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Un acto de fe

03-11-2026 / 08:00

Más de cien vidas rotas en dos accidentes ferroviarios dejan claro el mal uso de los fondos europeos en mantenimiento de infraestructuras que destruyen los suelos de las familias

El país entero quedó petrificado el miércoles pasado. Los programas de radio y de televisión se cortaron por lo sano. Los periódicos hicieron borrón y cuenta nueva en la planificación de sus páginas y las ediciones digitales se llenaron de titulares tan dolorosos como reales. La tragedia ferroviaria de Urda terminó con las conversaciones sobre Mari Carmen, con los debates de la huelga general, la violencia callejera e, incluso, el caos circulatorio del tranvía de Jaén. La campaña de las elecciones generales entró en punto muerto y los ciudadanos de a pie, los que madrugan cada día para llegar a su trabajo en transporte público o privado, no tuvieron más remedio que continuar con su actividad rodeados de un manto de tristeza y de incomprensiones. Los alardes de amor son, a partir de ahora, una corta historia en el extenso libro de la política de pandereta.

Más de cien vidas perdidas en dos brutales accidentes en una misma línea de tren no sólo evidencian que las infraestructuras del transporte público que servía para presumir de la Marca España descarrilaron hace tiempo hacia el Tercer Mundo, como muy bien escribe Emilio Lara, sino también que las decisiones políticas cada vez se toman más bajo criterios economicistas. Los fondos europeos son un filón para situarse entre los países europeos con prestaciones más modernas y, al mismo tiempo, un arma de doble filo si las inversiones omiten la necesaria conservación de un sistema que, cuando se cae, coarta la libertad de vivir y destruye ilusiones familiares. Esto no va de presiones para llegar a tiempo y evitar devolver la mitad del billete. Esto no va de liberalizaciones a las que obliga la Unión Europea con estándares internacionales. Esto no va de hacer balances para limpiar la imagen de quien está al mando. Esto no va de cortar tramos para que el ciudadano visualice decisiones y movimientos absurdos. Esto va de invertir hasta el último euro en lo que no se ve, en el mantenimiento que sostiene las líneas ferroviarias que permiten cumplir sueños. Esto va de abrir ventanas de conservación cuando las puertas de la construcción están abiertas de par en par para rascar votos. Esto va de priorizar la rentabilidad social sobre la económica en un contexto de desregulación progresiva. Esto va de escuchar a los profesionales. Esto va de recuperar la confianza en las administraciones públicas en un momento de evidente debilidad de la gestión y falta de asunción de responsabilidades. Esto va de dimisiones irrevocables y ejemplarizantes sin fines electoralistas.

Los jiennenses conocen perfectamente la decadencia de un sistema de transporte público en el que lo que más duele es la ausencia de líneas que sitúen a la provincia en igualdad de condiciones con respecto a otros territorios abocados positivamente al progreso y la vertebración. Aquí no hay fallos humanos que justifiquen lo injustificable. Jaén, en medio del caos que sacude estos días España, contempla desde hace demasiado tiempo cómo el ferrocarril se aleja de sus estaciones, cómo se apagan conexiones y cómo las promesas de una comunicación digna sobreviven a fuerza de anuncios, reivindicaciones y paciencia ciudadana. Sin embargo, son dos circunstancias distintas, que no tienen ni punto de comparación en el dolor, pero que coinciden en un mismo escenario: el de un país que necesita mirar de frente a sus infraestructuras ferroviarias. La tragedia de Urda exige respuestas, una investigación rigurosa y responsabilidades allí donde correspondan. Las víctimas y sus familias merecen respeto, verdad y justicia. No hay argumento político que pueda situarse por encima de ese deber. Está claro que, en pleno siglo XXI, viajar en transporte público no puede ser un acto de fe.

Un acto de fe
Vox busca candidato para aspirar a la Alcaldía de Jaén

El bipartidismo que protagonizan el Partido Socialista y el Partido Popular tiene asegurado el mapa de candidatos a la Alcaldía de Jaén para las elecciones municipales de 2027. Pasó el ciclón de las elecciones primarias para Julio Millán, el amor a primera vista para Isabel Azañón y, a partir de ahora, queda por ver cómo el resto de fuerzas políticas componen el puzle de las papeletas que los jiennenses tendrán para elegir en una cita con las urnas que, en este momento, se ve muy lejos. Todo parece indicar que Jaén Merece Más optará por María Espejo, pendiente de confirmación oficial y convencimiento propio, y Vox busca la renovación. Las fuentes consultadas aseguran que Manuel Ureña, quien se presentó en la convocatoria de 2023, no repetirá experiencia y, a falta de cerrar los flecos que quedan sueltos, el partido quiere situar al frente del cargo a una mujer. La izquierda situada más a la izquierda del Partido Socialista pretende el rearme con perfiles que generen confianza y permitan recuperar el espacio perdido. Lo que ocurre es que todo está paralizado hasta que se resuelvan las elecciones generales del próximo día 29, con el accidente ferroviario de Urda como telón de un escenario demasiado complicado.

EN CORTO. Pleno del Ayuntamiento de Jaén y estampida del Partido Popular

Dos lecturas acerca del pleno celebrado en el Ayuntamiento de Jaén el día después del accidente de Urda. Por una parte, no está bien que se aprueben puntos del orden del día sin opción de debate, por muy de trámite que sean. Es regla elemental de la democracia. Por otra parte, no está bien que una fuerza política, en este caso en la oposición, abandone el salón de plenos mientras el resto del común de los mortales no tuvo más remedio que levantarse por la mañana y acudir, como cada día, a su trabajo. La autocrítica es una herramienta poco usada en política, que, sin embargo, aplaude la ciudadanía en un momento de desafección por la política por culpa de un panorama de difícil arreglo, aunque nunca hay que perder la esperanza.