Las redes achican a la buena política

Artículo de fin de mes del “señor Jota” con una súplica a los alcaldes para que no hagan política solo con lo que dicen las redes sociales

26 oct 2020 / 11:51 H.

Si la política nacional es un plató de televisión de altos vuelos megalómanos completamente disociado de la realidad, a la política local solo le faltaban las redes sociales para empezar a perder el norte de la propia esencia del servicio público. Todos los alcaldes y alcaldesas y sus concejales son dignos de admirar porque en todo tiempo y, muy especialmente, en estos durísimos meses de pandemia, han dado el callo sin mirar si tienen presupuesto, sin comprobar la mayoría de las veces si había dinero en caja para afrontar los gastos en los que se metían por la urgencia humanitaria. Ahora bien, para el “señor Jota” todo ese cóctel que condensa pasión, prudencia y mucha perserverancia se les está escapando como si el agua quisieran atrapar con las manos y se les desparrama a través de lo dedos. ¿Por qué? No hay nada más que ver cuántos de ellos y de ellas solo gobiernan a golpe de quien más chille en las redes sociales.

Lo decía Aristóteles hace un porrón de años: “Solo hay una forma de evitar las críticas: no hacer nada, no decir nada y no ser nada” y, claro, eso está en pura contradicción con un alcalde o alcaldesa, que se presenta bajo la teoría del buenismo imperante para hacer patria chica y salvar a su pueblo de funestas huestes anteriores. O dicho en políticamente correcto, para que su pueblo crezca bajo su mandato con su indudable buen ojo a corto, medio y largo plazo. Nada de eso parece estar ocurriendo ahora y aunque las generalizaciones son siempre odiosas, al “señor Jota” se le acumulan los ejemplos de alcaldesas y alcaldes que ya dejan de tener proyecto y programa, que ejercen su mandato a golpe de tuits, vídeos de instagram y comentarios de facebook... Pero no de políticos refrendados democráticamente, que quien en un pueblo es valiente y osado, pendenciero y suicida, que los hay y todos los conocemos, decide publicar cosas contra el alcalde/alcaldesa, dándole caña y señalando algo, a veces una tontería, al final hace efecto porque la jauría que no piensa ni quiere pensar le da al ‘me gusta’ en proporciones bíblicas y sucede que ‘ipso facto’ el/la político/a de turno se aviene (que es como decir se acobarda en verbo mundano del “señor Jota”) y triunfa el caradura del pueblo, no la ecuanimidad ni la decencia ni el propio programa político del equipo de Gobierno... La escritora británica Virginia Woolf viene que ni anillo al dedo ante esta situación cada vez más imperante en los pueblos: “Los ojos de otros, nuestras cárceles; sus pensamientos, nuestras jaulas” y es un sentimiento que da pena porque para ser alcaldesa o alcalde hay que tener una hechura muy alabable... Decía el desaparecido creador de Apple, Steve Jobs: “Tu tiempo es limitado, así que no lo desperdicies viviendo la vida de otra persona”. Alcalde, alcaldesa, que no te achanten las redes; sé tú, tienes el respaldo de tu pueblo.

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