
Por favor, no la echen. Bastante tiene con malvivir donde lo hace, en un cementerio. Con esa silenciosa compañía de los muertos y sus flores de plástico malvive Cristina Montes Leiva, 25 años, sola en la vida, un vidón de vida. Sin dinero, sin familia, con la carga infinita de haber sido violada durante años por su padrastro. No ha elegido la soledad, se la ha impuesto la puñetera vida.
























