El amor en los tiempos del ‘covid-19’

Entrega inaudita del “señor Jota” sobre el amor >> Eso sí, pide ‘pitada’ generaliza a holandeses y alemanes cuando los veamos en las playas españolas tostándose al sol >>

29 mar 2020 / 08:57 H.

Dar caña es para el “señor Jota” intrínseco a un personaje que desde hace un lustro se hizo crecer cada fin de mes, a cuentas de nuestras propias miserias y contradicciones, también esas ganas de vivir pese a no estar en ninguna de las rutas de las modernidades. Hoy domingo 29 de marzo, tras dos semanas infinitas de confinamiento generalizado de los españoles por un virus nacido en China, dicen, del armadillo, a lo más que se atreverá es a retarles con algo para este verano, en plan venganza, en plan ‘perdonamos, pero no olvidamos’, y no es otra cosa que tatuarnos con henna bien visible: “Español vivo. Ko covid-19- Gracias Holanda. Gracias Alemania”. Y claro está, que seamos muchos los que paseemos ese mensaje por las playas en las que suelen tostarse tan altivos europeos que nos quieren dejar tirados con el bicho porque dicen que “hubiésemos ahorrado” en su día. “Se viaja no para buscar el destino, sino para huir de donde se parte”, que decía don Miguel de Unamuno y el “señor Jota” se lo aplica a tan repugnantes e insolidarios individuos. Ajustadas cuentas, con decoro, educación y mucha cintura, que es como decir tragando sapos y culebras para no perder la compostura (bravo por el primer ministro de Portugal, Antonio Costa: “Pretender resolver la pandemia en Holanda sin hacer nada en España o Italia es no entender nada”) transitamos ahora por el peliagudo mundo del amor sin fronteras y copia y apela el “señor Jota” a Gabriel García Márquez y una de sus frases espléndidas de la novela “El amor en los tiempos del cólera”, que dice así: “La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos y gracias a ese artilugio logramos sobrellevar el pasado”. Porque si el presente es incómodo, no tendremos otra mejor para decir ‘te quiero’ con más justificación que ahora. Y porque el futuro que nos espera, aunque cada día que pase aumente nuestra intranquilidad y desasosiego, será mejor, sin duda alguna; no vamos a salir indemnes de ésta, de igual forma que nada más que el amor, la cercanía y el cariño podrán atemperar todos nuestros miedos... Aún en estos tiempos de zozobra de una civilización que cae y del propio capitalismo que sucumbe, amén de la distancia impuesta. “Amar no es mirarse el uno al otro; es mirar juntos en la misma dirección”, escribía hace décadas Antoine de Saint-Exupéry, el creador de “El Principito”, la novela corta más fascinante que pueda caer en nuestras manos, al menos en las del “señor Jota”, también entregado desde imberbe a Julio Cortázar: “Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos”. La pandemia nos encontró y lo hace para que nos hagamos más fuertes y de la condición humana broten nuevas semillas en las que el verbo compartir esté preñado de solidaridad en mayúsculas porque como dijo un antiguo cura obrero de los barrios pobres de Buenos Aires: “Digamos juntos desde el corazón: ninguna familia sin vivienda, ningún campesino sin tierra, ningún trabajador sin derechos, ningún pueblo sin soberanía, nigua persona sin dignidad, ningún niño sin infancia, ningún joven sin posibilidades, ningún anciano sin una venerable vejez”, Papa Francisco, Bolivia, 9 de julio de 2015... Fuera como decía Cervantes en boca de Don Quijote: “¡Cuando entres al corazón de un amigo, no importa el lugar que ocupes, lo importante es que nunca salgas de ahí!” o fuese con las palabras de García Márquez: “El amor se hace más grande y noble en la calamidad”, es el momento de la fraternidad entre humanos. Dicho en boca del “señor Jota”: La vida es breve, no la hagamos pequeña”.

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