Muerte y resurrección de los montes quemados
Un monte incendiado huele a chamusquina. Suena a silencio. No se oye ningún pájaro. No hay insectos. Tampoco se oye el rumor de los árboles mecidos por el viento. Nada. El suelo es una alfombra muerta de cenizas. Un paisaje lunar calcinado. La imagen misma de la desolación y la muerte. Pero, ¿qué pasa después? ¿Hay vida después de los incendios? ¿Resucitan los bosques? La respuesta es sí, pero cada vez les cuesta más porque el cambio climático provoca incendios cada vez más virulentos y eso dificulta su recuperación. La mayoría renace de sus cenizas, pero muy poco a poco. En el caso de los fuegos más severos, les lleva décadas recobrar una vegetación que se parezca a un bosque y pueden tardar siglos en volver a ser lo que fueron. ¿Cómo lo hacen? Por regeneración espontánea y con la ayuda del hombre. Así es como el monte cambia, de nuevo, del negro al verde. Con la increíble capacidad de la naturaleza para sobreponerse al desastre... y también con dinero. Mucho dinero. Casi siempre público y, dicho sea de paso, siempre insuficiente para recuperar todo lo que el fuego se llevó.
Sujetar el suelo
El suelo proporciona anclaje, nutrientes y agua a las plantas. Por eso, tras un incendio, lo más urgente es sujetar lo antes posible el suelo que queda en la zona quemada para evitar la erosión. Sobre todo, en zonas montañosas con grandes inclinaciones de laderas como sucede en Jaén, porque si llueve con intensidad, el agua arrastra todo y solo queda la roca desnuda, donde es prácticamente imposible que vuelva a nacer nada. Y, además del suelo, también es importante que el agua no se lleve la ceniza del propio incendio, porque sus nutrientes contribuyen a que el suelo recupere su fertilidad. Por este motivo, transcurridos apenas dos meses desde el fuego, se suelen acometer actuaciones de emergencia. Básicamente, dos. Una consiste en instalar fajinas para evitar que el agua se lleve el suelo y favorecer la sedimentación de las semillas que luego generarán brotes. Es decir, se cogen los árboles incendiados y se colocan de forma transversal sujetos con estacas disponiéndolos como barreras o diques. La otra son las albarradas: pequeñas presas que se construyen en las torrenteras para frenar la velocidad del agua y disminuir los procesos erosivos. “El coste de esta fase de emergencia cuesta en torno a 2000 euros por hectárea”, asegura Juan Morales de Coca, ingeniero técnico forestal y gerente de la empresa jiennense Forestra, especializada en servicios forestales. Con suerte, estas intervenciones permiten a los suelos recuperar la mayor parte de sus propiedades en un plazo de uno a cinco años.
Gestionar la madera
Una vez retenido el suelo, hay que propiciar el regreso, poco a poco, de todos los microorganismos que viven en él, como hongos o bacterias, que suelen volver relativamente pronto si tienen el alimento necesario, como paja o madera muerta. “Mientras que el área del incendio no sea recolonizada por insectos y plantas, el suelo va a tardar en recuperar su salud”, explica Julio Alcántara, catedrático de Ecología de la Universidad de Jaén. Para favorecer esa recuperación, la madera quemada se puede astillar y esparcir in situ. Pero si resulta difícil llevar maquinaria para realizar esta operación, “lo mejor es dejar que se pudra ahí mismo de forma natural porque para retirarla habría que arrastrarla por el suelo a favor de ladera, así que cuando llueve la escorrentía es todavía más rápida y favorece la erosión”, explica Alcántara. Sin embargo, según Antonio Tortosa, vocal de Jaén y Almería del Colegio Andaluz de Ingenieros Técnicos Forestales, a veces esos árboles quemados quedan en pie pero son inestables o están próximos a las carreteras, así que la opción más segura es cortarlos y, en efecto, a veces se dejan sobre el terreno porque la madera muerta aporta refugio y minerales, o si es madera viable, se retira para venderla y revertir el dinero en la restauración del monte quemado.
Herramientas matemáticas
Ok. Ya está el suelo sujeto y los bichitos que lo habitan empiezan a volver. ¿Qué se hace entonces? Estudiar lo que necesita el monte en cuestión para revivir. ¿Cómo? Hay que hacer un proyecto de restauración, en el que se estudia si el monte está capacitado para regenerarse por sí solo o necesita ayuda, en función de la climatología, la vegetación original del monte y el tipo de suelo. Si el incendio no fue muy grave, puede recuperarse solo. Muchos lo hacen sin dificultad tras las obras de emergencia. En otros casos, es mucho más difícil. Por ejemplo, en la zona de Quesada y Huesa, que tienen un clima semidesértico, “hasta las repoblaciones suelen ser un fracaso porque no llueve, la tierra es muy mala y es poco fértil. Tiene que haber una gran inversión por parte del hombre porque lo único que se puede regenerar ahí es el esparto”, explica Morales de Coca. En esos casos, se trata de hacer repoblaciones, cuyo éxito dependerá de la climatología, del riego de apoyo en la época estival y de la reposición que se haga de las plantas que se secan. “A base de insistir -concluye- a lo mejor consigues al final que la repoblación sea exitosa”. En este sentido, científicos de la Universidad de Jaén, dirigidos por Julio Alcántara, están desarrollando una herramienta matemática que permite diagnosticar precisamente el estado de recuperación de la vegetación tras sufrir un incendio. La primera versión la publicaron en 2015. Ahora están desarrollando una más compleja, que previsiblemente verá la luz en 2026. Su objetivo: asesorar a las administraciones públicas y a los propietarios de terrenos de montes privados para posibilitar una regeneración más rápida de la cobertura vegetal. Ciencia al servicio de la naturaleza.
