VÍDEO
Bajo la ermita de la Virgen de la Cabeza de Cazorla, encumbrada allá en el cielo y con pinos señoriales en su manto de piedra, apostamos la cámara para seguir un acontecimiento único y excepcional, no irrepetible porque sucede de siglo en siglo, un eclipse solar. Bajo nosotros, una parte de la ciudad y, a lo lejos, el valle del río Guadalquivir. Llega el eclipse cuando deja atrás la silueta del cordal montañoso de Sierra Mágina (19:41 horas, puntual, exacto) y el castillo de La Yedra, a nuestra izquierda, se ensombrece al igual que toda Cazorla. Lentamente, muy lentamente, la luna le va quitando protagonismo al astro rey hasta que llega el punto álgido y el sol en forma de tajada de melón se convierte en cuna. No ha llegado el eclipse solar a esta comarca más que al 97 por ciento y se percibe en ese extraño fenómeno de sol a la izquierda y en un pispás, sol solamente abajo. Hemos pasado con la boca abierta de un eclipse a un atardecer con el sol de luna. Inenarrable.