El nuevo Andrés Bódalo

20 jul 2020 / 16:38 H.

No levantaba un palmo del suelo cuando ya estaba inmiscuido en la lucha sindical. Su ira contra las injusticias hizo que siempre estuviera en primera fila de las protestas ideadas por el Sindicato Andaluz de Trabajadores. Jornalero de profesión, consiguió el sueño de convertirse en representante de los ciudadanos con un escaño en el Ayuntamiento de Jaén. Justo cuando acariciaba las mieles de la política, su carrera quedó hecha trizas por una condena judicial en la que, asegura, “el poder” se ensañó con él. Dos años y medio permaneció en el Centro Penitenciario de Jaén y, ahora, con el asunto carcelario cerrado a cal y canto, Andrés Bódalo es una persona distinta, un camionero de profesión que recorre toda Europa desde Jódar, el municipio en el que nació.

El de la gorra negra, en homenaje al Che Guevara, recibió como pena tres años y medio de prisión por golpear con los puños y dar varias patadas al socialista Juan Ibarra, entonces teniente alcalde de Jódar, durante una protesta sindical. Se sentó en el banquillo junto a otras 17 personas, pero él recibió la condena más alta. Está claro que el entonces concejal de Jaén en Común, que niega la agresión que lo llevó delante de un juez, se enfrentó a una petición de cárcel de tanta envergadura porque el asaltado era una autoridad. En su caso, además, se tuvo en cuenta la reincidencia. Andrés Bódalo había sido condenado por lanzar “manotazos y patadas” a agentes de Policía cuando intentaban desalojarlo de la Consejería de Agricultura en una protesta de 2005. También por una pelea con miembros de la extrema derecha que intentaban boicotear una conferencia de un diputado de Amaiur en Jaén y por un asalto violento a una heladería de Úbeda durante la huelga general de 2002.

Hubo un recurso fuera de plazo ante el Tribunal Supremo y hasta el mismo Papa Francisco recibió una carta para que respaldara su indulto. Sin embargo, el jornalero, cabeza de lista al Congreso de los Diputados en las elecciones del 20 de diciembre de 2015, entró en prisión el 30 de marzo de 2016. Recuerda que, al principio, recibió el respaldo de sus compañeros. Hasta Pablo Iglesias estuvo con él en la cárcel. “Vinieron a visitarme, incluso, de otros partidos, como Reyes Chamorro, Salud Anguita o Víctor Santiago”, entonces concejales en el Ayuntamiento de la capital. “Después, todo el mundo se olvidó de mí”, comenta un Andrés Bódalo que ya es libre, pero que se le nota resentido con quienes estuvieron y ya no están junto a él. El 15 de septiembre de 2018 salió en libertad vigilada y, un año después, consiguió la definitiva. Aprovechó su estancia en la cárcel para estudiar el Graduado Escolar y, una vez fuera, se convirtió en camionero internacional. “Me he sacado todos los carnés, hasta el de autobús, ahora soy otra persona”, comenta. Vive en Jódar, donde también dirige una panadería familiar, y desde donde cada semana sale en rutas por toda Europa en las que se siente realizado y feliz. “Me encanta la carretera”, apunta. Continúa en la lucha sindical, desde la barrera, pero de la política ni quiere hablar. “Me quitaron de la vida pública y acabaron con mi carrera, lo consiguieron. Lo único que hice fue luchar contra las injusticias, porque Jaén necesita gente como yo”, añade. Dolido por la falta de respaldo después de aquellos primeros días en los que se estrenó como interno del Centro Penitenciario de Jaén, arremete contra el poder judicial: “Se ensañaron conmigo porque era un cargo público. Me cogieron como pardillo, porque Podemos estaba en una buena situación y querían hacerle daño. Fui el tonto útil”. Consciente de que la estancia en prisión genera cierto rechazo social, asegura que, al salir, tuvo que empezar de cero e, incluso, recurrir a ayuda psicológica para poder continuar el camino. No guarda malos recuerdos, en general, de la prisión, aunque sí momentos difíciles. “Había un funcionario que, cuando me veía, me cantaba el ‘Cara al sol’... Por lo demás, me llevo grandes amigos”. El mito, ahora, sigue presente en su pueblo.