Lietty Navarro: “Escribir es un acto de supervivencia personal”
La poetisa y médico cubana Lietty Aylet Navarro recogió ayer el galardón que la acredita como flamante ganadora del V Premio Internacional Diario JAÉN de Poesía, tras su proclamación el pasado 6 de mayo en el salón de actos del Instituto Cervantes de Nueva York. De la ciudad que nunca duerme a la capital del Santo Reino, pasando por la sala 85 aniversario de Diario JAÉN. Un lugar cargado de palabras, que acogió un acto repleto de poesía y literatura, conducido por la adjunta a la Dirección Ana Gómez, al que la autora quiso dar las gracias porque “en los tiempos que corren, que un medio de comunicación dedique su esfuerzo, sus recursos y sus páginas a sostener un certamen internacional es un acto de valentía y de compromiso cultural inmenso”.
En su intervención de agradecimiento por el premio, Navarro reconoció que “escribir es, la mayoría de las veces, un acto de búsqueda y de supervivencia emocional”. Cuando supo que Sutura de urgencias había sido premiada, la autora sintió “algo parecido a lo que ocurre en un box de urgencias cuando, tras minutos de tensión y de observar una línea plana, el monitor por fin nos devuelve el ritmo”. Lietty Aylet Navarro afirmó que eligió presentar el libro a este premio por un motivo muy profundo. Para ella, Diario JAÉN representa la voz de un “inmenso mar de olivos”. Y es precisamente a un olivo viejo a lo que le recordaba la piel oscura y curtida del paciente de 82 años que encarna uno de los poemas de su libro, titulado “Geriatría de la raíz”. “Yo, que represento en este libro el movimiento y la migración, necesitaba —dijo— enviar mi manuscrito a la tierra de las raíces más hondas”.
El poemario galardonado este año mezcla, como bien define su autora, “la esfigmomanometría, los hemogramas y la escala de Glasgow con la identidad, el sistema burocrático y el amor”. Sutura de urgencias oscila entre la certidumbre médica de la escritora, en la que “la sangre humana exige el mismo oxígeno y el mismo pulso en Madrid, en Bogotá, en Tokio o en Jaén”, y la realidad que se impone cuando abandona su hospital. Una realidad llena de burocracia, trámites y exámenes de homologación. “Ese contraste entre cuidar la vida en su forma más pura y universal y chocar después contra la frialdad de las fronteras de papel es el motor de este libro”, explicó la poeta en su intervención. De hecho, cuando concurrió al concurso eligió, por ese motivo, el seudónimo de Agnódice, la primera mujer médica de la antigua Atenas que tuvo que ocultar su identidad para ejercer. Como los médicos migrantes, que intentan mimetizarse con los locales para mitigar la presión que soportan.