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Aunque la noche pintaba de gala para que todo fuera jolgorio y jarana, Benedicto Martínez, el encargado de pronunciar el pregón de las fiestas de la Virgen de Fátima y San Francisco Javier en Río Madera, tuvo al inicio de su intervención un recuerdo para todos aquellos vecinos que ya no están, y que como no podría ser de otra forma, se les echará de menos en las alturas de las cumbres segureñas. “Bene, eres un grande”, reaccionó el público ante el recuerdo, ovacionando con aplausos el “in memoriam” improvisado del pregonero, quien pronto cambió de registro para que la melancolía no se adueñara de la noche festiva.
“Como antes no había televisión, la gente se acostaba pronto, así que los que son de mi edad, casi todos somos familia numerosa”, comenzó explicando sus orígenes, entre risas de sus convecinos. Rindió homenaje a sus padres que “se apretaban el cinturón” por lo duro de la vida, y recordó cómo desde pequeños había que “arrimar el hombro” para sacar adelante a la familia. Pero el amor de su padre por la música se tradujo en un regalo que aún conserva: un acordeón. El instrumento le sirvió a “Titín”, —como lo llaman sus amigos—, para “hacer a mucha gente feliz”, por ello confesó ante los suyos que los recuerdos de horas y horas ejecutando el acordeón “no le pesan” en la memoria.
“Me siento satisfecho por haber colaborado en hacer el mundo un poco más feliz”, aseveró, volviendo a ser recompensado por los aplausos que retumbaron entre los pinares que flanquean el núcleo segureño. “El escenario más bonito era una mesa matancera”, prosiguió inundando de recuerdos a su auditorio, con la intención de hacer ver lo humilde que fueron los comienzos, donde dos sillas, una guitarra y su acordeón “llenaban” la escena de sus actuaciones. No se olvidó tampoco del dúo conformado con su hija Lorena, con el que recorrieron parte de la provincia y toda la comarca, siempre dando la nota —bien afinada—, “Los Chicos del Peñón”.
Entre anécdotas de su periplo como camarero en Benidorm y su aventura de más de 22 años en Santana Motor —participó en la marcha-protesta por el cierre de la compañía que recorrió la distancia entre Linares y Sevilla—, llegó “el momento romántico”, que dedicó con un nudo en la garganta a su mujer. “Aún sigo enamorado de mi pareja Inés, de la que también estoy orgulloso; me ha regalado a mis dos hijos, Lorena y Rafa, que fue mi regalo de cumpleaños a los 30”, se emocionó el músico, mientras el agua hacía de bálsamo para controlar sus sentimientos, que terminaron por aflorar con la muestra de cariño pública que sirvió como cierre perfecto.