Tal y como publicó este periódico hace veintitrés años, el 28 de agosto de 2003, pregonero de Linares... ¡Eso suena a copla!”. Tan bien le sonó a Raphael el título que, instantes después, ya desde el balcón del Ayuntamiento y en el transcurso de su pregón, el cantante lanzaba una oferta a la ciudad: “¿por qué no un certamen musical Raphael?”. Y es que, el “Niño de Linares” volvió a su tierra y a sus “paisanos” para transmitirles a las puertas de la Feria de San Agustín sus ganas de seguir siendo feliz. En ese proyecto vital, Raphael contempló una relación más estrecha con su tierra de la que, como dijo en su pregón, “se me llevaron”. Aún así, volvió a ella en numerosas ocasiones y, ahora, superados ya sus problemas de salud, “cuando paso Despeñaperros rejuvenezco porque lo más importante para mí es ser profeta en mi tierra”. Un lugar en el que, “un día no muy lejano” prometió pasar “largas temporadas” y donde “beberé de la Fuente del Pisar y entraré en las tabernas a comer las famosas tapas”. Su mirada a Linares vino cargada de referencias del pasado y de asombro por el presente. De orgullo por formar parte de un grupo de artistas como Andrés Segovia, Curro Vázquez, Carmen Linares o Fanny Rubio y también de alegría al comprobar que la ciudad “se ha subido al tren del progreso y seguro que no se va a bajar de él”. El artista sabía lo que era coger ese tren que conducía al éxito, especialmente en ese momento, cuando esperaba la aparición de su nuevo disco para el mes de octubre, el disco que más feliz le hizo porque pensaba que no habría más. El nuevo Raphael vestía de blanco, pero cuando abría la boca, aunque no fuese para cantar, aparecía su arrolladora y particular personalidad. Minutos antes del pregón, ante decenas de periodistas, se mostró amable e incisivo, enamorado de su profesión, de su familia y de sus amigos. En pocas palabras: “La vida es maravillosa”, resumió. Los linarenses también seguían enamorados de él. Sus “queridos paisanos”, como se dirigió a ellos, consiguieron llenar la Plaza del Ayuntamiento como nunca antes habían hecho para asistir a un pregón. “Mucho me temo que tendréis que soportarme durante mucho tiempo”, les dijo. Y después, se hizo la luz en la feria.