No muere quien quiere, Manolo

20 sep 2020 / 20:58 H.

Hace diez años de tu marcha, una década ya de un vacío irrecuperable y, lo que es peor, de ni una sola sabia palabra con la que enderezar el torpe caminar por la vida de tus amigos, que de conocidos y saludados solías pasar olímpicamente, pero a tus compañeros de vida y taberna los dejabas tiritando con frases que imponían (“Tenemos dos oídos y una boca, para callar el doble de lo que hablamos”) y con miradas que transpiraban comprensión, ternura, benevolencia y, dicho sea también, un hartazgo impropio de tu buen corazón pero justificado en torpes aprendices que se querían comer el mundo en un segundo y de un solo sorbo. Ni te imaginas cuánto ha pasado en esta década, ni cuánto de bien sembraste, aunque Jaén siga siendo la misma, manejada por los mismos y bailando el pasodoble de siempre.

El “señor Jota” recuerda como si fuese ayer aquel 24 de septiembre de 2010, viernes, y de farándula en la Feria de Muestras en Torredonjimeno, cuando la tierra se te hizo leve. Habías despedido en un abrir y cerrar de ojos a tu madre y a tu hermano Pepe, el matemático inconfundible creador de los “Poemas Para-lelos”, y la vida ya no era igual para ti, por mucho que te acompañásemos a la luz de la fragua tabernaria, por todo lo que te dijéramos a sangre y lágrimas hasta en las mismas servilletas de papel en las que nos dedicabas una estrofa de Lorca, un verso de Miguel Hernández o cuando nos mandabas callar si sonaba una canción de Sinatra y no había mayor placer que saborear “la voz” a sorbitos de Bacardí con pepsi y con un Ducados entre los dedos. Era premonitoria tu ‘nerudiana’ ausencia, casi que al “señor Jota” le dio tiempo a aprenderse de carrerilla los “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” con los que fardar en tu presencia y ahora se ha convertido en su ‘Padrenuestro’ diario, que siempre hay que creer en los vivos, pero especialmente en quienes no mueren cuando quieren, sino cuando los olvidamos y con Manuel Nieto Jiménez no pasará nunca semejante sandez. Quizá digan que se exagera contigo, puede que el “señor Jota” se encuentre con alguien que subraye expresamente las diferencias que tú y tu caballo teníais con el mundo o puede incluso que haya, y muchos y lerdos, que te tachen de todo lo que realmente eras, incluso cacareabais, pendenciero y buscabocas, pero son los de siempre, quienes ‘pesebreregalados’ no tienen voz ni voto ni honradez ni conciencia y si mucha falsa labia... Hasta siempre, Manolo, nos encontraremos más temprano que tarde a la orilla de Dios, mismamente donde sus renglones torcidos se hacen surcos de clarividente incomprensión. Hoy, especialmente, echaré de menos tu felicitación de cumpleaños, siempre la primera, siempre la más profunda, la que siempre llegaba al alma. Adiós amigo, te querré siempre.