La política tiene mucho de cine y cada vez menos de cultura. Hay protagonistas, secundarios, figurantes y, de vez en cuando, algún personaje que aparece en pantalla sin que nadie le diera vela en el entierro. También los hay que, en lugar de ceñirse al papel, hacen el papelón. Basta con escuchar el argumento del alcalde sevillano, José Luis Sanz, para reivindicar una tasa turística con la que se sale del guion y sitúa a la provincia jiennense en mitad del plano. “A lo mejor ciudades como Jaén no necesitan una tasa turística, pero ciudades como Sevilla sí la necesitan”. Una frase. Un segundo de cámara. Y una provincia entera convertida en el foco de la comparación. La escena recuerda a “Bienvenido, Mister Marshall”, sólo que el pueblo del otro Luis —García Berlanga— cambia de nombre. Ya no espera a los americanos. Espera el tren. Espera la carretera. Espera las inversiones. Espera que alguna de esas promesas que llegan con música de banda termine por entrar, definitivamente, en la estación.
En la película, los lugareños preparan el recibimiento para un futuro que nunca llega. En la vida real, la de una tierra convertida en un tapiz de olivos que ya quisieran muchos, hay asignaturas pendientes que ya ni figuran en los títulos de crédito. La diferencia es que Jaén no espera turistas porque no tenga nada que enseñar. Tiene demasiado. Permitan el abuso del verbo tener en esta crónica política. Tiene un Renacimiento que se mira en Úbeda y Baeza, por ejemplo. Tiene un Museo Íbero que guarda una civilización entera. Tiene castillos convertidos en puestos de vigilancia sobre siglos de historia. Tiene parques naturales que transforman el paisaje en patrimonio. Tiene una gastronomía que huele a tierra y aceite. Tiene un mar verde que no necesita olas para ser inmenso. Tiene la memoria inmaterial de su gente. Y tiene visitantes que otorgan una merecida valoración turística de 9,4 sobre 10. La mejor de toda la región de Andalucía.
La paradoja está en que la provincia que necesita menos explicaciones sobre lo que verdaderamente gusta a los turistas es la que más explicaciones necesita, valga la redundancia, sobre cómo conseguir que lleguen. Ese es el verdadero problema. Sevilla no tiene un problema de escaparate. Su mayor obstáculo es la gestión del éxito. La capital hispalense recibe visitantes, concentra actividad, soporta presión turística y debate cómo obtener recursos para sostener ese modelo. Si considera necesaria una tasa, sus dirigentes poseen la batuta del derecho para defenderla, pero sin menosprecios y enfrentamientos territoriales que a lo único que conducen es a que salgan callos en los codos para sentarse en la privilegiada primera fila. No va de esto la “cosa”. Cada provincia escribe la trama de su propia película y, en este sentido, respetable alcalde, Jaén no quiere que Sevilla tenga menos. Quiere tener más trenes, carreteras, inversiones, conexiones, promoción, desarrollo, progreso, vertebración, cohesión y, por supuesto, futuro.
Los políticos, perdón por la generalización, están obligados a aprender una lección cinematográfica en la que cada personaje tiene su propia historia, su minuto de gloria en la pantalla sin necesidad de empequeñecer al compañero. La diferencia entre Jaén y Sevilla, puestos a las odiosas comparaciones, es que la ciudad de la Giralda tiene más luces que farolillos en la feria de abril y la de Andrés de Vandelvira está con la mayoría de las habitaciones más oscuras que el inminente eclipse solar. No es cuestión de que una deje de brillar para que otra encuentre su sitio bajo la iluminación de los focos. Se trata de compartir y hacer siempre el más justo reparto. Míster Sanz, el pueblo jiennense le espera.
Fue María José Lara una de las principales novedades en el equipo de gestión de la Junta de Andalucía con su nombramiento como delegada territorial de Desarrollo Sostenible en enero de 2021, cuando todavía Ciudadanos gobernaba con el Partido Popular en Andalucía. Arquitecta superior y técnica en sistemas de información geográfica, en su trayectoria profesional cuenta con formación en materia medioambiental, fauna y biodiversidad vinculadas al desarrollo de cartografía hidrológica de redes y cuencas, así como análisis de variables como la morfología del terreno, la vegetación o la biodiversidad. Refleja su currículum que, en el sector privado, desempeñó tareas de investigación para la implantación de nuevas técnicas medioambientales y ecológicas en los sistemas de instalaciones y de construcción utilizados en las empresas, por lo que le vino el cargo como anillo al dedo. Sin embargo, es la única que queda fuera de juego en la configuración de la nueva Junta de Andalucía en Jaén, con Vox como acompañante en un camino trazado para cuatro años. Las fuentes consultadas aseguran que María José Lara tiene varias ofertas políticas sobre la mesa y está en compás de espera para tomar la mejor decisión.
El propio Rey Felipe VI, el 11 de diciembre de 2017, lanzó un mensaje que quedó grabado en la memoria de los jiennenses. Fue en la inauguración del Museo de Arte Ibero de Jaén, cuando alabó la grandiosidad del edificio y animó a los políticos presentes a dotar de contenido. Pronto se cumplirá una década de aquella fotografía que, hoy en día, sigue en la misma posición, es decir, con una exposición temporal que amenaza con ser permanente. Si uno de los espacios museísticos más interesantes de España en cultura ibera no tiene lo que tiene que tener, habrá que cambiar el rótulo de un museo cuyo discurso sigue pendiente de la voluntad política de administraciones públicas obligadas a entenderse para apostar de una vez por todas por Jaén.