Y, claro, cuanto peor, pues mejor

Nueva entrega del “señor Jota”, dedicada a la altura de miras de la clase política y sus obsesión por inculcarnos miedo >> ¿Dónde acabará la masa que forma la gente?

28 jun 2020 / 10:53 H.

Hay quien apuesta a ganar siempre y luego está la gran mayoría de la gente, gente-gente, en el sentido literal de la palabra, que solo sufre y padece lo que deciden los que ni sufren ni padecen, solo ganan, caen de pie y vuelven a ganar, cucha tú qué listos, que diría Piturda en sus tiempos mozos. Cierto que hay otra clase de gente, los perdedores, aquellos que de un lado luchan contracorriente con todo y contra todo desde su innata anarquía, bien sea por principios, fuese porque su mundo no es este sino el de la melancolía y la soledad. Recuerda el “señor Jota” sus clases de Derecho cuando le hablaban de seguridad y de libertad y es ahora, con la pandemia y tras el miedo a todo lo que la rodea cuando aprecia con exactitud el engaño al que ha estado sometido el rebaño (el pueblo, la gente) porque para ser libre no deben desprotegerte. Mismamente porque buscan mentes vacuas a las que aplicarle los miedos de turno, ahora contagios y pobreza. Cuanto peor sea el panorama, mejor para quienes nos mandan.

“El agua que no corre hace un pantano, la mente que no trabaja hace un tonto”, lo escribía hace muchos años el novelista francés Víctor Hugo, en contraposición a otra de sus frases clásicas: “Lo que bien se piensa, bien se expresa”. Y nadie quisiera aquí y en medio mundo civilizado ponerse en la piel de dirigir a una gente-gente capaz y capacitada, entre otras cosas porque la diferencia entre una democracia a secas y una democracia íntegra está en la de no usar a la plebe (la gente) solo para preguntarle cada cuatro años quien se sienta en las poltronas. Para el “señor Jota”, el confinamiento, la desescalada y la nueva normalidad solo han servido para apuntalar el sistema partidario y, en casos extremos, el populismo y la dictadura. Y no sería porque “en política solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire, jamás quien pretende que sople el aire donde sopla la vela”, como nos ha legado entre sus reflexiones Antonio Machado, al contrario quizá, porque, simplemente es tal el miedo inculcado que vemos tempestad hasta en un vaso de agua y no discernimos ni lo que nos conviene ni tampoco aquello que es mejor para nuestra comunidad. Con sobrevivir basta, con echar el día sin sobresaltos, ya dormimos tranquilos. Ese es el principal legado de lo que nos llegó de China y no supimos pararlo porque creíamos que aquí, tan listos, todo estaba controlado y mejor no hacer recuento de lo sucedido (y lo que sucederá). “Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo... del miedo al cambio”, que diría el poeta mexicano Octavio Paz. Masas humanas que ahora claman contra todo y una chispa vomitiva, como hacer morir a un ciudadano negro pisándole el cuello es capaz de acabar en el destrozo del monumento a Cervantes en Norteamérica. No sabemos el mañana, pero el hoy pinta feo, no hay más que ver quiénes nos mandan a su antojo e interés electoral; eso sí, todo lo vivido nos deja ejemplarizantes verdades: El bichito ha ‘corrido’ mucho menos en los países gobernados por mujeres que en aquellos dirigidos por mentes vacías y vientres llenos... No es tiempo de ajustar cuentas, hay que reflotar la condición humana, no nos impongan el miedo y el cuanto peor, mejor (para ellos, siempre para ellos). Al “señor Jota” le queda al menos el consuelo de un poema de Miguel Hernández: “Florecerán los besos sobre las almohadas. Y en torno de los cuerpos elevará la sábana su intensa enredadera nocturna, perfumada. El odio se amortigua detrás de la ventana. Será la garra suave. Dejadme la esperanza”. Así sea, amén.

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