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Día de júbilo por San Juan en Lahiguera

El copatrón procesiona por las calles en una espléndida tarde
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  • SOLEMNE. Mujeres y hombres de Lahiguera portaron sobre sus hombros las andas de San Juan.
    SOLEMNE. Mujeres y hombres de Lahiguera portaron sobre sus hombros las andas de San Juan.

Una de las devociones más con mayor calado en los habitantes de Lahiguera, San Juan Bautista, procesionó con esplendor en la tarde-noche del 24 de junio, jornada de su onomástica festiva.

La feria y fiestas en honor al copatrón higuerense comenzaron el sábado 15 de junio, con el pregón en honor del sagrado titular. La oratoria, cargada de sentimientos y emoción, estuvo a cargo de Francisco Pérez, un vecino de la ciudad, quien fuera impulsor de la Asociación Musical “Ortega y Cortés”, banda de música local. Pérez, en su verso y prosa, puso el acento en su banda debido a que ha sido su director durante más de 30 años. Poco antes del acto en el Ayuntamiento, la formación ofreció un pasacalles.

Una vez comenzado el fin de semana previo a la festividad de San Juan, la feria inundó de alegría los corazones de los higuerenses, así como su múltiples actividades y actos, que cada año componen el programa de la celebración. Ya en la jornada del lunes 24 de junio, vecinos y visitantes se agolpaban a las puertas de la parroquia de Nuestra Señora de la Consolación, para presenciar la salida del venerado San Juan Bautista. La imagen, portada sobre los hombros de mujeres y hombres, recorrió numerosas calles del municipio con un recorrido novedoso que dejó estampas para el recuerdo. El cortejo procesional precedía al paso del copatrón, trono que iba exornado con flores blancas. Tras la sagrada talla, concluían el desfile procesional la nueva Corporación municipal, encabezada por la alcaldesa, Francisca Paula Calero, y el párroco, Juan Rubio. El acompañamiento musical, con marchas populares cofrades, estuvo a cargo de Asociación Musical, “Ortega y Cortés”. Con las estrellas como testigos y el repique de júbilo de las campanas del templo, San Juan Bautista regresaba a su parroquia. Una vez llegada la media noche, un magnífico castillo de fuegos artificiales y el popular “Toro de la Risa”, ponían punto y final a la feria de la ciudad.