Tal y como publicó este periódico hace diecisiete años, el 12 de septiembre de 2009, José María Manzanares salió a hombros de la plaza de toros de Andújar, en el mismo escenario en el que vio torear por primera vez a su padre después de cortar dos orejas y rabo a su primero. Una tarde para recordar en los anales del centenario coso, donde también torearon Morante de la Puebla y Sebastián Castella. Morante de la Puebla, nuevo en torear en la plaza iliturgitana, dio una gran lección de torería muy completa, de cómo hay que estar en un ruedo ante un toro, tanto con los pies como con la cabeza. A su primero lo recibió con unos bellos lances a la verónica. A su segundo lo lanceó a la verónica de una forma difícil de superar. Y es que supo sujetar muy bien la embestida del toro, que demostró una gran movilidad por su parte. La faena la realizó en el centro de la plaza, matador y animal se fueron lejos para desarrollar una magnífica faena de dos tantas con la derecha y dos de naturales.
El matador francés Sebastián Castella, nuevo también en torear en la plaza de Andújar, recibió al primero con unos ajustados lances. La suerte de banderillas fue excepcional, en la que fueron aplaudidos su cuadrilla plata. De su faena, hubo que destacar unos bellísimos pases con la mano baja, con la que encerró al animal para que no mirase las tablas. Respecto a su segundo, destacaron unas chicuelinas que le hicieron llegar a una faena muy completa en la que le dio siempre sitio y tiempo al burel. El tercer y último matador, José María Manzanares salió a hombros en el mismo escenario que en junio del año 1968 vio a su padre vestir de luces por primera vez. Su actuación estuvo marcada por buenas tandas de naturales y con la derecha en la que demostró sentimiento y profundidad, especialmente, a su segundo toro, en el que le bajó la mano. Acciones por las que fueron vitoreados por el público que llenó más de la mitad del aforo de la plaza de toros de Andújar.