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Palabras que engrandecen el corazón. Las vivencias en los pequeños pueblos siempre dejan una huella imborrable, algo que quedó reflejado en el emotivo pregón de las Fiestas de la Juventud del municipio de Villardompardo. En esta ocasión, el responsable de dar el pistoletazo de salida a las jornadas festivas fue el antiguo párroco del municipio y actual deán de la Catedral de Jaén, Francisco Juan Martínez Rojas, quien, desde el balcón del Ayuntamiento, hizo un viaje por su pasado y puso en valor la riqueza de las gentes que mantienen vivo al pueblo.
Con emoción, alegría y nostalgia, Martínez Rojas recordó su experiencia como párroco de Villardompardo hace ya casi 31 años. Sin embargo, el paso del tiempo no le hizo olvidar una etapa de felicidad: “Mi corazón vuelve a un lugar que nunca dejó de ser mío. Este pueblo dejó la huella del cariño, tanto dado como recibido, de compartir la vida, trabajar con esfuerzo y sufrir unos con otros”. Fue el párroco de los vecinos desde 1991 hasta 1995, pero, a pesar de ser solo cuatro años en el calendario, recordó ese tiempo por las conversaciones, celebraciones, preocupaciones compartidas, momentos difíciles y buenas personas: “Regreso y descubro que recuerdo a sus gentes, sus calles, cómo las recorría con los niños, las procesiones, la iglesia y las celebraciones”.
Sin embargo, no pudo dejar pasar la oportunidad de dedicar unas palabras a todas aquellas personas que ya no están, pero que fueron esenciales para Villardompardo y para el propio pregonero durante su estancia en el pueblo. Esenciales porque fueron partícipes de fortalecer los lazos vecinales: “La comunidad no solo se construye alrededor de unas fiestas, sino cuando los vecinos se conocen y se preocupan unos por otros. Eso es algo que llevo conmigo y muy dentro de mí”. Y es que, a pesar de los cambios sucedidos en las tres últimas décadas, el cariño por el municipio permanece con la misma intensidad. Finalmente, el pregón estuvo acompañado por el posterior desfile de gigantes y cabezudos que continuaron la jornada festiva.
Las valoraciones de los vecinos sobre las celebraciones reflejan la devoción y el entusiasmo con los que se viven estas fechas en el municipio: por un lado, Eloísa Ramírez Juan destacó que “el pregón ha sido magnífico. Además, se ha expresado con muchísimo sentimiento. Todas sus vivencias calan en las personas”, mientras que Josefina Martínez Retamero expresó su arraigo señalando que “me encantan las fiestas del pueblo, porque creo que son muy familiares. Todos los años venimos para poder disfrutar”. Por su parte, María Jesús Anguita García enfatiza la vivacidad de los festejos al afirmar que “son fiestas que se viven con mucha intensidad. A los mayores nos gusta irnos de cena y la música. Siempre salgo a bailar”, en consonancia con María del Carmen Rísquez Cámara, quien añade que “cada día somos más mayores, pero nunca dejamos de disfrutar de este ambiente. Son días para salir con los seres queridos”. Finalmente, aportando una perspectiva histórica sobre el origen de la tradición, Manuel Armenteros Alcalá recuerda que “las Fiestas de la Juventud iniciaron en 1968 con el párroco Antonio Mendoza. Después la mantuvimos hasta el día de hoy”.