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Con todas las calles engalonadas, balconeras decoradas y vecinos en la plaza del Ayuntamiento, hacia las siete y media de la tarde el Cristo de la Vera Cruz atravesó los grandes portones de la iglesia de Santiago Apóstol. Una plaza abarrotada le esperaba entre aplausos, vítores y lágrimas de algunos mayores que no pudieron contener. Su fiesta principal con la solemne eucaristía en su honor fue durante la mañana, a las 12:30 horas con Don Sebastián Moreno Herrera, arcipreste del arciprestazgo de Baeza. Uno de los momentos más esperados para los vecinos del municipio y para todos aquellos que eligen estas fecha para venir porque ya no viven aquí es la solemne procesión donde pudieron demostrar al Cristo de la Vera Cruz su gran devoción.
Al caer la tarde, la imagen del Crucificado discurrió por las calles de Begíjar muy arropado por todos sus devotos con un majestuoso paso portado por los anderos del trono con un firme paso marcado por el capataz, presidente de la cofradía. La Asociación Musical Vivatia marcaba los sones del cortejo tras el paso pero los que anunciaban la llegada del trono era la Banda de Cornetas y Tambores de Nuestra Señora del Rosario de Linares. En cada una de las calles o esquinas por las que se mecía el Cristo, era alabado con grandes aplausos y cánticos.
Desde los más pequeños hasta los más mayores, como un amor que pasa de generación en generación esperaban en balcones o puertas de sus casas a que el Cristo pasara para ser bendecidos.
Los niños pequeños siguieron el paso de los portadores del trono imitando los andares o incluso les tiraban besos a su paso. Año tras año, estas fechas reúnen a familias de begijeños entorno a las celebraciones en honor del Cristo de la Vera Cruz. El amor que tienen los vecinos por el patrón marca en el calendario unos días muy especiales que ya terminan hoy con una amplia programación con actividades organizadas desde por la mañana como la degustación de migas serranas, el concierto de Noelia Cazalla o el pasacalles a las 20:30 horas con salida marcada desde la Plaza de la Constitución.
Las fiestas y la devoción hacia el Cristo unen a vecinos, costaleros y ausentes en una jornada cargada de sentimiento para todos los begijenses. Así lo atestigua Marisa Hidalgo Bustos, quien aseguró que, aunque vive fuera, nunca falta a su cita anual para pedirle que cuide de su familia. Por su parte, el costalero Juan Ruiz Gárate destacó la enorme ilusión con la que afronta el día junto a su familia, mientras que María Dolores Soto Tobaruela enfatizó la tradición de salir a la calle para ver al patrón, un sentimiento compartido y muy profundo en la localidad. En esa misma línea, Antonio Jesús Gárate Quesada señaló que se trata de la fecha más grande del pueblo, capaz de hacer regresar a quienes viven lejos e incluso motivar a los estudiantes a estirar sus vacaciones para estar junto al Cristo. Un fervor que, como recordó Carmen Tobaruela Cobo, mantiene muy vivo el recuerdo de los seres queridos que ya no están, quienes fueron los encargados de inculcarles esta gran devoción por el Señor.