El otoño vacía la Jaén vaciada

La puntilla para decenas de pueblos y aldeas de la provincia con un puñado de habitantes, será que dicten la muerte del olivar tradicional >> Con el otoño, la Jaén vaciada vuelve a su sino habitual, la vida se esfuma, el invierno se hace largo y duro

06 oct 2019 / 11:45 H.

Hay que vivir intensamente lo que se vive en la Jaén vaciada, rememorando lo que era y que ahora se nos escapa de las manos, porque cuando se haya esfumado será un vago recuerdo del pasado. Lo que un día fue y dejamos que se fuera, la vida que tuvo nuestro interior, entusiasta y vigorosa, y cómo se fue apagando como una vela sedienta de cera. Nada será como antaño, todo se volverá gris y anodino, igual para todos, sin esencia ni raíces, como ciudades dormitorio donde te dejan trabajar y divertirte algo, lo que permita la hipoteca, y mucho menos pensar, de eso nada de nada... El otoño está vaciando de nuevo la ya de por sí Jaén vaciada y cada primavera y cada verano y cada invierno, con sus muertes naturales, deja más escuálidos los patrones de muchos pueblos y aldeas de la provincia. Disfruten lo que puedan, que se nos va.

Se nos va, se nos fue, se nos está yendo del presente y pronto solo habitará en la memoria de los mayores. Es esta crónica del nuevo curso un cántico a la vida que pudo ser y no fue, que vino y se esfumó por mor de la modernidad y la economía. Solo sostienen la vida en estos maravillosos rincones de Jaén ‘Papá’ Estado con sus pensiones y el empecinamiento de sus vecinos, que nacieron aquí y quieren morir aquí; solo hay escenas bucólicas de cómo se sobrevive a la escuálida paga con el huerto junto a la casa, las conservas al baño María y las gallinas y sus huevos y luego su plato de pepitoria. Jaén merece más, especialmente en infraestructuras, nos duele la boca de reclamarlas ahora que el AVE llega a Granada por Antequera y no por el Carretero, pero la realidad es que a mayores y mejores comunicaciones más aislados se quedan los territorios, más pobres serán sus moradores. La puntilla a la vida en estos pueblos y aldeas condenados a la extinción será cuando la espada de Damocles del olivar tradicional atraviese cual daga el pequeño hilo de vida que sostienen las subvenciones comunitarias. Todo está escrito, vengan informes y derroches de papel, pero realmente nadie mueve un dedo por las aldeas.