
Ustedes conocen la Jaén que maravillosamente retrata Machado con sus campos de olivos o la inigualable de Miguel Hernández y sus aceituneros altivos, también la que Muñoz Molina recrea mágica con sus escritos de Sierra Mágina, la misteriosa de Juan Eslava Galán y sus seudónimos o la que canta Panaceite, la de los versos populares pueblo a pueblo. Pero hay otra Jaén a miles de kilómetros, que merece la pena conocer. Es también una encrucijada de caminos, puerta de entrada y salida de gentes y mercancías.























