Regeneración natural
La regeneración natural de la vegetación es un proceso muy lento sujeto a múltiples factores. Lo primero que tiene que pasar es que al monte quemado lleguen semillas transportadas por pájaros pequeños como currucas, petirrojos o mirlos y también por zorros, que también ayudan a dispersar semillas de jaras, romeros, tomillos, aulagas... “Si el incendio es pequeño o tiene cerca fuentes de semillas, es decir, vegetación natural bien conservada, entonces la regeneración es rápida porque enseguida empiezan a crecer arbustos”, explica Alcántara. Se trata de matorrales que retienen el suelo y proporcionan la humedad y sombra necesaria para puedan germinar luego las semillas de pinos, encinas, arces o quejigos, que serían inviables a pleno sol. Su germinación se ve estimulada, por cierto, por las altas temperaturas alcanzadas durante el incendio y por los compuestos que hay en el humo. Además, si el incendio ha sido ligero muchas de nuestras plantas autóctonas tienen la capacidad de rebrotar. “Especies como la coscoja, el brezo, el madroño, el quejigo, la encina... especies típicas mediterráneas vuelven a brotar. Si no hay ninguna sequía que detenga la recuperación, en uno o dos años puede llegar a verse un gran desarrollo de la vegetación natural y la planificación de la restauración puede hacerse más a largo plazo”, explica Morales de Coca. Es decir, la repoblación puede esperar, “pero hasta que los árboles cojan su tamaño de maduros, pueden pasar siglos”, advierte Alcántara.
Restauración forestal
El bosque mediterráneo tolera bien pequeños incendios forestales. Incluso le benefician. El problema, como afirma Antonio Tortosa, es que ahora los fuegos son mucho más severos que antes. Y, si la zona quemada es muy grande, el perímetro, que está en contacto con la vegetación natural, se regenera bien, pero la llegada natural de semillas al corazón del incendio, se ralentiza. Además, estos incendios queman hasta las raíces de la vegetación, haciendo imposible el rebrote. Sólo queda, por tanto, que intervenga el hombre. ¿Cómo? Con una restauración forestal que, entre otras medidas, implica repoblar. Pero eso tiene un altísimo coste. Según el gerente de Florestra, cuesta unos 5000€ por hectárea si en esa extensión de terreno se plantan entre 800 y 1000 árboles. No es de extrañar, por tanto, que el 80% o incluso más de las actuaciones de emergencia y restauraciones que se hacen, se realicen en monte público. En definitiva, es tan caro que el destino previsible de esas grandes zonas quemadas es que “se queden por los siglos de los siglos sin vegetación”, como asegura Alcántara. “Por eso -añade Morales de Coca- defendemos siempre los trabajos preventivos de incendios. Es más barato limpiar una hectárea de monte, que cuesta entre 2000 y 3000€, que restaurarla tras un incendio”. Aunque a su juicio, lo que más necesitan nuestros montes no es reforestar: “Por cada 100 plantas que haya que reforestar, habría que talar 10.000. Hay que limpiar los montes”, afirma.
Nucleación aplicada
Desde hace poco se están empezando a desarrollar estrategias de restauración ecológica más lentas, pero mucho más económicas que las reforestaciones tradicionales, porque reducen muchísimo la extensión a replantar, tratando de aprovechar la capacidad natural de la vegetación para reproducirse. Se trata de una técnica que se denomina nucleación aplicada, que no se ha aplicado aún en España. En vez de replantar toda una ladera, por ejemplo, se crean aquí y allá islas de árboles, plantando una combinación de especies para que crezcan de una forma rápida de forma que, a medida que alcancen la madurez, produzcan semillas que puedan ser dispersadas por aves o zorros, dando lugar a nuevos puntos donde empiece a crecer vegetación. De esta forma, son los propios animales y plantas las que completan la regeneración. “Los costes se reducen a menos de un tercio y el proceso de recuperación es positivo, por lo que podría ser una opción idónea para montes privados y municipales”, concluye Alcántara.
¿Como recuperar el monte de un fuego?
1º Lo primero es el suelo
Sin suelo, nada puede volver a crecer. Por tanto, la primera actuación de emergencia pasa por sujetar el suelo para que la lluvia no se lo lleve y la roca no quede desnuda.
2º Una resurección costosa
Las tareas urgentes para evitar la pérdida de suelo cuestan aproximadamente 2000€ por hectárea a los que hay que añadir otros 5000€ si hay que repoblar.
3º El regreso de los microorganismos
Tras los incendios, los microorganismos que viven en el suelo, como hongos o bacterias, suelen regresar pronto si tienen el alimento necesario, como paja o madera muerta.
4º Herramiento matemática
Científicos de la UJA están desarrollando una herramienta matemática que permite diagnosticar el estado de recuperación de la vegetación tras sufrir un incendio.
5º Pájaros y zorros repobladores
Pequeños pájaros, como las currucas o los petirrojos, y mamíferos como los zorros contribuyen a la regeneración natural de los busques esparciendo semillas.
6º Especies que rebrotan
Muchas de nuestras plantas autóctonas, como la coscoja, el brezo, el madroño o las encinas tienen la capacidad para rebrotar si el incendio no ha sido muy intenso.
7º Solo el monte público
Más del 80% de las actuaciones de emergencia y restauraciones forestales que se llevan a cabo en los bosques quemados se realizan en montes de titularidad pública.