La adquisición de Deoleo por parte de Dcoop y Acesur, dos compañías andaluzas que unen sus fuerzas para hacerse con uno de los mayores grupos aceiteros del mundo por 520 millones de euros, supone una oportunidad para que el sector oleícola recupere capacidad de decisión sobre una parte fundamental de su negocio y, sobre todo, para que Andalucía aspire a ocupar el lugar que le corresponde también en la comercialización internacional. La noticia resulta trascendental para el presente y el futuro de Jaén, porque, durante décadas, esta provincia ha sido una potencia mundial en la producción de aceite de oliva, pero no siempre ha conseguido transformar ese liderazgo agrícola en poder industrial, comercial y económico. En este sentido, el hecho de que dos empresas andaluzas asuman el control de Deoleo, propietaria de marcas tan reconocidas como Carbonell, Bertolli, Carapelli o Koipe, representa una posibilidad que merece atención. Sin embargo, conviene no confundir una buena oportunidad con una garantía de éxito. La dimensión de un grupo empresarial no asegura por sí sola una mejor remuneración para el agricultor ni una mayor rentabilidad para las explotaciones. Tampoco basta con que las grandes marcas tengan propietarios andaluces si las decisiones estratégicas no repercuten en quienes sostienen el olivar. La concentración empresarial, el posible reparto de activos y las exigencias de competencia constituyen, además, cuestiones que todavía deben resolverse antes del cierre definitivo de la operación. El éxito tendrá que medirse en inversiones, empleo, mercados conquistados y, sobre todo, en mejores perspectivas para quienes viven exclusivamente del olivar.