Guadalquivir”, explica. Con la progresiva colmatación del pantano, el carrizo se espesó tanto que ya sólo sirve de dormidero para ciertas especies, como las golondrinas y aviones en verano, y el aguilucho pálido y el aguilucho lagunero, en invierno. “Si no le meten fuego y se mantienen las densidades de carrizo normales, se pueden mantener. También puede que se adapten los pájaros moscones, pero poco más”, apunta Pulpillo.

Donde hubo agua, ¿habrá bosque?

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Doña Aldonza ahora es una masa de tierra húmeda con carrizo. Según Pulpillo, “esto ya no tiene arreglo porque, ¿para qué sacar esos lodos? Es inviable. Se podrían echar de nuevo a los campos de cultivo, pero el tipo de agricultura que tenemos haría que volvieran otra vez al mismo sitio”. Javier Moreno está de acuerdo. Si el grado de colmatación es muy alto, como es el caso, “ya no se puede hacer nada”.

Pulpillo cree que “ahora lo previsible es que empiecen a salir taray, árboles y se formará poco a poco un bosque inaccesible porque la naturaleza a veces busca su camino. En Pedro Marín ya hay un bosquete bastante grande de chopos, taray, almeces... Naturalmente, ha habido una regeneración ahí y es lo que puede pasar a futuro en Doña Aldonza”.

Sánchez Balsera sueña, en cambio, con recuperar al menos alguna parte para que este privilegiado entorno vuelva a ser lo que era. En 2011 presentó un proyecto ante el Grupo de Desarrollo Rural de la Loma y Las Villas para devolver la biodiversidad y la funcionalidad a la Laguna de la Herradura, un meandro del río antes de llegar a la presa de doña Aldonza. Quería limpiar los carrizos para que volviera a haber una lámina de agua que favoreciera el asentamiento de esas aves acuáticas que recordaba de niño. No lo consiguió, pero ahorase plantea retomar la idea.

¿Podría ser reversible?

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Fuentes del sector eléctrico consideran que sacar el barro del pantano es una operación económica y técnicamente inviable, dada su superficie, la dificultad que entraña manipular los lodos y por otro hecho importante: para limpiar un pantano habría que vaciarlo y dejar sin agua para riego a los agricultores durante muchos, muchos meses.

El catedrático de Ecología de la UJA Francisco Guerrero no lo ve, en cambio, imposible: “Hay que actuar. Ya no podemos dejar que la naturaleza evolucione por sí sola. Ya no hay lámina de agua libre, pero puede volver a haberla, porque se ha hecho en los humedales de la provincia de Córdoba. Hay que gastarse dinero, hay que meter maquinaria y sacar esa vegetación cada cierto tiempo”. Y, ¿quién podría sufragar esa inversión? Guerrero sugiere que cuando determinadas empresas actúen en el entorno cercano, poniendo aerogeneradores o construyendo, por ejemplo, una carretera, se les solicite que entre las medidas compensatorias que tienen que contemplar en sus proyectos se incluya la recuperación de este Paraje Natural. “Yo buscaría que limpien esto, porque la Junta no estará muy sobrada de fondos para poder actuar y así, quizá, podríamos tener un punto de interés ornitológico que podría, incluso, tener tirón turístico”, concluye Guerrero.

Endesa Generación, por su parte, considera que de momento solo hay dos formas de intentar paliar la situación, ejecutables sólo cuando la lluvia lo permite. Una es abrir compuertas en momentos de precipitaciones muy abundantes, cuando el caudal del río aumenta mucho y acentúa su capacidad para arrastrar consigo los sedimentos, como ocurrió durante la última semana de enero. Y la otra consiste en realizar desembalses parciales, como los que se hicieron en Doña Aldonza y Pedro Marín en diciembre de 2019, para arrastrar los lodos aguas abajo. ¿Problema? Ambas medidas solo se pueden adoptar cuando la lluvia se muestra generosa, no en tiempos de sequía donde nadie entendería que se desperdiciara ni gota de agua.

Auge y caída de un paraje que fue único

1º Paraíso para el calamón

El embalse de Doña Aldonza concentró, en los años 70-80, la mayor población mundial de calamón, una especie en peligro de extinción.

2º Un señor humedal

La presa y la Laguna de la Herradura se convirtieron en uno de los humedales más importantes de la provincia, llegando a albergar a más de 150 especies de aves.

El olivar anega de lodo el pantano

La erosión provocada por el cultivo intensivo del olivar ha arrastrado la tierra a la cubeta de la presa que poco a poco ha cambiado su lámina de agua por una lámina de lodo, destruyendo el ecosistema.

4º Los animales se van

En los últimos 40 años, la zona ha perdido el 80% de la fauna que vivía allí porque se ha quedado sin lámina de agua y sin comida.

5º El carrizo lo ocupa todo

Con la progresiva colmatación del pantano, el carrizo se espesó tanto que ya sólo sirve de dormidero para unas pocas especies

6º Un Paraje Natural que ha dejado de serlo

Doña Aldonza, Puente de la Cerrada y Pedro Marín fueron declarados Paraje Natural en 1989. En su situación actual, no obtendrían esa protección porque ya no queda casi nada que proteger.

7º El bosque que viene

Limpiar de lodos el pantano es una tarea tan difícil y costosa que lo más probable es que la naturaleza siga su curso y donde estuvo la lámina de agua crezca un bosque.