Los jóvenes son los que más sufren la precariedad laboral
El mercado de empleo español destaca por fuertes desequilibrios
Jaime Aja, investigador en fenómenos laborales y docente, es el encargado de dirigir, durante esta semana, el curso sobre “Precarización, clase y poder: respuestas a la precariedad”, donde se analiza este fenómeno en la sociedad española y sus principales consecuencias desde diferentes ámbitos.
Aja señala como principal causante de esta situación de precariedad a la crisis que se produjo en 2008, esta “crisis ha agravado una situación, que ya antes existía: la precariedad. La cual afecta especialmente a los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes, y que dificulta la inserción laboral y el conseguir un trabajo digno y con derechos”, explica.
DIFICULTADES. El mercado laboral español destaca por sufrir bastantes desequilibrios y fuertes contradicciones. Además, la mujer se incorporó al trabajo de una forma muy tardía y en los 80 hubo una reconversión industria y agrícola, que afectó a Andalucía, y que dejó un paro estructural muy fuerte. Esto se traduce en la creación de una serie de dinámicas de empleo donde las personas más jóvenes sufren muchas dificultades para lograr una inserción laboral. Además, Jaime Aja destaca: “Nos encontramos con que los jóvenes, hasta los 30 o 35 años, es difícil que se estabilicen y encuentren un trabajo estable y con derechos”.
Hay tres sectores especialmente afectados por las consecuencias de la precariedad laboral: los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes, en términos de mayor vulnerabilidad laboral, menos derechos y menos salarios. “La mujer, en general, tiene menos derechos (tanto en nuestro país, como en el resto) y tienen menos salario que los varones. Además, los varones que se están incorporando ahora al sector servicios o a la agricultura están expulsando totalmente a las mujeres”, esclarece este investigador.
Las consecuencias producidas por esta situación son variadas. Por un lado, se empieza a naturalizar y a asumir esta precariedad como algo permanente. Además, hay miedo a reclamar los derechos y se considera que incluso en empleos donde se trabaja sin cobrar son normales. Esto rebaja las expectativas con respecto a los derechos que deben ser concedidos.