Tal día como hoy en 2006 publicábamos: Las granjas de pollos de Jaén ponen barreras a la gripe

Los empresarios tomaron medidas contundentes para evitar la expansión de esta enfermedad

02 mar 2026 / 09:07 H.
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Tal y como publicó este periódico hace veinte años, el 2 de marzo de 2006, los criadores de pollo alzan la voz para garantizar, con total rigurosidad, la calidad y la seguridad del producto. Las granjas se encuentran perfectamente protegidas contra cualquier animal, mamífero, roedor o ave, que intente penetrar. Eso significa que no hay forma de que los pollos entren en contacto con las especies migratorias que pudieran traer consigo el virus H5N1. Antonio Arenas gestionaba, con su mujer, Manuela Caño, una de las granjas más importantes de la provincia, ubicada en la pedanía alcaudetense de La Bobadilla. Con treinta y dos mil pollos, aseguraba que, como él, todos los criadores profesionales han hecho ingentes inversiones en modernizar las instalaciones con la idea de convertirlas en auténticos bunkers contra cualquier “enemigo” externo.

“Tenemos un trabajo de vigilancia las veinticuatro horas del día. Unos controles sanitarios muy grandes. No sale pollo alguno sin que un veterinario haya dado su visto bueno para el consumo. Además, analizan muestras del pienso y, aleatoriamente, a los animales antes de matarlos. Igualmente, al mercado llegan con sellos de identidad español en las etiquetas, lo que garantiza la calidad de la compra”, explicaba Arenas. Hace once años, cuando comenzó con la actividad profesional, recuerda que había menos controles que en la actualidad. Por eso, ahora es consciente de que el único problema para el sector sería la “inquietud social” y la consiguiente disminución del mercado. Igualmente, su mujer da otra clave del mínimo riesgo que existe en Jaén de sufrir la gripe aviaria: “La gente que tiene aves de corral en su casa se encuentran en una situación radicalmente opuesta a la de los países más afectados por la enfermedad, incluso entre las personas. Aquí no se come un animal con síntomas de estar enfermo y, sobre todo, no se duerme ni se tiene un contacto excesivo con ellos”, concretaba Manuela Caño.

Y es que, sin humedales próximos a las granjas y con unas instalaciones profesionales cerradas a cal y canto al contacto con aves migratorias, el único frente abierto está en los corrales. No obstante, fuentes del sector aseguran que los vecinos que tienen gallinas para su “autoconsumo” no son demasiados y que, además, también tienen la “inquietud de llamar a los veterinarios para garantizar el estado de los animales”. Por aquel entonces, el mercado de los pollos no se había resentido, aunque el sector estaba temeroso.

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