Nieto y la alegoría de la caverna

A la memoria de Manuel Nieto apela el “señor Jota”

29 sep 2019 / 09:39 H.

Hace una eternidad de tan solo nueve años que el Nieto voló hacia el sueño de los ausentes, un mes de septiembre que de pronto se volvía áspero y crudo por su partida intempestiva y a la vez tan esperada. Corría 2010 y desde entonces esta crónica se vuelve sensiblona y meliflua, tirando a bobalicona, pero da igual, ustedes se lo perdonen al “señor Jota” que usa la memoria de Manuel Nieto, con su expreso permiso concedido y rubricado sin regañadientes, para seguir ajustando cuentas con él mismo y con sus circunstancias, que son tan caprichosas con Jaén y los jiennenses. Es por ello que este fin de mes se vuelve filosófico y casi ausente, rodeado de libros y de música, con Sinatra y los Creedence revoloteando los sentidos mientras recuerda el humo de su eterno Ducados dibujando poesías mundanas en una habitación sin vistas.

Al Nieto, espécimen donde los haya, vivo cantor de silencios y miradas, inclasificable hombre de la calle en armoniosa soledad compartida, le olvidará la memoria que tiende a dejar en la cuneta a los que nos repican la conciencia con las verdades del caballo que siempre le acompañó y nosotros, incipientes aprendices de los mundos de Manolo, nunca vimos, debemos confesarlo. Pero nos daba igual, también al “señor Jota”, con quien tanto compartió este señor de Barbate nacido en Jaén y sempiterno vecino del casco antiguo, marcado, además, por la luz de la noche y sus singulares y sufrientes habitantes y sus gratos encuentros. Quizá la mejor herencia en vida a sus amigos sea la de su ejemplo impenitente: tender la mano y hasta el alma a los desheredados de esta tierra nuestra, tan suya y tan cainita, que olvida con facilidad y vilipendia como ejercicio diario. Si aquí venimos a algo, Manuel Nieto Jiménez nació para hacernos ver la otra realidad que nos circunda y, mismamente, como contaba Platón en el “Mito de la Caverna”, avisaba a quien quisiera escucharle que éramos simples marionetas, a poco que se abría en carnes y dejaba de lado su perpetua pelea con el mundo. En esa hoguera filosófica de Platón aparece un muro que viene a ser ejemplo claro de las artimañas de los que trampean a la vida y a la gente con trucos y engaños escenificado en las sombras que proyecta el fuego, un mundo irreal, alejado de los sentidos y los sentimientos. Solo vemos lo que quieren que veamos, nos advertía una y otra vez Manolo, animándonos a ser nosotros mismos y nunca dejar de luchar y tender la mano sin mirar el qué dirán. “Dios no necesita tus buenas obras, pero tu vecino sí”, lo decía hace muchos años, Martín Lutero, el filósofo que dio un vuelco a la Iglesia y que perfectamente podíamos poner en boca del agnóstico Nieto, al que el “señor Jota” sigue echando de menos una barbaridad, 9 años después.

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