La pregunta es metafórica y, en lugar de respuestas, admite hechos. El Partido Socialista tiene ya escrito un nuevo capítulo de su interminable libro orgánico con la celebración de las elecciones primarias de la capital como hilo conductor de una trama en la que hay vencedores y vencidos. Las caras de los protagonistas y de los personajes secundarios, el poema que da un toque distinto a la historia, acompañan al texto en forma de reflejo de un escenario en el que, para contarlo, es fundamental vivirlo. Todo transcurre en la Casa del Pueblo, en la popular calle de San Andrés, donde la militancia tuvo capacidad para elegir al próximo candidato a la Alcaldía de Jaén y, a tenor de las matemáticas, votó por la continuidad. La fría eficacia de los números dejó de ser una expectativa y se convirtió en un resultado con una resaca emocional propia para comenzar un nuevo relato. Sirva de adelanto que, al final del cuento, gana Julio Millán y pierde Carlos Alberca, aunque cada rival arrastre, como los ríos, a quienes llevan sus respectivos pasos.
Sirva la metáfora de la literatura para situar el ambiente político de una organización en la que las espadas están en alto y, a menos de ocho meses para las elecciones municipales, las cuitas internas desvían la mirada hacia lo verdaderamente importante. No sólo fue el calor impropio de septiembre el culpable de la tensión vivida en el interior de la sede socialista. Las urnas fueron, en realidad, la explosión de la división que emana del manantial de recientes sucesiones en puestos de confianza que, como el dinero, a lo único que llevan es a la confrontación. El espectáculo no tuvo como origen la exclusividad de la Alcaldía de Jaén. Hay más altura en la justificación de una competitividad escenificada entre dos compañeros de equipo que guardan, en la trastienda de la política, la memoria de batallas que sí vienen al cuento. El 26 de septiembre pasará a la trayectoria de Julio Millán como la segunda fecha señalada en su propio calendario y, a la vez, la segunda victoria en unas elecciones primarias con un resultado que suma legitimidad para ser el próximo candidato a la Alcaldía de Jaén y, en resumidas cuentas, el alcalde, decisión en manos de quienes no se inmutarán, o sí, ante el espectáculo.
¿Y ahora qué? La pérdida de unas elecciones primarias puede llegar a ser sencillo de explicar. Lo complicado viene después, cuando hay que regresar a casa, sentarse en la misma mesa y compartir mantel. La unidad, esa utopía que cabe en las derrotas y en las victorias, es una responsabilidad que corresponde a quien consiguió el liderazgo y está llamado a saber manejarlo. La decisión de lo que ocurrirá a partir de este momento es complicada para unos y para otros. Julio Millán tendrá que recomponer las piezas del puzle de su equipo de Gobierno para dejar de hablar del Partido Socialista y continuar la conversación sobre los desafíos de una ciudad necesitada de capitalidad. Carlos Alberca deberá ser consecuente con los principios a los que apeló en su carta abierta a la militancia y obrar en conciencia para darse una lección a sí mismo y a quienes están con él. La duda está en qué harán Carmen Angulo y Nines Díaz, dueñas de un acta municipal incómoda cuando la división en el salón de plenos duele más que las muelas. Por cierto, en la Casa del Pueblo siguió atentamente el proceso el secretario de Organización del Partido Socialista, Víctor Torres, con abrazo incluido a los dos enemigos íntimos y portazo a una historia difícil de explicar. En 2018 estuvo Paco Reyes en foto. ¿Y ahora qué? No hay más preguntas. Señoría.
Huele a turrón del bueno en los prolegómenos de un mes de octubre que, en Jaén, se traduce en feria. Los preparativos para San Lucas están ya casi cerrados y la semana pasada terminó con una polémica que, finalmente, se cortó a tiempo. Una circular publicada por el Ayuntamiento de Jaén sobre el funcionamiento de las casetas se convirtió en “trending topic”, con comentarios en las redes sociales que mejor no reproducir y que, sin embargo, consiguieron que, a la velocidad de la luz, alguien rectificara a tiempo. Cofradías y colectivos sociales que invierten para propiciar la convivencia y el encuentro una vez al año se encontraron con una limitación horaria en el momento del almuerzo incompatible con la filosofía con la que se instalan en “La Vestida”. El horario original de las casetas de comidas y mixtas era el siguiente: de 13:00 a 17:00 horas y de 21:00 a 1:00 horas. Muchos se vieron con las patatas a lo pobre metidas en fiambreras y, ante la avalancha de críticas y malas premoniciones recaudatorias, no tuvo más remedio el Patronato de Cultura de publicar una nota aclaratoria para evidenciar que el horario es sólo para bajar el volumen de la música, no para interrumpir las comidas a las cinco de la tarde.
No es fácil estar al frente de una Administración con problemas económicos difíciles de salvar, la más cercana al ciudadano y la que está llamada a resolver los problemas de la gente. Tener un cargo de responsabilidad en el Ayuntamiento de Jaén es, en algunas ocasiones, para valientes, por lo que están más que justificadas dimisiones como la que alguien del mismo equipo de Gobierno destapó esta misma semana: Manuel Pérez Trillo, gerente de la Empresa Pública de Aparcamientos y Servicios Municipales (Epassa). Aunque haya quienes quieran meter cizaña con el abandono, lo cierto es que se va por motivos estrictamente personales, un amigo incluso del alcalde, Julio Millán, que decidió decir aquello de “hasta aquí hemos llegado”.