Esencia y fervor serrano

Con un centenar de vecinos, celebra unas fiestas que
ya quisieran otras aldeas

15 jun 2019 / 16:39 H.

Está donde tiene que estar, donde ha estado desde hace cientos de años, entre La Matea y El Patronato, con Arroyo Venancia a la vuelta de una loma y es, junto con Marchena y Coto Ríos, una de las aldeas del municipio de Santiago-Pontones con mayor población y dinamismo. El Cerezo apenas cuenta con casi un centenar de vecinos, pero son emprendedores y han fijado residencia en este bello lugar que es pórtico de los Campos de Hernán Perea; dicho de otro modo, cuenta con una decena de niños, circunstancia muy extraña en otras aldeas de la Sierra, exponente extremo de la ahora denominada España vaciada. El Cerezo vive este fin de semana sus días grandes en honor al Sagrado Corazón de Jesús, que preside el discurrir diario de los vecinos desde una hornacina de cemento, hierro y cristal (no hay iglesia). Su población se multiplica por cinco, no ya solo vuelven los emigrantes de Valencia o Castellón, de Madrid o de Barcelona, que lo hacen de forma animosa y entusiasta, también se acercan a disfrutar de las fiestas patronales los vecinos de las aldeas de la comarca, lindante con la provincia de Granada y a un paso de la de Albacete.

Hoy, ya sábado, se espera una masiva afluencia en pos de las actividades programadas por el joven Antonio García Aránega, que lleva meses organizando las Fiestas y es la cabeza visible de una comisión en la que participa y colabora absolutamente todo el pueblo. El objetivo es único e inquebrantable, el máximo lucimiento de El Cerezo y la recuperación de unas fiestas que estuvieron a punto de perderse. Ya no será así, que el Cerezo celebra unas fiestas patronales que ya para sí quisieran otras aldeas más pobladas. Menos encierros tiene de todo; lo han intentado pero al no tener tradición, la contestación ha sido negativa a la suelta de vacas. No hacía falta complementación de las actividades con sueltas que sí se dan en La Matea, en Pontones o en el propio Santiago de la Espada.

El bullicio se vivió ayer de forma especial, más en la intimidad, con vivas continuos al Sagrado Corazón durante toda la procesión mañanera. Para amortiguar los rayos de sol en una zona tan alta, a las nueve partía la comitiva desde El Cerezo a La Loma para dejarse caer después por el Arroyo Venancia, vuelta por La Tiná de La Loma, tránsito desmenuzado por El Cerezo hasta el Cortijo Nuevo y vuelva a la plaza para la misa oficiada por el cura cazorleño Jaime González, que amigos de la aldea, fue el encargado, con la ayuda de Ascensión Jiménez. Vegetación en su esplendor y unas aliagas que copan en este tiempo los campos de media Sierra de Segura acompañaron el paso procesional. Fue largo y se disfrutó, es una vez al año cuando se encuentran y, especialmente ahora es cuando vuelven los emigrantes, muchos de los lugareños de El Cerezo solo se ven para las fiestas patronales y la amistad y la alegría es contagiosa. Por eso es tan importante que el Sagrado Corazón vaya de casa en casa, incluso que entre en los porches del centenar de sus vecinos. Al filo de las doce de la mañana ya había concluido el respeto emocionado y festivo al patrón y los cánticos y se empezaba la convivencia. Primero, con cuerva magistralmente elaborada por Sara Jiménez y luego con una paella que condimentaron con todo su sabor las hermanas Conchi y Emilia Rodríguez. Estas páginas dan una muestra de cómo de intensamente se viven los días de fiesta en lugares poco habituales a los titulares de Prensa, quizá tampoco a las piezas sueltas, es la otra Jaén que también existe, aunque no se sepa o no se conozca.