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Tal día como hoy, en 1996, publicábamos: Esteban Ramírez emociona a Siles en el arranque de sus fiestas de San Roque

15-08-2026 / 16:56

El acto multitudinario celebró también la coronación de las reinas de las fiestas de San Roque en la plaza del Agua

Tal y como publicó este periódico hace treinta años, el 15 de agosto de 1996, en torno a su pregón y a su persona, la de Estaban Ramírez, Presidente del Consejo de Administración de DIARIO JAÉN, S. A. giraron los actos celebrados en Siles, su municipio de adopción, que le tributó el pasado martes un reconocimiento multitudinario. La plaza del Agua, espacio donde transcurrió el acto, se encontraba a rebosar cuando Manuel Anguita, el primer orador de la tardé, salió a escena. El escritor, al que une una amistad de hierro con el pregonero, tuvo a bien ser breve. Elogió a la concurrencia y mostró su alegría por dirigirse a los sueños en un lugar tan aliado con la belleza. Y punto. Dicho esto dejó la palabra a José Ángel Cifuentes, alcalde de Siles, que saludó a los residentes y extremó su abrazo con los emigrantes, aquellos que un día salieron de Siles en busca de pan y ahora, por las fiestas de San Roque, retornaron en busca quizás de la felicidad perdida. Pero “fuera tristezas”, ordenó el alcalde, quien abogó porque llegara el entusiasmo a las gentes para que el disfrute no tenga obstáculos en días tan señalados. Después aludió al pregonero, situado unos metros a su espalda, para agradecerle la consideración de haber aceptado hablar a los sileños. Llegó el turno entonces de Juan Espejo, Adjunto a la Dirección de este periódico, que ofició de maestro de ceremonias. Juan Espejo dio paso a la imposición de bandas a la reina de las fiestas y sus dos damas de honor. La reina del pasado año, Belinda Chinchilla, cedió el cetro a Raquel Gallego Martínez, nueva monarca de la belleza. Le acompañaron en el estrado sus dos damas de gracia: Anta Elizabeth Martínez López y Sandra Martínez López. En categoría infantil fue investida reina Soledad de Molinas Llanas, y damas Inma Garrido y Virginia Teruel. Su alevina alteza dio lectura a un sencillo escrito en el que mostraba su contento por haber sido elegida reina “en representación de todas las niñas de Siles”. Tras la minúscula disertación, Juan Espejo volvió a tomar la palabra. Inició un apunte de cualidades humanas del pregonero, engrosado después por Manuel Anguita, quien calificó a Esteban Ramírez “como un sociólogo, un estudioso, un hombre donde los demás vamos a aprender”. El escritor recordó a la concurrencia lo que Siles debe a Esteban Ramírez, especialmente en el campo de la educación, pues creó e impulsó en la comarca un centro de estudios de progreso en plena dictadura. Y llegó por fin el turno a Esteban Ramírez. El pregonero quiso iniciarlo con una alusión a los ausentes. Después presentó su saludo a todos los presentes, a Siles, por permitirle ejercer “ésta tan relevante función de pregonero” en las fiestas de San Roque. Para Esteban Ramírez pregonar en Siles supone, según dijo, dar rienda suelta a la emotividad y el sentimiento “sin ficciones ni cortapisas”, supuso, además, “la evocación de una estremecida experiencia participante de quien durante años, alegre y orgullosamente, vivió en Siles y se reclamó de Siles”. Los recuerdos, emparentados con los parajes del municipio, centraron la siguiente parte de su pregón: “Sileño es quien alguna vez se bañó en el río de Los Molinos; quien bebió agua en la fuente Cascajo, el Chorrillo o la fuente Salivas; quien jugó en la cueva de Santa Quiteria, en la Glorieta o en las eras de San Roque; quien ha mirado y remirado el Cubo, la iglesia, la Tercia, la plaza del Agua, la plaza de la Verdura, la Malena, el Cerrillo, el Carrascal”. Esteban Ramírez, desglosadas las añoranzas monumentales, abrió paso a las festivas y culinarias, que también desde el corazón e incluso desde el estómago se alcanzó gustosamente el pasado. Así, dijo, que al sileño “no resulta extraño ni los huevos de pascua, ni las tortas dormidas, ni las vaca de San Roque, ni sus encierros, ni las luminarias de San Antón, Santa Lucía o San Blas, ni los guízcanos, ni el ajoatao, niel gorrino de San Antón de puerta en puerta, ni mil cosas más que para su simple enumeración necesitaríamos de un tiempo que ahora no tenemos”. Y es que, según explicó Esteban Ramírez, “pregonaren Siles constituye una incursión, una peregrinaje hacia las más apabullantes de las bellezas, la insospechada y nunca bien descrita belleza unos parajes, de un entorno que embarga el ánimo de todo aquel que anhele futuro y trascendencia, ilusión y felicidad”. Aquí puntualizó que las bellezas de Siles no son un tópico manido, si bien matizó que quizás sean el tópico gigante que todo lo cubre, que todo lo explica porque envuelven “esa otra gran belleza de índole distinta y de signo superior: la permanentemente olvidada belleza de una cultura, la rica cultura de los sileños”. Sobre esta idea central giró otra parte importante de su pregón: “Siles es un pueblo cargado de cultura, un pueblo culto en el sentido más riguroso del término”. Y se explicó: “La cultura de Siles es una cultura de años, de muchos años, destilada gota a gota como alambique de trabajo. La gente de Siles es gente trabajadora. La cultura de Siles tiene su crisol en la honradez que emana espontáneamente de todo colectivo laborioso. La buena gente de Siles recoge a diario la belleza de su entorno transformándola en solidaridad”. Acto seguido descubrió las claves íntimas del encanto de esta villa: “La inenarrable belleza de Siles está en su gente”.