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Juan Fernández: “Lograron echarme por donde meten al ganado en el matadero”

10-08-2026 / 17:02

El que fue máximo dirigente municipal de la segunda ciudad más poblada de la provincia reflexiona sobre el indulto parcial que le libra de entrar en prisión y, como es habitual, habla sin cortapisas del proceso judicial que, en el Tribunal Supremo, le condena a cárcel e inhabilitación

Su perfil de político cercano, con carisma de empatía por el paisano y el paisanaje, mantuvo a Juan Fernández Gutiérrez (Linares, 1960) con el bastón de alcalde de su ciudad en la mano durante veinte años. Reivindicativo y con los filtros justos en su particular oratoria, fue habitual ver su imagen detrás de las pancartas que, dentro y fuera de la provincia, exhibieron los problemas que arrastró el cierre de la única fábrica de automovilismo de Andalucía: Santana. El “calvario” judicial que atraviesa en los últimos años, con condena incluida por malversación de caudales públicos, hace parada en un indulto parcial que le libra de entrar en prisión y le mantiene alejado de lo orgánico y de la gestión.

—¿Qué le dice Fernández el indultado al Sánchez que indulta?

—Le agradezco que haya cumplido con su deber, que fue el mensaje que yo, a través de alguien, mandé al ministro. Respetar la decisión de un jurado popular creo que es lo correcto.

—¿A través de quién?

—Un buen amigo que se llama Juan Espadas, una buena persona que pone lo humano por delante de lo político.

—¿Cree en el sistema judicial?

—No. No me parece bien que haya tendencias políticas en los tribunales, que el sistema no sea capaz de rebobinar y que, sobre una mentira inicial, se edifiquen otras más y ya no tenga solución, porque eso te lleva al patíbulo.

—El TSJA rebajó la condena de cuatro a tres años de prisión. ¿Por qué cree que nadie tuvo en cuenta su línea de defensa, basada en los informes de Intervención, Secretaría y el Tribunal de Cuentas?

—Ese es uno de los motivos por los que no creo en el sistema judicial, porque aquí va cada uno a su bola. Me han juzgado por dos sitios, por la vía penal y por un tribunal de Cuentas cuya conclusión cambia por completo mi caso y certifica que no me tenían que haber juzgado por lo penal, porque modifica la cantidad que dicen que yo cobré indebidamente, que no fue así porque me lo pagó el PSOE y, además, no eran fondos públicos. Eso lo interpretó una jueza que no tenía ni idea y que consiguió el fin de echarme por donde meten al ganado en el matadero, y luego el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía reduce un año porque admite que el juicio en la Audiencia Provincial está mal hecho.

—¿Por qué?

—Porque está mal formulado el objeto de veredicto. El problema es que, en lugar de repetir el juicio o absolverme, siguieron adelante. La persona que me firmaba a mí para cobrar no tuvo el mismo trato ante la Justicia y anda que no sabía bien de economía por el cargo que tenía, porque me refiero a la diputada provincial de Hacienda, Pilar Parra. Luego llegó al Tribunal Superior de Justicia y me rebajaron la pena. Pero es que después, en el Tribunal Supremo, les digo que hay un informe del Tribunal de Cuentas y no lo tienen en cuenta, es que ni responden, porque son supremos ellos. Eso sí, hay cuatro o cinco de derechas y otros tres o cuatro de izquierdas, por lo tanto, ganan siempre los juicios que tengan los de derechas contra los de izquierdas. Por eso no creo en la justicia, porque a veces quienes tienen las togas tienen las mangas muy anchas y son muy puñeteras. Hay jueces que son sabios y otros no, a lo mejor tienen que pasar los psicotécnicos todo el mundo.

—¿Por qué cobraba usted todos los meses un cheque al portador del PSOE municipal?

—Porque fue un acuerdo que adoptamos para que yo pudiera sufragar los gastos que me ocasionaban mis viajes a Sevilla, al Comité Director, a Madrid... Se propuso esa cantidad y se aprobó. Mi error fue no tener un acta de aquello. Estábamos en una mesa gente del partido y concejales y no tomé esa precaución. A la inmensa mayoría de quienes estaban allí, el noventa y nueve por ciento, la compraron con prebendas laborales para que dijeran que no sabían nada, y están colocados en distintas empresas o en la propia Diputación. Esas cosas pasan en política y lo hacen los de izquierdas y los de derechas, y los extremos más, porque son más fundamentalistas.

—¿Le autorizó el partido en el ámbito provincial?

