URGENTE

Unas temperaturas suaves acompañaron a los jiennenses en el día grande de la Feria de la Virgen de la Capilla. La actividad en las calles comenzó más tarde que un día normal, aunque no faltó gente que aprovechó las primeras horas de la mañana para hacer deporte o disfrutar del buen ambiente de la mañana festiva de ya casi mediados de junio.

Poco antes de las once salió desde el Ayuntamiento la comitiva municipal, encabezada por el alcalde en funciones, Javier Márquez, que se dirigió hasta la Basílica Menor de San Ildefonso, donde los actos religiosos comenzaron con la Solemne Fiesta Votiva de Cabildos, el catedralicio y el municipal, que comenzó al término del repique de las campanas. La eucaristía estuvo oficiada por el obispo de Jaén, Amadeo Rodríguez Magro, y fueron numerosos los jiennenses que abarrotaron el templo parroquial.

Mientras en el interior de la Basílica Menor se sucedían los rezos y cánticos propios de la celebración, cada vez llegaba más gente hasta la céntrica plaza, la mayoría con sus mejores galas, tal y como merecía la jornada, para comenzar una de las tradiciones más esperadas de la celebración, que es la ofrenda floral. Junto al azulejo de la imagen —ubicado a la derecha de la puerta de acceso al templo que está en la plaza—, ya estaba todo preparado: la malla y unas escaleras para que dos jiennenses colocaran los ramos como si de un tapiz se tratara.

Muchos de los allí presentes se trasladaron hasta la Plaza de la Libertad donde, a las 12:00 horas, bajo un sol que ya templaba bien el ambiente, arrancó la ofrenda floral. En la comitiva, además de los responsables municipales y representantes de la hermandad, participaron numerosos integrantes del Coro y Danza Lola Torres, que tiene entre sus principales objetivos el de recuperar las tradiciones de la ciudad para que lleguen a generaciones futuras. Una de ellas es la vestimenta típica de chirris y pastiras, los trajes tradicionales de la ciudad que se inspiran en el de gala que vestían los campesinos, las lecheras y hortelanas. Aquellos jiennenses que vivían en el por entonces arrabal de San Ildefonso, un barrio agrícola y ganadero.

A ellos se sumaron otros muchos que, en esta ocasión, portaban el traje típico de flamenca. En ambos casos, todos llevaban las flores con las que honrar a la Virgen de la Capilla durante una vistosa y colorida comitiva que recorrió el Paseo de la Estación, la Plaza de la Constitución, la calle Bernabé Soriano, la Plaza de Ramón y Cajal y la calle Muñoz Garnica hasta llegar a la Plaza de San Ildefonso ya casi a las 13:00 horas. Y aunque durante todo el recorrido había multitud de jiennenses —algunos de ellos se fueron incorporaron al cortejo a su paso—, fue en este último punto donde se congregó la mayoría de la gente. Varios hombres vestidos de chirri comenzaron a colocar las flores en ese gran tapiz en el que se convirtió en tan solo unos minutos el lateral del templo, conforme llegaban hasta la zona los participantes en la iniciativa. Entre ellos, muchos pequeños, ilusionados en la que suponía su primera celebración.

Pero entre los asistentes había también gran cantidad de personas mayores que no querían perder detalle de una de las celebraciones más señeras de la capital. “Le dicen la feria chica, pero para mí es la más grande”, explicó una de las vecinas del barrio que, pese a los achaques propios de la edad, se acerca cada año hasta la Plaza de San Ildefonso para disfrutar tanto de este acto como de la procesión. Al término de la ofrenda floral, la mayoría de los participantes inmortalizaron el momento junto a la imagen y las flores que la adornaban, que desprendían un intenso olor que embriagaba a quienes transitaban por la zona.

A partir de ahí, el barrio se llenó de nuevo de vida. Los bares se apresuraron a sacar sus terrazas con el montaje de las mesas, sillas y sombrillas. Puesto que aunque el sol no desplegó toda su intensidad, sí que calentaba bien durante las horas centrales del día. Con menús y platos especiales para estas jornadas festivas, sobre las dos de la tarde resultaba ya muy complicado encontrar una mesa libre. La mayoría de los que las ocupaban estaban en familia, aunque también entre amigos y compañeros de trabajo, los jiennenses disfrutaron de un mediodía en un barrio que desde el pasado viernes luce sus mejores galas y es el epicentro de las celebraciones programadas en torno a la Virgen de la Capilla.

También fueron muchos los que, aprovechando la espera hasta la salida de la procesión, ya por la tarde, bajaron hasta el recinto ferial Alfonso Sánchez Herrera para que sus pequeños disfrutaran de las atracciones mecánicas en la última jornada de feria. Una jornada, así, espléndida y que los jiennenses vivieron con intensidad hasta última hora.