Inauguración colegial con una intensa experiencia

El presidente del Consejo Social de la Universidad, Francisco Vaño, diserta sobre las anécdotas de su vida laboral

07 oct 2016 / 12:57 H.

El sentimiento de pertenencia a la familia universitaria va más allá de acudir a las clases y hacer exámenes. Se trata de convivencia, de participación, de compañerismo y de debate. Un espíritu que se refleja especialmente en los colegios mayores como el perteneciente a la Universidad de Jaén (UJA) “Domingo Savio”, que celebró su inauguración oficial del curso. En un acto académico pero, al mismo tiempo, cercano y familiar, el rector, Juan Gómez, presidió la apertura y presentó al autor de la conferencia inaugural, el presidente del Consejo Social de la UJA, Francisco Vañó. El máximo responsable de la institución se dirigió a los residentes novatos para recomendarles que aprovechen su estancia con su esfuerzo y trabajo ya que son unos “privilegiados”. Mientras, Gómez recordó a los veteranos que son una “referencia” para los nuevos miembros en valores universitarios como el “compañerismo o la responsabilidad.

Después de presentar al presidente del Consejo Social de la UJA, el rector le impuso su beca. Con el título “Anécdotas de 32 años más uno de experiencia laboral”, Francisco Vañó, recorrió su intensa trayectoria de la que extrajo divertidas y curiosas anécdotas a los jóvenes asistentes. “Tengo una vida rica en vivencias y he conocido a gente importante, a truhanes, pero también a personas muy interesantes. Lo cierto es que no tengo fe en la humanidad, pero sí en el hombre”, se introdujo.

Ante las curiosas y atentas miradas de los estudiantes, el empresario de la marca Castillo de Canena comenzó su rosario de anécdotas en el año 1982 y finalizó hasta una vivencia ocurrida hace unos días. Antes, se recreó en sus vacaciones de verano en las afueras de Baeza cuando era niño. “Mi patria es mi infancia, dijo. Vañó argumentó el peculiar título de su conferencia “32 años más uno...”, para concretar que ese año de más fue el que pasó como “artillero de segunda” durante el servicio militar en Tenerife. “Recuerdo que, al entrar, había gente con chaqueta y corbata y otros vestidos con descuido, pero, una vez dentro, con el uniforme y rapados, no había distinción alguna”, reflexionó. También hizo referencia a las novatadas que sufrió y el ofrecimiento de un veterano: “¿Fumas? -No, dije- ¿Ni siquiera tabaco?”, recreó Vañó. El empresario contó el camino que lo llevó a trabajar en la filial de un banco de Panamá y cómo su cara aniñada hizo que uno de sus jefes le recomendara dejarse, al menos, bigote. “Allí, aprendí a comer con Whisky y soda en vez de con cerveza y vino”, indicó. Con ironía, pero con la mirada de quien relativiza el contexto vivido, Vañó contó su experiencia durante la “dictadura” en Panamá y los tres días de “caos” durante la invasión de los EE UU. Así, entre otros capítulos de su vida laboral, rememoró la caída del muro de Berlín y los comienzos de Mario Conde. “Siempre hay un parte positiva en cualquier vivencia”, reflexionó.