Se acabó la fiesta

22 jun 2020 / 16:39 H.

Las verbenas, las ferias y las romerías mueven la economía de los pueblos y ciudades, porque son muchos los vecinos que, directa o indirectamente, viven de las atracciones, de los chiringuitos, de las orquestas y de todo lo que rodea a algo intangible como es la diversión. El coronavirus, además de acabar con vidas y dejar huella en la salud de cientos de jiennenses, echó por tierra la actividad económica, cultural y social de los municipios. Alcaldes de Sierra Mágina —no todos— fueron los primeros en dar el paso en la toma de una decisión que tampoco fue coser y cantar. Les siguieron los de La Campiña, en breve lo harán los de la Sierra Sur y, así, sucesivamente en un efecto dominó que tiene en pie de guerra a quienes esperaban que se abriera la veda con el deseado final del estado de alarma.

Quienes tienen el bastón de mando en sus manos, parte activa en la lucha contra un pandemia que no cesará hasta que llegue la vacuna de la salvación, se encontraron ante la disyuntiva de qué hacer, en julio y agosto, con sus tradicionales fiestas. Se oyen voces que apuntan que los ayuntamientos gobernados bajo las siglas del Partido Socialista recibieron una directriz de la dirección provincial para que sustituyeran las inversiones de las ferias en jornales para sus vecinos. Los alcaldes consultados niegan la mayor y aseguran que, en cualquier caso, se adelantaron a una propuesta que no es real, pero que forma parte del día a día desde que se puso fin al confinamiento.

La alcaldesa de Jódar, María Teresa García, es la única de la comarca de Sierra Mágina que todavía no ha tomado una decisión al respecto, entre otras cosas porque su fiesta principal se celebra en septiembre. Ella, como otros compañeros más, envió una carta al presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, para solicitar recomendación al respecto. No recibió respuesta, pero sí la consiguió el alcalde Noalejo, Antonio Morales, quien decidió compartirla con el resto de responsables políticos. Según la información recabada, el secretario general de Presidencia, Tomás Burgos, fue el encargado de contestar que la directriz para este verano es la suspensión de ferias, verbenas o romerías para evitar posibles rebrotes en los pueblos y ciudades de la comunidad andaluza. “Son actividades en las que existe una coincidencia masiva de personas sin que existan expectativas razonables de que se respeten las distancias mínimas de seguridad, debido a la propia naturaleza de las actividades desarrolladas durante las mismas. Y es que son actividades que, salvo puntual excepción, no se desarrollan en espacios ordenados donde los asistentes ocupen asientos que puedan mantener un distanciamiento físico adecuado y donde la probabilidad de posibles contagios entre personas superaría el riesgo razonablemente aceptado, toda vez que imposibilitaría el control y trazabilidad de los casos que pudieran ser confirmados, con las consecuentes posibilidades de rebrotes no controlados”, consta en la respuesta por carta. Eso sí, a continuación deja claro que la competencia es, exclusivamente, municipal. Y termina: “Pedimos prudencia para no dar un paso atrás en la lucha contra la pandemia debido a la dificultad de controlar la afluencia masiva a este tipo de fiestas y que se guarden las medidas de seguridad sanitaria, por lo que, en base a los informes emitidos por la Consejería de Salud, hacemos esta recomendación y pedimos responsabilidad”.

Ante un consejo de esta envergadura, pocos serán los que decidan dar el paso de continuar con sus fiestas este verano, aunque son muchos los que ven una incongruencia que sí se permitan conciertos de 1.500 personas al aire libre y, sin embargo, no haya posibilidad de organizar una verbena de pueblo en la que los asistentes se cuentan por cientos.