Recuerdos del fútbol tosiriano... y de su césped natural

15 jun 2021 / 11:53 H.
Ver comentarios

Juan Ortega Anguita, profesor.

Recuerdo aquellas tardes de los años 60, cuando mi padre, Niceto, aficionado al fútbol, seguidor del Real Madrid y de su Torredonjimeno, todas las tardes de un domingo, uno sí y otro no, me guiaba cogido de su mano y entrábamos a aquel vetusto Matías Prats, donde en la zona de “General” solo había un gran y pendiente “cellajo” sin asientos. Los banquillos, por debajo del ras del campo, aquel campo de albero, eso sí, de lo mejor que por entonces había. Si no me falla la memoria, en algunas ocasiones traído de Sevilla y Córdoba, del drenaje de nuestro río Guadalquivir.

En aquellos tiempos, en muchos de los días de fútbol, en la época de Luis “el Coco”, Pablín, Paquito Pérez, Rufino, Alfredo, Juanito Estrella, Villalobos y Bueno Jurado —entre otros— se jugaban, incluso, dos partidos. Uno por la mañana, Copa del Gobernador, y otro por la tarde, de la Regional Preferente (que tenía un nivel muy superior al de la Segunda B actual). Para los niños de aquellos años, el subir al Matías Prats, el del albero, era todo un espectáculo. Además de ver jugar al equipo de nuestro pueblo, un verdadero equipazo, nuestros padres nos compraban las pipas de rigor, las “cerolas”, los madroños, las avellanas, las majoletas... todo un mundo, vamos.

Nunca se me podrá olvidar el verano de 1967. Mis padres y yo estábamos en Damazan (Lot-et-Garonne, 47, Francia). Como era natural, solíamos estar conectados a Radio Nacional. En una de las intervenciones del locutor oímos que en las semifinales de la Copa de España de Aficionados se enfrentarían el FC Barcelona contra el Athletic Club y Real Madrid contra el Torredonjimeno. Aún se me encoge el estómago y se me ponen los vellos de punta...

No tuve la suerte de poder jugar en el equipo de mi pueblo, pero sí lo disfrutábamos con el “gran” Manolito Ureña, en los años 70, a lo largo de tantas clases de Educación Física del Instituto Técnico Laboral de entonces, hoy IES Santo Reino.

A partir de 1979, tras las primeras elecciones municipales, el Partido Comunista de España en Torredonjimeno, Miguel Anguita Peragón, ya alcalde, se propuso y grabó un objetivo en su programa electoral: plantar el césped natural y dejar el albero de antaño si el equipo ascendía a categoría nacional. Pasaban las temporadas, las elecciones y el equipo, por hache o por be, no salía de la Regional Preferente. Tuvo que llegar un entrenador de la casa (Paco Montijano), con futbolistas de la casa y con refuerzos de fuera para que, por fin, en el verano de la temporada 1997-98 se consiguiera el ansiado ascenso a Tercera División... una locura. Todo el pueblo, literalmente, echado a la calle y celebrando el cumplimiento de una de las promesas más costosas (en el tiempo) y gustosas. Por fin se pusieron sobre la mesa los 18 millones de pesetas que en el presupuesto municipal de tantos años se habían contabilizado. Todo ello con la esperanza de cambiar el color amarillo claro por otro verde alfombra, como el de ahora.

A ninguno de los aficionados se nos olvidará el primer gol conseguido por Lázaro (30 de agosto de 1998) ante el Vélez Málaga. Primer partido en verde, en Tercera y con entrenador y futbolistas de la cantera tosiriana. Por mucho que queramos, ese duende ya no volverá a pulular por nuestro campo... porque, mira tú por donde, sin llamarse ya Toxiria, ni Tosiria ni Torredonjimeno CF, llegó el PSOE y en el programa electoral de las municipales de 2019, insertó, literalmente: “Acondicionamiento del césped del Matías Prats para un mayor uso por parte del deporte tosiriano”. Todo el mundo creía, incluidos nosotros, que sería para mejorar el césped natural e implantar rollos nuevos y poner más a punto uno de los “templos” del fútbol de Andalucía, en comparación a sus habitantes. Como anécdota histórica, sin que sirva de precedente, el actual entrenador nacional, Luis Enrique, decidió entrenar en nuestro campo, en una fase de ascenso del Barça B contra el Real Jaén... por algo sería.

Hay una cuestión que quiero resaltar, y si hay que hacerlo entonando el mea culpa, pues se hace. Ni los equipos de Gobierno, ni los padres y madres de los niños y niñas de todas las categorías inferiores, hemos planteado, con la fuerza debida, que esos amantes del fútbol tosiriano pudieran pisar, correr y jugar en esa alfombra. Puede que todos hayamos tenido nuestra responsabilidad de no plantear algo positivo, pero mucho más reivindicativo, y haber antepuesto el uso y “pisoteo” al exceso de cuidado. Cuidado que se convertía, a veces, tan rígido que ni siquiera se podía entrar con cualquier tipo de calzado por la aparición de los malditos hongos. En definitiva, por regla general, ese césped tan verde del Matías Prats (esperemos que el nombre del estadio se mantenga) y, la mayoría de las veces, tan bien cuidado, como aficionado y comprometido siempre, en el fútbol de mi pueblo, no me perdonaré que las niñas y los niños no lo hayan disfrutado como les hubiera correspondido. En este contexto, solo me voy a hacer un pregunta: ¿qué pasaría si alguna vez, nuestro equipo, subiera a una categoría en la que fuera de obligado cumplimiento jugar en césped natural? Lo digo por eso del medio ambiente y tal, que luego se nos llena la boca de tanto reciclar plástico...

Por último, y este fue uno de nuestros argumentos para votar en contra en pleno, hay que decir que en plena pandemia estimamos que el equipo de Gobierno de Torredonjimeno, en connivencia con el PP y la Diputación Provincial (se ejecutará con Planes Provinciales) no deberían acometer algo superfluo, inmoral y aberrante, gastando 300.000 euros de dinero público, en un capricho sin sentido. Total, para mí un derroche indecente. R.I.P. césped natural del Matías Prats de Torredonjimeno.

Provincia