Libertad sin ira, porque hay libertad

Acusábamos a los independentistas de Cataluña de usar el “cuanto peor, mejor” y ahora es el ‘catecismo’ de quienes señalaban >> Jarcha cantaba aquello de “libertad sin ira” en la Transición y ahora todo es odio >> ¿Qué será de nosotros hoy mismo?

24 may 2020 / 10:58 H.

Ni más humanos ni más solidarios ni más reflexivos, que estamos a la que salta y la que salta es siempre ejemplarizante a la enésima potencia de desatino y bochorno. Desescalamos un confinamiento jamás vivido con escenas para nuestra memoria personal y colectiva como la de los aplausos a las ocho de la tarde y ahora nos encaminamos hacia la nueva normalidad con los ojos preñados de odio y rencor. Y es todo de una visceralidad que llama la atención porque no hay tapujos, que los muertos de la covid-19 están en el cuadrilátero político para buscar rédito político y para conquistar electorado político. Sálvese quien quiera, que no todos podrán salvarse ante una sociedad que asiste hastiada a la eterna pelea, a los dos bandos eternos de malos y buenos que tanto daño nos ha hecho, que tanto daño nos hará porque hay libertad, sí, pero mucha ira.

Cantaba Jarcha en la Transición española, vilipendiada siempre por los nuevos actores de la política, ya en el Gobierno y mandando, que había que echar en el olvido el “rencor de las viejas deudas” o “el palo largo y mano dura” y proclamaba en un maravilloso estribillo que se convirtió en bandera de la convivencia democrática y en paz aquello de: “Libertad, libertad,/ sin ira libertad./ Guárdate tu miedo y tu ira/ porque hay libertad/ sin ira libertad/ Y si no la hay sin duda la habrá...” Qué desastre este nuevo tiempo, donde se decía nos iba a servir para valorar lo que tenemos más a mano y no caemos en la cuenta, las pequeñas cosas de la vida enunciaban machaconamente los reportajes de los noticiarios en boca de sesudos especialistas en conducta humana... Lo de ahora, lo que estamos viviendo en este tiempo, es de aúpa, casi tocamos la liguilla de campeones en la ignominia y el esperpento. Hemos sido obedientes y prudentes en el confinamiento y si se nos ocurría sacar los pies del plato, para eso estaban las fuerzas de orden público y algunos “hombres de Harrelson” enfundados en un cinturón con pistola, sin olvidar sus “rayban”, pero lo de ahora es desbocamiento total y absoluto y buscar rédito en votos y carnaza para la jauría propia. Es el odio un sentimiento intrínseco al ser humano, pero canalizar ese odio personal e intransferible hacia el tablero de la política supone un aldabonazo a la conciencia de un rebaño tan hastiado que desconecta de todo, porque todo está mal, se adivina peor incluso. Es la libertad un derecho constitucional y los ciudadanos tenemos derecho a una información veraz, constitucionalmente hablando también; pues bien, ahora, con las “fake news”, las mentiras que queremos creernos por sentimiento y piel, afinidad y cercanía, incluso porque ‘matamos’ por quien nos las dice sin contrastarlas, las redes sociales son el caldo de cultivo para quienes también nuevos en la política quieren hacer saltar el sistema, les da igual lo que se lleven por delante, lo mismo les da en la situación económica a la que nos encaminamos, con rescate de Europa a las puertas y lo que eso conlleva para la libertad de un país. Proclamamos nuestra libertad como algo inalienable, libres para salir y para entrar, para beber y comer, para morirnos incluso de lo que queramos, afecte a quien afecte; la libertad individual por encima de la colectiva y, todo ello, con legítima argumentación democrática. Nos da igual llevar a España a las puertas del enfrentamiento civil cuando no haya comida y pasen las modas de la solidaridad del confinamiento para que facebook de fe entusiasta de lo guais que somos. Ay Dios, los mismos que acusaban a Cataluña del “cuanto peor, mejor”, lo convierten ahora en su catecismo; amén.