—Lo sabían todo y, además, ellos tendrían sus acuerdos. La agrupación de Linares gozaba de autonomía, ni pedíamos ni dábamos. Fue el partido el que me denunció, no el Ayuntamiento, que fue el que pidió mi indulto. El interventor y el secretario, como máximos fedatarios públicos, son los que atestiguaron en el Tribunal de Cuentas y en el Juzgado de Instrucción. Yo tengo ese informe al que nadie le ha hecho caso, porque es como un gran elefante que te pisotea y ya nadie se acuerda de ti porque te has quedado hecho una lámina.

—Reza en la sentencia que el dinero procedía del Ayuntamiento, no del Partido Socialista...

—Los ayuntamientos hacen aportaciones a todos los partidos políticos y nosotros justificamos el dinero que recibíamos, de ahí la liquidación aprobada en pleno. Ya está. Por lo tanto, los fondos son de un partido, se empeñe una jueza, que no tiene ni idea de ciertas cosas, pero son jueces, y eso es lo que fastidia, que un juez no tiene por qué saber de todo y debe escuchar. Yo aporté documentos que decían que esto mismo, en otros ayuntamientos, se había considerado como fondos privados de un partido. Para mantener la gran injusticia, el dinero que me robó esa jueza injustamente, en mi opinión, se lo han dado al Ayuntamiento, ni siquiera al PSOE. Pero es que, claro, si se lo devuelven al PSOE tendrían que admitir que el dinero no era público y una transgresión de la legalidad y un avasallamiento que cometieron conmigo. Esa es la verdadera razón.

—¿Sabe que sus acusaciones contra la instrucción pueden tener consecuencias judiciales?

—Estoy deseando, de hecho, es lo que necesito, porque yo digo que fue una mala práctica profesional, que fue parcial su actuación y que no aplicaron la ley como debían. Si piensan que sí, que me demanden y nos metemos en otra. No lo harán.

—¿Fue consciente alguna vez de que aquel acuerdo para sus dietas y gastos de movilidad podía costarle su carrera?

—Qué va, ni mucho menos. Mi actitud reivindicativa para defender y ponerme al lado de mi pueblo contra mis siglas, o bajar a Sevilla con veinte autobuses para decirle embustera a Susana Díaz porque no cumplió con el Plan Linares Futuro, o irme a dormir con los sindicatos un mes a la Consejería de Trabajo para pedir unas pensiones que llevaban tres años sin terminar de confirmar y afianzar... Ante eso pensaba que me echarían de mi partido, pero querían desacreditarme, entre otras cosas porque a Paco Reyes ya le habían dicho que Juan Fernández podía ser un buen presidente de la Diputación, y a Pilar Parra la puse en el número ocho y, después, ni la puse yo ni quien vino y se presentó por Larva después de traicionar a su pueblo. Yo eso no lo iba a hacer en mi vida, traicionar a mi pueblo, y me lo hicieron pagar determinadas personas. Otras no. Yo ahora mismo estoy agradecido a la actual dirección del PSOE, al secretario general en Linares, Javier Perales, y a Juan Latorre en Jaén. ¿Por qué? Porque han cortado esa injusticia que se estaba produciendo, de alguna manera han tomado partido. Y al equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Linares, con Auxi del Olmo al frente, tengo que agradecerle que haya puesto lo humano por delante de lo divino, y al PP como organización política también tengo que agradecerles, incluso al presidente provincial, lo mismo, aunque luego haya alguien en Sevilla que no entienda ciertas cosas y no se den cuenta que son las agrupaciones locales las que los ponen ahí.

—¿Se refiere a Carolina España?

—Sí, yo le recomendaría que se informara antes de hablar de las cosas, y que si un pueblo entero, una federación de vecinos, el propio jurado, miles de firmas y los partidos mayoritarios piden un indulto será por algo.

—También la nueva Ejecutiva del Partido Socialista...

—Sí, porque al final los partidos son un tanto sectarios. Tampoco quiero generalizar, pero es que habitualmente se producen comportamientos gregarios, arrimarse al que manda, todas estas cosas que nos pasan a los mamíferos bípedos cuando formamos colectivos y cuando se nos ve lo peor de nuestras entrañas. A quien te paga la nómina es al que defiendes, desgraciadamente. Yo no lo hice y me enfrenté a mis jefes.

—Dijo que Susana Díaz fue a por usted. ¿Lo mantiene?

—Sí, fue la que pidió mi cabeza, y encantado Paco Reyes y Pilar Parra. Yo fui a comunicar esto a Santos Cerdán, a José Luis Ábalos y a Francisco Salazar, vaya cuadrilla, y me dijeron que habían pedido mi cabeza desde Sevilla y que no se podían enfrentar porque había unas relaciones muy difíciles, frágiles y tensas.

—Pero tuvo colaboradores necesarios. ¿No es así?

