En el recuerdo quedará para siempre uno de los premiados más ilustres de los últimos tiempos, Luis Berges Roldán, el arquitecto jiennense que, con cien años cumplidos, recogió su galardón el año pasado. En la presente edición son otros profesionales los condecorados, todos con méritos sobrados para ello, lo que pone de manifiesto la importancia de unas distinciones que van mucho más allá del aplauso y que demuestran la importancia de la construcción en el desarrollo y el progreso de la provincia. La entrega de los Palustres de Oro de 2026 dio muestras de la relevancia del sector en el contexto social y económico de Jaén, con especial incidencia en la sostenibilidad y su capacidad para generar empleo, oportunidades y contribuir a la mejora de las infraestructuras y, en definitiva, de la calidad de vida de la ciudadanía. No es fácil la dedicación y el compromiso con un área en la que resulta complicado encontrar mano de obra cualificada, por lo que es importante hacer hincapié en la formación para que no decaiga un sector que tira del carro en medio de casi sesenta y siete millones de olivos. Las empresas están llamadas a invertir en eficiencia energética, en rehabilitación del parque residencial y en el acceso a la vivienda, uno de los principales problemas que tiene la sociedad en general, aunque menos acuciado en Jaén, donde es fundamental la colaboración entre las administraciones y el tejido empresarial. Invertir en obra pública significa, por un lado, avivar la construcción en un tiempo de remontada después de la todavía no olvidada crisis del ladrillo y, por otro, ahondar en la mejora de los servicios de calidad que ofrecen pueblos y ciudades, decisivos para frenar la despoblación.