Ha muerto Enrique Acisclo Medina, una persona que trasciende incluso su condición de banquero y con letras de oro se hace un hueco en el Olimpo de las personas determinantes para un territorio. Para Jaén, la Jaén que queremos y soñamos, este señor, con su trabajo y su determinación, puso las bases para una nueva realidad, sustentada en los cimientos financieros de una Caja Rural robusta que no filtreó con el ladrillo y permitió en las últimas décadas dar luz a cooperativas faro, comunidades de regantes señeras y emprendimientos de bandera. Con Acisclo, nuestra autoestima se elevó al infinito. El “señor Jota” lo conoció bien, llegaron contemporáneos al viejo Santo Reino y se vigilaron siempre con el rabillo del ojo, tras emerger una amistad inquebrantable, como las que cuenta el Principito; de las de poco a poco.
Con enorme tristeza escribe esta crónica de fin de mes, acostumbrada a buscarle los renglones torcidos a la vida jaenera que algunos nos quieren imponer y hoy, este domingo de octubre con el que se nubla hasta la hora, no hay consuelo en el adiós. No puede haberlo porque él, si acaso, siempre tuvo una mala salud de hierro, cuya fortaleza de espíritu solventaba cualquier esquina de la vida que se le presentara. Menos esta vez, cuando las complicaciones fueron escalando en dimensión y se nos fue un señor que a Jaén tanto bien le dio. Así han sido las loas a su profesionalidad y personalidad, a su saber estar y a su buen hacer, a lidiar con todo lo imaginable económica y financieramente, léase también aquí la inquina del Banco de España. Enrique Acisclo Medina cerró una etapa de cuarenta años en la dirección general de la Caja Rural (1984-2024) con todos los vericuetos de antaño solventados y el músculo económico y social en su máxima potencia. Se iba tranquilo, con la satisfacción del deber cumplido incluso tras la repentina y cruel muerte del presidente José Luis García-Lomas, que supuso un duro mazazo para una entidad sin la que no se entiende Jaén, ni sus pueblos, ni sus ciudades. No hace mucho, en vida, el alter ego del “señor Jota” pedía públicamente una calle para Enrique y, ahora que ha muerto, y no se puede negar a las alharacas y la fanfarria de las que tanto huía, es el momento de que su obra perdure, además de en nuestro corazón, en la memoria de una ciudad y una provincia como la nuestra. Amigo Enrique, no quisiste comida homenaje, ni cena de despedida, aunque fuese de amigos, tampoco fiestas sorpresa, pero con esa misma sonrisa irónica con la que decías que no, que no habías hecho nada para merecerlo, hoy recordamos que hombres como tú son los verdaderamente imprescindibles. Adiós amigo Enrique.
Su visión y su fortaleza fueron el mejor anclaje para una tierra como Jaén.
Se marcha, sí, con aplausos por su obra, pero sin ser reconocido en público.
José Mújica, expresidente Uruguay: “En mi jardín hace décadas que no cultivo el odio porque aprendí que el odio termina estupidizando, porque nos hace perder objetividad frente a las cosas”. ¡España se odia!.
Fran Anera, director general Real Jaén: “Estoy feliz con los 7.000 abonados, pero Jaén tiene potencial de capital de provincia y lucharé por más”. ¡Hala Jaén!
Azahara Navarro, restauradora: “Cada pieza la estudiamos, La documentamos y registramos sus alteraciones para su perfecta restauración”. ¡Joven jiennense en las mismas entrañas del Museo Íbero!.
¿Es cierto que una animadversión soterrada está en el cambio de última hora de una lista que llevaba todas las bendiciones?
¿Qué alcalde se ha quedado descompuesto y sin candidatura cuando la promesa pública era que repetía en la lista?