—Claro, el secretario general provincial y la diputada por Linares que, por cierto, puse yo y donde lleva dieciséis años. Esa es la verdad, no lo puedo ocultar, lo mismo que puedo decir que esto no tiene nada que ver con el PSOE, porque son las personas las que dignifican o indignifican a los colectivos y las siglas. Para mí los partidos son sagrados, se constituyen fundacionalmente con unos principios que son la base de la democracia, que es la libertad de elección. Luego hay personas a las que hay que nombrar con nombres y apellidos, como la gente que confabuló contra mí. De hecho, en su periódico se publicó algún artículo de opinión de mi denunciante confeso, que si lo hubiera dicho todo en un juicio no me hubiera hecho tanto daño ni a mi madre, ni a mis hijas, ni a mi familia ni a la gente que me aprecia. Si hubiera dicho la verdad... Pero es que lo compraron diciéndole que iba a ser el futuro alcalde.

<i>Juan Fernández Gutiérrez. / Jason Moyano / Diario JAÉN. </i>

—Se refiere a Daniel Campos...

—Sí, a ese personaje.

—¿Qué le dice a unos y a otros?

—Que espero formar parte de sus peores pesadillas el resto de sus vidas. No puedo evitar guardarles rencor porque han hecho mucho daño a mi familia y eso es para mí, sencillamente, imperdonable. Espero que les ocurra lo mismo que han procurado para los demás. Eso es lo que tengo que decirles. Por cierto, que no se han salido con la suya, que lo único que me han quitado del medio es de la política.

—¿Dónde está aquel equipo que le acompañaba como alcalde y que no se le ve en la foto?

—Trabajando para la Diputación, ellos o familiares.

—¿Cómo es su actual relación con el PSOE?

—No he dejado de tener relación con militantes y gente de la calle, de hecho, muchos se vinieron conmigo a Linares Primero. Ahora bien, mi relación es distante con los que estaban en aquella Ejecutiva, porque yo pensaba que me echaban del PSOE y ya está, pero hacerme daño... Las cabezas fueron las cabezas. Así de sencillo. Si he pecado de algo ha sido de defender a mi pueblo a ultranza. Yo podría haber sido como cualquier otro político, haberme ido a la Diputación, al Congreso o al Senado, no complicarme la vida, no ser reivindicativo, no bajar a San Telmo para quejarme del cierre de la única fábrica de automóviles de Andalucía, con la connivencia de los sindicatos que, al final, no hicieron nada...

—¿Qué tiene que decirle al pueblo de Linares, que tanto le apoyó para fue fuera alcalde durante veinte años?

—Me ha salvado el pueblo, como Fuenteovejuna, un tribunal popular, los vecinos, los ciudadanos, los partidos, muchos colectivos de toda índole... Sé que me han devuelto la lucha por mi pueblo. Luego habrá gente que pensará que soy un chorizo, de hecho, las redes sociales han dicho que los linarenses son tontos por apoyarme tantos años, pero eso lo dicen quienes no creen en la democracia, se saltan los principios más básicos de los derechos humanos y no respetan al prójimo. Los saludos atentamente con mi dedo corazón mirando al cielo.

—¿Cree que Linares se puede reponer, algún día, del declive industrial que usted vivió?

—Es sumamente difícil, porque las economías se configuran en una vorágine que potencia los grandes núcleos de población. Nos han machacado con el ferrocarril y con el Puerto Seco, que propiciaron el de Antequera. Siempre hemos dicho que Jaén era de paso y no lo hemos aprovechado, porque ha habido gente que se ha dedicado a tener aguas tranquilas y no se han batido el cobre atendiendo las directrices de sus jefes políticos, regionales o nacionales. Al final, quien te paga la nómina o te mantiene en el puesto es el que manda y tú eres un monigote, y eso es lo que no ha sido Juan Fernández. Me gustaría que se cortaran los hilos de todas las marionetas y funcionaran de forma autónoma, pero esto no tiene arreglo, ni los unos ni los otros, un efecto dominó pernicioso para la sociedad.

—¿Cómo le mira la gente?

—Yo suelo decir que vengan y se paseen conmigo, por ejemplo, desde el Ayuntamiento hasta el Paseo. Recibo un cariño desde siempre y, ahora, mucho más. Me he tirado dos días contestando mensajes, además de las llamadas. Eso es lo que más me llena y lo que me vale, el reconocimiento de mis logros anteriores y de mis padecimientos. Siento esa compasión del daño que me han hecho, porque, en general, la gente sabe que lo que me ha pasado ha sido por ponerme del lado de ellos. No ha habido una manifestación en la que no haya estado. Hay un vídeo de la visita a San Telmo en la que estoy dando la cara. ¿Sabe usted quién me denunció? Daniel Campos, que estaba escondido allí dentro, como parlamentario por Linares, otro esclavo, otro lacayo de la faraona —Susana Díaz—. Estaba cobrando un dineral y, sin embargo, fueron contra mí porque como alcalde, que cobraba 2.100 euros, tenía que pagar de mi sueldo todos los gastos. Es tan injusto que sólo puedo sentir repulsa de hasta dónde puede llegar la condición humana.

