Hay una película de 2020, dirigida por Jon Stewart, con el sugerente título “Un plan irresistible”. Habla de política y de cómo alguien con aspiraciones encuentra en los trabajadores sin papeles la clave para conquistar el corazón del país. Es la estrategia que, precisamente, utilizan los partidos políticos emergentes que crecen como una palmera y caen como los cocos. Se agarran al clavo que más arde, usan su minuto de gloria y, después, nadie hablará de ellos cuando hayan muerto. Lo que ocurre es que, antes, hay que tocar fondo para que la precipitación al vacío esté exenta de amortiguación. Estamos inmersos en campaña electoral. El 17 de mayo toca elegir al próximo presidente o presidenta de la Junta de Andalucía y la radiografía del momento dibuja la lucha encarnecida del Partido Popular por apartar la llegada de Vox al Parlamento y la batalla del Partido Socialista para ganar a unas encuestas que ni con la confluencia de la izquierda dan para comer. La alternativa de la mirada liberal al centro, con la cómoda posición de que ni para unos ni para otros, dejó de ser un plan irresistible. Ciudadanos no concurrirá a las elecciones autonómicas por primera vez en veinte años. La refundación del partido que creó el joven abogado Albert Rivera queda reservada para otro capítulo.
La provincia posee, en este momento, dos alcaldes de la agrupación naranja, Miguel Moreno en Porcuna y Luis Miguel Carmona en Arjonilla; son socios de Gobierno en Rus, con la primera Tenencia de Alcaldía ostentada por Juan Antonio Palomares; tienen veintiún concejales repartidos por las diez comarcas jiennenses, y sesenta afiliados. ¿Qué harán en estos quince días de campaña, por quién pedirán el voto? En la última cita con las urnas para elegir al presidente de la Junta de Andalucía, la de la mayoría absoluta de Juanma Moreno, Ciudadanos obtuvo 121.567 votos en Andalucía y nula representación parlamentaria, 7.048 en Jaén, donde quedó colocado en la sexta posición. Los estrategas políticos aseguran que los votantes de Ciudadanos repartirán sus papeletas entre el Partido Popular y Vox, pero el caso jiennense en distinto. Hay que tener en cuenta que la mayor parte de sus representantes proceden de aquel proceso congresual de la calle San Clemente que terminó como el rosario de la Aurora, por lo que lo más probable es que el giro sea hacia otro lado distinto, como suele ocurrir en estas convocatorias en las que el centro de la diana no es el alcalde del pueblo. La decisión está en manos, en este caso, de los ciudadanos, en minúscula y en plural.
Mientras tanto, las espadas siguen en alto. Los mensajes se repiten como un mantra. De un lado, que viene el lobo. De otro, que se acaba la bicoca de lo público. Esos son los estribillos de las canciones de los partidos mayoritarios, donde está la verdadera pugna por el poder en el sur de España. Juanma Moreno quiere huir de las réplicas de Aragón o Extremadura con el aval de su experiencia y de un modelo diferente al de los suyos y María Jesús Montero aspira a recuperar el terreno perdido después de una consagrada trayectoria en la gestión. La sanidad, la educación, la dependencia y el deterioro de los servicios públicos en general son el instrumento para intentar convencer al electorado de la importancia de su voto. Los jiennenses tienen la oportunidad de exigir con el suyo lo que realmente les pertenece. La posición de desventaja deja margen para la mejora y, aunque hay quienes se empeñen en ver el panorama de color de rosa, es la hora de reivindicar inversiones, infraestructuras y proyectos que inviten al equilibrio y vertebración entre territorios. El plan es irresistible.
Uno de los proyectos que reforzará el concepto de capitalidad en el que anda inmerso Jaén tiene que ver con el turismo. La ciudad no sólo adolece de un servicio ferroviario que permita a los visitantes planificar sus viajes con garantías de ida y vuelta, sino que necesita infraestructuras que los viajeros más exquisitos buscan a la hora de organizar una nueva experiencia vivencial. Se trata de un hotel de cinco estrellas. El actual alcalde Jaén, Julio Millán, puso sobre la mesa la posibilidad de convertir el propio Ayuntamiento en un establecimiento hotelero de alto “standig”, con la Catedral enfrente, una iniciativa perfecta para conseguir que, algún día, el monumento que levantó Andrés de Vandelvira sea declarado Patrimonio de la Humanidad. Sin embargo, el rechazo que encontró en la Corporación Municipal, con dudas incluso de su socio de Gobierno, le obligó a reservar en un cajón el proyecto hasta encontrar otra oportunidad para recordar que es una alternativa seria. Mientras tanto, se reúne con empresarios para sacar adelante la construcción de un hotel de cinco estrellas a las afueras de Jaén, cerca del Pabellón Olivo Arena, de la Institución Ferial y del campo de fútbol de La Victoria. Puede que haya un linarense interesado en dar el paso.
Quiere el Ayuntamiento de Jaén cumplir el sueño que no pudo ver hecho realidad en vida el arquitecto jiennense Luis Berges Roldán: recuperar los segundos baños árabes de la capital. Están escondidos en los bajos de la casa número 3 de la calle Calvario, una vivienda que lleva años en venta, desde que murió su propietario y dejó la herencia a sus cinco hijos. Hubo intentos en el anterior mandato y en el comienzo del actual y, ahora, el alcalde, Julio Millán, desveló que ha retomado las conversaciones con la familia para intenta llegar a un acuerdo. El problema es que no hay dinero en las maltrechas arcas municipales y, mientras buscan alternativas, incluida la permuta por algún terreno, la amenaza de derrumbe no es una pesadilla, sino una realidad. Alguien tendrá que poner remedio.