No es la primera vez que Julio Millán se presenta a unas elecciones primarias para aspirar al bastón de mando de la capital. La imagen era, entonces, distinta a la actual, cuando los “sanchistas”, díscolos en aquella etapa, se contaban con los dedos de las manos en la provincia y el aparato estaba abiertamente con él. José Sánchez, un “rara avis” en esto de las rosas y las espinas, tuvo la osadía de obligar a desempolvar las urnas internas aquel 17 de junio de 2018 y la fotografía que acompaña a este texto da fe, sin tener que aportar datos, del resultado. El alcalde de Jaén, salvo que se demuestre lo contrario en esta movida semana de septiembre, tendrá que repetir experiencia el próximo sábado por voluntad propia. Lo que ocurre es que, en este momento, su contrincante es el mismo que le aplaudió en aquella tarde primaveral en la que tuvo motivos para la felicidad. Carlos Alberca, compañero de fatigas en un Ayuntamiento con más trampas que una ratonera, aparece en el escenario dispuesto a convertirse en protagonista.
Conste en acta que el quinto teniente de alcalde y concejal multitareas asegura que, allá por mayo, comunicó a Julio Millán que no quería que contara con él en la confección de la próxima candidatura del Partido Socialista a la Alcaldía de Jaén, por lo que su intencionalidad se aleja de quienes aseguran que si dio el paso para recoger avales no fue ni más ni menos que para asegurarse el pan y las habichuelas. Es más, dio la orden de no aparecer en fotografías públicas con su líder. La prueba está en su sonora ausencia en el balance realizado, recientemente, como alcalde desde que prosperó la moción de censura con Jaén Merece Más. Una vez aclarado el punto de la discordia, conviene tirar de memoria para afianzar el relato del presente a través del pasado.
Julio Millán ganó en 2018 con 245 votos frente a los 135 de José Sánchez. Ocho años después, la escena tiene algo de “déjà vu” y poco de casualidad. Volverá a necesitar los votos de los suyos. Solo que esta vez los suyos no son exactamente los mismos. Hay que tener en cuenta que el proceso democrático que reza en los estatutos socialistas tiene esa particularidad: uno puede conservar el despacho y perder el aparato. O conservar el aparato y perder la votación. La política orgánica está llena de pequeñas paradojas que suelen resultar mucho más importantes que los discursos sobre la unidad. El caso es que está demostrado, porque así también lo atestigua la historia, que las bifurcaciones del camino complican la existencia cuando alguien elige la políticamente incorrecta. Algo parecido le ocurrió a Julio Millán hace poco más de un año, cuando se mantuvo al margen de las otras primarias sin mantenerse y quedó situado en la acera contraria de la calle Hurtado sin situarse. Todas las decisiones tienen consecuencias y, de aquellos polvos, estos lodos. Es lo que tiene la política, ingrata y necesaria herramienta de trabajo en la que apoyar al candidato que no gana siempre deja una factura. Nadie podrá negar que el paisaje interno del Partido Socialista es distinto al de hace ochos años.
Las primarias municipales tendrán una lectura oficial y otra escrita entre líneas. La primera hablará de Jaén, de proyectos, de barrios, de gestión y del futuro. La segunda irá por los derroteros de las alianzas. De las lealtades. De quién estuvo con quién cuando todavía no se sabía quién iba a cantar victoria. De esos pequeños gestos que en política parecen anecdóticos hasta que dejan de serlo. Después del sábado llegará el paréntesis del domingo y amanecerá un lunes repleto de silencios.
Quizás fue el calor del mes de agosto lo que hizo que el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, saliera por peteneras y mezclara churras con merinas, porque sobró eso de rebajar la relevancia turística de la provincia de Jaén para barrer para casa que, por otra parte, es lo que tiene que hacer un dirigente municipal. El caso es que hubo quienes solicitaron una explicación, pero ya no sólo enemigo íntimos por cuestiones de siglas, sino incluso el propio sector. Sin embargo, el protagonista de esta historia prefirió mantenerse en silencio. Este periódico intentó contactar con su Gabinete de Comunicación y sus responsables respondieron que, en aquel momento, José Luis Sanz se encontraba de vacaciones. En septiembre hubo otro intento por parte de esta cronista para brindar en bandeja al alcalde de Sevilla la posibilidad de explicar por qué metió a la provincia en aquella frase que quedará para la historia: “A lo mejor ciudades como Jaén no necesitan una tasa turística, pero ciudades como Sevilla sí la necesitan”. No quiso hacer declaraciones, pero a través de su gente sí quiso dejar claro que respeta mucho a esta tierra y que lo único que pretende es reclamar ese impuesto para Sevilla, sin entrar en comparaciones. Escrito queda.
Se quejó el anterior presidente de la Diputación Provincial de Jaén, Paco Reyes, de que el máximo dirigente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, le recibió en San Telmo un viernes a la una de la tarde, eso sí, después de unas cuantas cartas solicitando una cita. Su sucesor en el cargo, Juan Latorre, no tuvo que esperar tanto, pero también fue recibido un viernes, a la una de la tarde. Era cuestión de despachar rápido los asuntos pendientes de un territorio cada vez más aislado, el único al que no se puede llegar por ferrocarril en pleno siglo XXI. Lo cortés no quita lo valiente y, en este sentido, el gesto también importa, aunque el camino se demuestra andando y ya no vale con un apretón de manos, sino con el cumplimiento de los compromisos adquiridos con los jiennenses, que ni se inmutan cuando pagan un billete de tren para viajar en autobús.