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Una deuda con el pasado

19-07-2026 / 08:28

Jaén arrastra, desde hace décadas, la paradoja de ser una tierra de contrastes, donde la riqueza que duerme bajo el suelo a menudo choca con la desidia en la superficie. El yacimiento de la Villa Romana del Cortijo de los Robles no es un vestigio arqueológico más, sino el acta de nacimiento de la identidad jiennense. Albergar la almazara más grande conocida en el corazón del Imperio Romano es un orgullo histórico y, ante todo, representa una responsabilidad patrimonial inaplazable que las administraciones públicas deben asumir de forma conjunta y sin fisuras. Hay visos de que, gracias a los fondos europeos, el Ayuntamiento y la Diputación unen sus fuerzas para que así sea.

Los continuos e incontestables hallazgos en la zona, que van desde espectaculares mosaicos hasta complejas estructuras de producción agrícola, demuestran que el idilio de Jaén con el mar de olivos no comenzó hace dos siglos, sino que fue diseñado a gran escala por los hispanorromanos. La villa, datada entre los años 2005 y 2006, era el epicentro de una industria que abastecía de aceite de oliva a la mismísima Roma. Convertir este espacio en el gran Centro de Innovación del Paisaje Olivarero no puede quedarse en una promesa de despacho ni en una foto de campaña. Tiene que ser un proyecto estratégico de ciudad que, además, ahonda en la consolidación del concepto de capitalidad.

La protección y la puesta en valor este yacimiento no significa mirar atrás por mera nostalgia, sino sembrar el futuro económico y turístico de esta tierra. En un momento en el que el oleoturismo y el turismo cultural son motores de desarrollo sostenible, El Cortijo de los Robles tiene el potencial de situar a la capital en los circuitos arqueológicos internacionales. Dejar que los restos se deterioren o ralentizar las inversiones será, ante todo, una negligencia que los jiennenses no se pueden permitir. La historia nos ha otorgado un legado único, por lo que la gestión pública tiene ahora la obligación de estar a la altura de las circunstancias. No esperan menos los ciudadanos.