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domingo, 18 agosto 2019
17:15
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URGENTE

Espectacular. Esa es la palabra que resume los tres días en los que Cazorla sonó, vivió y disfrutó del blues. Los amantes de la buena música tuvieron una vez más una cita en este legendario espacio donde las canciones y los artistas se dan cita para hacer que el festival aumente su leyenda. Porque aunque pueda parecer que 25 años no son nada, son muchos para un certamen. Un cuarto de siglo en el que el BluesCazorla ha crecido y se ha asentado como pocos festivales por la provincia jiennense. Por esta razón, y como no podía ser de otra manera, este año tocaba tirar la casa por la ventana, tal y como se hace siempre, pero de una manera especial. Y así fue. Tres días completos de música y con un broche de oro que será largamente recordado. En Cazorla aún se oyen ecos de blues, de personas que se acercaron y vibraron con todos y cada uno de los grupos que dejaron su impronta en el escenario.

Una treintena de actuaciones y cuatro escenarios diferentes en los que el público asistió al mejor de los conciertos con diferentes propuestas y actividades en las que no hubo un segundo de descanso. Toda Cazorla estaba ocupada por música, bandas, rock, personas que iban de un lugar a otro para conocer nuevas canciones o disfrutar de sus artistas favoritos. En el aire se respiraba un ambiente frenético que bailaba al compás de unos días llenos de musicalidad.

Ayer el día comenzó temprano en Cazorla, en el escenario Agua, en plena Plaza de Santa María, con la actuación de The Fixed Trio, vencedores del BluesCazorla Blues Battle 2019. Durante cerca de una hora demostraron ante el público las razones por las que la banda ganó este año la competición. A continuación, los grupos Txus Blues & Jose Bluefingers, Chris O’Leary y Rockin Johnny también estuvieron en el mismo enclave para hacer disfrutar a los allí presentes de una larga mañana de rock en la que, a pesar del calor, nadie quiso perderse las propuestas presentadas.

Con un pequeño descanso para que los amantes a la música pudiesen comer, pasear y descubrir muchas de las maravillas que forman parte de Cazorla, la música continuó en el segundo de los escenarios, el del Teatro Hohner, en el teatro municipal de Cazorla, donde se realizan varias masterclass a lo largo de estos días para aportar algo diferente a la programación. Un éxito indudable durante estos días que supone un nuevo acierto dentro del festival y que, probablemente, continuará de ahora en adelante. En esta ocasión, para el cierre de esta edición, Quique Gómez y Keith Dunn fueron los encargados de dar una clase maestra y permitieron que el público se acercase más a la música, al blues antes de que los conciertos volviesen a llenar las calles de Cazorla de sonidos. Una manera diferente de vivir el festival, más cercana, íntima y personal, pero en la que tuvieron cabida todos aquellos interesados en saber más y disfrutar.

A las 18:00 horas el escenario de Jaén en julio, el tercero del festival, abrió un día más sus puertas. A lo largo de toda la tarde y, hasta que los rayos del sol comenzaban a ocultarse provocando una estampa para el recuerdo. El primer asaltó fue de José Luis Pardo & Mojo Workers. El grupo presentó algunas de sus nuevas canciones originales que mezclan blues y soul de una manera muy característica. Fueron los encargados de arrancar un sinfín de actuaciones que se alargaron hasta bien entrada la madrugada, aunque a ninguno de los asistentes pareció preocuparles puesto que estaban dispuestos a estar allí hasta la hora que fuese necesario.

A continuación, fue el turno de Casino, una banda de rock sin tapujos que pintó el atardecer del festival de intensas melodías de pop que navegaban entre el blues más auténtico y pequeñas pinceladas de soul. El cierre de este tercer escenario tuvo lugar cuando José Antonio García llegó al festival. Un icono del rock español que comenzó su andadura en los años 80 y que, en el Blues Cazorla, fue vitoreado con honores.

Y cayó la noche, la última de estas tres largas jornadas fundidas por el blues más intenso y candente. Una plaza de toros a rebosar, llena de personas impacientes porque las luces del último de los escenarios, el de Cruzcampo abriese sus puertas en una larga noche de conciertos hasta cerca del alba. Al filo de la medianoche comenzó una de las actuaciones más esperadas dentro de toda la programación del festival. Sugar Ray &The Bluetones with Little Charlie Baty & Duke Robillard dejó claro durante una hora y media la razón por la que su concierto era uno de los más laureados para estos días. Una marea de personas estuvieron allí firmes hasta que terminó la noche, más cerca de que comenzase ya el día y el amanecer tocase los primeros rayos. Cazorla y el blues volvieron a estrechar sus lazos un año más como pasa desde hace un cuarto de siglo, presumieron y triunfaron como si fuese la primera vez entre el público jiennense.