El cielo y el agua parecieron fundirse ayer en un mismo paisaje desde el mirador de la presa de Siles. A los pies, el embalse reflejaba los montes de la Sierra de Segura mientras la tarde comenzó a perder su luz habitual cuando el reloj marcó las once y cuarto. Allí, con el horizonte serrano como telón de fondo, la Luna fue ocultando poco a poco el Sol hasta cubrir cerca del 97% de su disco en el momento de máxima ocultación, dejando una fina corona de luz suspendida sobre la sierra.
El eclipse convirtió este rincón en un escenario excepcional. La claridad se apagó progresivamente y el paisaje adquirió una tonalidad crepuscular rozando las ocho y media de la tarde, mientras el agua permanecía en calma bajo un cielo cada vez más oscuro. El silencio se hizo más evidente, como si el entorno entero contuviera la respiración ante el fenómeno astronómico más importante del año. Al otro lado del embalse, Cañada del Señor, una pequeña aldea de Siles que en verano recupera el bullicio con sus nueve familias y que el resto del año apenas mantiene una.
El mirador reunió a numerosos curiosos. Entre ellos se encontraban visitantes llegados desde Barcelona, Valencia y Castellón, familias y descendientes de quienes un día dejaron estas tierras y que estos días regresan al lugar de sus antepasados. Para ellos, el eclipse fue también una forma distinta de reencontrarse con un paisaje ligado a sus raíces. Durante unos minutos, la sierra pareció detenerse para mirar al cielo, mientras la presa de Siles hizo de espejo de un espectáculo que convirtió la tarde del 12 de agosto en un recuerdo difícil de olvidar.