Echar las raíces en Francia
María Josefa Ojeda Plaza es natural de La Iruela, pero lleva desde joven afincada allende los Pirineos
Cuando llegó hace 45 años no sabía ni una palabra de Francés. Hoy, cuando tiene 64, tiene la lengua de Molière tan presente que al hablar español se le escapa “pour” en lugar de “para”. María Josefa Ojeda Plaza es natural de Los Arroyos de Plaza, una cortijada del término de La Iruela. Vivía en la aldea de El Palomar, desde donde pasó a Peal de Becerro,
¿Cómo llegó al país transpirenaico? Fue después de casarse con su marido, Javier Moreno Amores, quien es de Cazorla. El joven matrimonio se afincó en una población del norte, situada cerca de la frontera con Luxemburgo y Alemania. Sin embargo, desde hace ya mucho tiempo, ambos residen con sus hijas en Bollène, un pueblo del sur situado entre Orange y Aviñón. “No había salido jamás de España. Lo más lejos que había ido era de Burunchel a Cazorla a Peal de Becerro y, alguna vez, a Úbeda”, recuerda. Una de las cuestiones que más le costó fue aprender el idioma. “Ponía la tele y no entendía nada. Lo mismo pasaba al ir a comprar o al médico”, prosigue. Sin embargo, a base de leer y “asociarse” con los franceses lo consiguió.
Durante su etapa laboral, Ojeda trabajó en el campo —cogiendo fruta o en la vendimia—, en tareas de limpieza y en la crianza de sus cuatro hijas, que no es poco. Su marido lo hacía como montador de muebles. Uno de los motivos de moverse hacia el sur era estar más cerca de Francia y disfrutar de un clima más mediterráneo.
La existencia de la pareja es apacible, en pleno campo. “Incluso el confinamiento lo pasamos en libertad. Esto no es igual que vivir en un piso”, afirma la irolense, quien destaca lo agradable que es tener cerca a animales como su perro, Narco, y aves, como patos, con los prepara magré, foie gras y otras exquisiteces. Parte de su ocio se ocupa en el huerto. Se siente adaptada a la vida de Francia. Admite que se nota muchísimo la inflación. “Todo ha subido muchísimo”, afirma.
El clima es “medio medio”, es decir que en invierno el frío no suele apretar, pero los veranos si pueden resultar tórridos, incluso con temperaturas por encima de cuarenta grados. Las lluvias son irregularidades, incluso con periodos estivales de sequía, aunque, sobre todo en otoño, pueden caer trombas. Sin embargo, el volumen de precipitación no es muy superior al de las zonas más húmedas de Jaén.
Bollène tiene alrededor de 14.000 habitantes y se caracteriza por su tranquilidad. Aunque históricamente se encuentra en el área de habla provenzal, de hecho el nombre occitano es Bouleno. En cuanto a la economía, en la agricultura sobresale el viñedo, a lo que se suma un área logística, una presa hidroeléctrica, un parque eólico y un espacio nuclear. El principal monumento es la colegiata de San Martín, de origen medieval.
María Josefa Ojeda resalta que suele hacer comidas al estilo español, por ejemplo unas gachamigas, un cocido o unas lentejas con chorizo. Actualmente, la familia se dispone a vivir la Navidad, que tiene elementos comunes y diferentes. Lo habitual es contar con Papa Noël, los regalos y las cenas. Una de las comidas típicas es el tronco de Navidad, un postre con frutas de todo tipo. En Nochebuena la tradición es poner doce frutos secos diferentes. En Nochevieja no se comen las uvas, pero no faltan el baile y la alegría.
La pareja se siente muy a gusto en Francia, ya que, a pesar de las turbulencias económicas que afectan a todo el mundo y a lo altos que son los impuestos, es una nación donde, en general, se vive bien. Una de las cuestiones que más llena a los cónyuges es disfrutar de los tres nietos, a los que están muy unidos.