Lugares singulares, únicos, maravillosos y fresquitos: Caño del Aguadero, historia y vida de siempre

Fuente que daba agua al ganado trashumante en la confluencia de Bedmar, Huelma y Albanchez de Mágina

27 ago 2025 / 19:30 H.
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Estamos en el Caño del Aguadero, una fuente de agua más que fría que mana a 1.800 metros de altitud, casi en las cumbres de Sierra Mágina. Tiene tres niveles en horizontal y no deja de brotar sea el tiempo que sea, a su lado una vía pecuaria por la que transitaba el ganado y saciaba su sed en este abrevadero de la cañada real que también lleva por nombre Caño del Aguadero. Aguas y juncos tumbados y junto a los juncos, bosque a jirones de tierra por la altura y el viento, amén de media docena de álamos negros que conquistan el cielo y proveen de sombra fresca a los senderistas. Es verano intenso y no hay nadie, sí que las ovejas siguen danzando en busca de lo que se puedan llevar a la boca por estas cumbres maginerosas de paisaje estepario. Hubo un tiempo sin carreteras ni asfalto, de caminos revueltos para las diligencias y la caballería. Comunicaban los pueblos del Norte con los del Sur y el Este con el Oeste. Con Jaén como encrucijada de caminos y con una economía rural de excelencia ganadera. Eran los lejanos tiempos de vigor de la Mesta, asociación de ganaderos creada por Alfonso X El Sabio (año 1273) y, a la par que esas carreteras de antaño, se crearon por toda la piel de toro que es España, cañadas, cordeles, veredas y coladas, vías pecuarias de nervio trashumante. Por orden del Honrado Concejo de la Mesta en su recorrido había descansaderos, majadas para el ganado y abrevaderos, de obligado; era cuando se vivía del campo. El Caño del Aguadero permanece hoy día como un rincón del pasado que no quiere dejar de ser futuro. Y presente, porque cañada y majada en el olvido, permanece inalterable como cobijo del sapo partero, ejemplar único en las sierras orientales de Jaén. Es muy pequeñito y se aparea fuera del agua, al contrario que sus hermanas ranas. Es el macho quien porta en su espalda las larvas para luego depositarlas charca a charca en un periplo sin fin que da continuidad a la especie. La Jaén única.




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