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El comienzo más esperado de todo el año para todos los castellariegos, especialmente, pero también para los amantes del toro y los encierros en los municipios de El Condado e incluso de otras comarcas jiennenses. Así se puede calificar la primera suelta de reses que tuvo lugar en la mañana de ayer en Castellar.
Aunque, sin ninguna duda, este pistoletazo de salida a las Fiestas en Honor a Nuestra Señora de la Consolación se recordará por una gran novedad: la entrada de las reses por la Plaza de la Constitución, para posteriormente girar a la estrecha calle Don Mendo de Benavides y pasar por la calle San Benito, donde se ubica el recinto cercado de los encierros, antes de llegar al Coso Taurino de San Benito. Eran muchas las personas que se agolparon en la barrera para ver ese elegante y bonito giro de las reses de la ganadería carolinense de Benito García Chicano. Ya una vez que las reses superaron esa mencionada vía, entraron a gran velocidad por la calle San Benito antes acceder a los toriles de la plaza. Acto seguido, los numerosos caballos del encierro hicieron un pasillo elegante por el albero de la plaza para recibir el aplauso del respetable. Una vez que salieron, ya los muchos presentes estaban esperando dentro del recinto cercado a que saliera el novillo que protagonizaría el primer encierro de las fiestas. Salió con mucha energía y fuerza subiendo la calle hacia arriba. En un extremo del recinto, el astado se quedó parado ante los mozos y, también, los directores de lidia que agitaban sus capotes para que el novillo se moviera. Permanecía mucho tiempo quieto, pero cuando decidía correr, lo hacía con mucha fuerza, embistiendo no solamente los hierros de las barreras, sino también las puertas de los domicilios de las casas o cocheras, pero en menor medida.
Poco a poco, el novillo corría hacia abajo ante las carreras de los mozos y las personas que se apresuraban para meterse en las barreras, pero hay quienes no les quedaba mayor opción que colgarse de los hierros de las ventanas de los domicilios cercanos. No solamente había numerosas personas a pie de calle, también en los balcones, donde las sombrillas eran protagonistas para resguardarse del intenso calor que apretaba a partir del mediodía. Sin duda, una buena manera de comenzar los encierros y, en general, las fiestas.
La afición y el arraigo en torno a los encierros quedan patentes en los testimonios de los asistentes: por un lado, Genaro Gregorio Guillén manifestó que “vivo los encierros con mucha ilusión. Además, veo a gente que lleva sin venir muchos años y eso me da una enorme alegría”, en consonancia con Julián López García, quien explicó que “los padres de mi pareja son de aquí y todos los años venimos. Nos encontramos con familiares que no vemos todo el año”. En esa misma línea, Alfonso Martínez Montoro destacó que “es una tradición muy bonita y voy a los encierros de otros municipios. Este año no puedo correr, pero estoy aquí para disfrutar”, mientras que Antonio Jiménez González resaltó la proyección del evento al afirmar que “son días de mucha diversión. Los encierros son una gran tradición y vienen muchos aficionados al toro de otros lugares”. Por último, Amador Soriano Roa compartió su experiencia tras presenciar el festejo expresando que “me gusta la entrada de las reses por aquí. Es la primera vez que lo veo, pero también muchos castellariegos”.