—Admitir el indulto conlleva acatar una sentencia que le condena. ¿Es así?

—Claro, sí, porque lo que hacen es que te reducen a dos años para no entrar en prisión y la inhabilitación, que es lo que perseguían, porque yo era un político que no convenía a los políticos. Procuro ser modesto, pero es que ganaba todas las elecciones, pero es que tenía que dormir tranquilo defendiendo a mi pueblo, que es lo que prometí cuando tomé posesión como alcalde. Los demás no lo hacen, aunque hay gente que sí, lo que pasa es que yo no me he callado.

—¿La rebaja de la condena repara el daño?

—Qué va. Ya se guardan ellos de dar resoluciones absolutas, siempre son parciales, porque si el indulto fuera completo yo podría demandar. No obstante, lo haré por una razón: porque está el informe del Tribunal de Cuentas. Tengo que recuperar el dinero que me robó una jueza. Lo digo así de claro.

—Habla de robar cuando, en realidad, es que tuvo que devolverlo por sentencia judicial.

—Sí, hace siete años me lo quitaron de mis cuentas, 125.000 euros. Y, sin embargo, el Tribunal de Cuentas dice que solamente se me puede pedir 41.000, lo que lo cambia todo, pero está así el sistema judicial español, que habrá avanzado mucho desde la Edad Media, pero a veces somos tercermundistas, porque cada uno va por su lado y no se pueden ni ver ni unos ni otros y yo estoy en medio. ¿Quién me restituye el daño?

—¿Termina la batalla judicial?

—No, no, no. Seguiré peleando e, incluso, me gustaría que me denunciaran quienes me denunciaron, porque sacaríamos a flote las injusticias de mi proceso judicial.

—Usted no puede ejercer la política por sentencia judicial. ¿A qué se dedicará?

—Estoy jubilado desde hace un año y medio y me dedico a recoger espárragos, a viajar, al campo y a ejercer como abuelo.

—Acostumbraba a llevar un viejo mapa de Linares con el trazo de sus proyectos como alcalde socialista. ¿Qué fue de aquel mapa, qué hizo y qué le quedó por hacer?

—Hice bastante, las radiales, el cinturón sur... Sin embargo, lo que me faltó fue la reindustrialización de Santana para gestionarlo nosotros directamente, no a través de la Junta de Andalucía. También, en el aspecto cultural, una mina visitable, además de dar a Cástulo lo que merece. Me quitaron dos proyectos de los que nadie habla, porque lo hicieron perder los del PSOE y los del PP dijeron amén porque se los llevó Málaga: el Centro de Protección de Infraestructuras Críticas y el Puerto Seco.

—¿Ese es su legado?

—Sí, por donde vayas en Linares está mi huella, lo que me satisface enormemente. La gente ha visto que lo menos malo era yo, algo que dije en alguna campaña electoral. No lo digo por hablar de forma gratuita, de hecho soy el alcalde que más tiempo ha estado, desde 1912, por elección democrática.

—¿Usted se considera un ejemplo de servidor público?

—No pretendo serlo, pero si los ejemplos se fundamentan en una estadística de logros, sí me jacto de haber convertido a Linares de un pueblo a una ciudad, porque teníamos la crisis de todo el mundo y la nuestra interna: Santana. Alegró mucho que la cogiera la Junta de Andalucía, pero todos sabemos que una empresa pública nunca es rentable, porque la Administración va a sumergir una actividad empresarial que no es compatible con la dinámica pública. Eso se fue al carajo y, cuando vieron que aquello era un saco roto, convencieron a quien tuvieron que convencer para que se jubilaran y cerrarla. La única compañía de automoción de Andalucía, qué listos.

—¿Alguien le ha pedido perdón?

—No. Conozco a los mamíferos bípedos, más por lo gestual que por lo verbal puedo entender una disculpa, pero me quedo con la alegría de la gente. Habrá gente que me odie, pero recibo mucho cariño, por lo que el principio y el final de esta entrevista quiero que sea de agradecimiento a los linarenses, que me han amparado con el indulto y con el cariño en la calle.

—¿Cree que usted tiene que pedir perdón a alguien?

—A mi familia, por entregarme a la familia comunal y local.

—Terminamos. ¿Tiene tranquila su conciencia?

—Siempre la tuve, porque no he hecho nada, he gestionado mil millones de euros en todo mi plazo político y jamás ha faltado un céntimo en ningún sitio.